Argentina ya es campeón de la Copa Mundial de Fútsal de la FIFA Colombia 2016 y las postales se suceden una tras otra. En una aparece Diego Guistozzi, lanzado al cielo por sus propios jugadores, varios de los cuáles fueron sus compañeros cuatro años atrás en Tailandia.

"No en los mejores sueños imaginé algo así a los 38 años y con sólo tres de entrenador", dice Guistozzi a FIFA.com, bañado en agua de los festejos. "¡Estoy como en una nube, ayer estábamos tan lejos de esto! Pero de a poco fuimos sumando gente, ideas... Llegamos a Colombia, ganamos confianza y hoy estamos en el techo del mundo. El logro me saca las palabras".

En otra se ve a Fernando Wilhelm, el más veterano del plantel con 34 años y cuatro Mundiales encima. Recién se entera que es acreedor del Balón de Oro adidas y parece en 'shock'. Pero va, recoge el premio y baja rápido de la tarima, porque debe dar la vuelta y subir otra vez para ser, como capitán, el primero en alzar el trofeo de campeón...

"Todavía no lo creo, es como si no tuviera nada para contar", confiesa Wilhelm a FIFA.com, aún enfundado en la camiseta número 6. "En nota previa me preguntaron cómo iba a festejarlo si ganábamos, pero yo no quería pensar en eso porque era muy difícil. Me cargué tanto de esa idea que cuando acabó el tiempo no supe qué hacer. Todos esto es inmenso, me supera".

Un poco más allá aparece Maximiliano Rescia, quien espera la premiación sentado al lado de brasileño nacionalizado ruso Robinho. "Me dijo que el título es merecido", dice en confidencia a FIFA.com. "¿Por qué lo ganamos? Porque agregamos a la garra y al corazón lo técnico y, sobre todo, lo táctico. Fue clave la llegada de Giustozzi", agrega el pívot de 28 años.

Sensaciones y conclusiones
El propio Giustozzi analiza el 5-4 sobre Rusia, un rival que, cuando el asunto parecía liquidado, le anotó dos goles en 45'' y quedó a tiro del empate con 19'' por jugar. "Ellos apostaron a lo físico y lo individual, pero los superamos desde lo colectivo. Teníamos controlado hasta que la ansiedad jugó su papel en los dos. El final fue producto de nuestros nervios".

Rescia es más visceral que su entrenador. "Cuando hicieron el cuarto, miré al tablero y vi que aún quedaban diecinueve segundos, se me vino el mundo abajo. Pero me concentré porque sabía que sólo eso me separaba de la gloria".

Wilhelm sigue un camino racional. "Es una muestra de lo que es este deporte puede pasar de todo hasta que el reloj llega a cero. Es más, si el último rebote sale para adentro en lugar para afuera, capaz teníamos que volver a empezar. Se puede decir que tuvimos algo se suerte, pero la supimos acompañar como muchísimo trabajo".

¿Y ahora? "Recién lo hablaba con (Pablo) Taborda y (Leandro) Cuzzolino, con quienes la venimos remando desde hace 10 años, ahora podríamos retirarnos tranquilos. Pero con el correr de los días vamos a tomar dimensión de todo esto y sin dudas encontraremos nuevos objetivos y metas para seguir adelante".

Wilhelm reconoce que el exitismo puede ser peligroso. "Los resultados en el deporte son muy tiranos. En lo particular, no necesitaba del título para estar orgulloso de este equipo, lo estaba desde que llegamos a Colombia. En lo general, espero que todo el fútsal argentino se beneficie de esto, es el momento para crecer".

Pese a lo reciente y gigante del logro, Giustozzi no deja que el árbol le tape el bosque. "El impacto para nosotros es grande, pero es muy mayor para aquellos la pelean con más dificultades en el fútsal. Acá hay mucha gente que desde el anonimato y el amateurismo estaba esperando este mensaje  de que realmente se podía. Y se pudo nomás".