El argentino Cristian Borruto es uno de esos jugadores capaces de trabar el balón con la cabeza, pero también de tirar un sombrero en plena semifinal de una Copa Mundial de Fútsal de la FIFA para anotar un gol clave en una victoria histórica. Portugal puede dar fe de ambas cosas.

"Yo aprendí a jugar así en Dock Sud, el barrio donde nací y me creí", dice el ala de 29 años a FIFA.com. "El 'Doque' era un lugar difícil, con necesidades, pero cualquiera tiraba una pelota en la calle y todos salíamos a patear, sea por plata, por el asado o por el orgullo. Si lo pienso bien, a mi la pelota sacó de una situación que podría haber sido complicada".

Su historia está llena de momentos duros. "Casi que no conocí a mi papá porque murió cuando yo era chico, y me criaron mis hermanas mayores. Pero éramos once y tuve que trabajar desde chico. Mi último trabajo antes de dedicarme al fútsal fue rectificar motores en un taller del barrio".

Su realidad empezó a cambiar el día que se probó y quedó en el equipo de fútsal de Independiente de Avellaneda. "Trabajaba de día y entrenaba de noche. Al poco tiempo me vieron de la selección, y un año después me fui al Nápoles de Italia. Ya llevo nueve años allá. No sé como hubiera terminado si eso no se daba", resume el actual futbolista del Pescara.

Borruto nunca se olvidó de los amigos del barrio. Ni cuando jugó su primer Mundial en Brasil 2008 o ahora que es está a un partido de la gloria. "Sigo en contacto con cinco de ellos, uno de los cuáles no tuvo tanta suerte y está preso. Todos me felicitan por haber salido adelante".

Pero no imagine lágrimas en sus ojos all hablar. "No soy de llorar ni de emocionarme mucho. Al contrario, soy bastante duro", confiesa. Y aún así, el ser finalista de Colombia 2016 le tocó una fibra íntima. "Es un sentimiento único, una locura. Lo soñábamos todos, pero la realidad es mejor".

Enseñanzas varias
Borruto marcó el camino en el 5-2 sobre Portugal al anotar un gol de potrero, con sombrero incluido. "Oí que el arquero gritó 'mía', imaginé que lo tenía pegado a mi espalda y por eso levanté la pelota. Creo que fue lindo porque me lo dijeron un par de personas", dice Titi, quien que alcanzó a Carlos Sánchez como el máximo artillero argentino en la competición con nueve tantos.

Más allá del posterior empate portugués, Borruto admite que su gol ayudó a aflojar las piernas. "Era normal la tensión en un partido así, por lo que estaba en juego contra un equipo con el mejor jugador del mundo. Y si bien sufrimos un poco, yo esperaba un resultado más apretado".

Casado con Camila y papá de León (4 años) y Lola (3 meses), Titi no tiene modelos a seguir en el fútsal. "Con suerte si sé a qué hora entreno", dicen con una sonrisa franca. "Cada dos por tres tengo que preguntarle a Pablo (Taborda), mi compañero de habitación. Bajo 10 minutos antes y listo. A mí lo único que me importa es la pelota".

Borruto sabe que algún día volverá a su país. "A Argentina no la cambio por nada del mundo", dice, pero ahora sólo piensa en Rusia. "Un rival fuertísimo. Enfrenté a varios con el Montesilvano durante la Copa de la UEFA y tienen una potencia única".

Para pelearle el partido a los rusos, Borruto afirma que Argentina deberá "hacer lo mismo que nos trajo hasta aquí". Y aplicar además una enseñanza que le dejó el barrio. "Pelear cada pelota como si fuera la última de la vida".