La precisión que mostró el italiano Rodolfo Fortino ante Guatemala no fue en absoluto fría e indiferente, pero sin duda hizo honor a su apodo: Robocop.

“No sé exactamente cómo surgió”, dice a FIFA.com después de llegar a Bucaramanga para disputar el último partido de su selección en la liguilla, frente a Vietnam, “pero creo que fue en una entrevista, cuando uno de mis compañeros, Lima, me llamó así: ‘Robocop”.

Esa referencia al cíborg cinematográfico no pretendió en modo alguno ofender al pívot, nacido en São Paulo. “A mí me encanta”, insiste. “¡Lo uso en mi página de Facebook!”. Y hasta ahí llega, sin pretender insinuar que su juego carezca de pasión. Aunque su tercera diana contra los centroamericanos, con la que completó su primera tripleta en un Mundial y superó las 50 con los colores de Italia, pareció guiada por láser.

Una cosa es segura: el estilo de Fortino es de todo menos robótico y predecible. Combina velocidad y cualidades atléticas con la capacidad de marcar con ambas piernas. Y otra característica suya es lo bien que encaja en el plantel, algo que atribuye a su propia personalidad, que se amolda perfectamente a la mentalidad italiana. Eso ya forma parte de él desde su llegada al país, en 2007.

“Ahora considero a Italia mi primera casa, no sólo un segundo hogar”, afirma, después de pasar su primera temporada lejos de la nación mediterránea —en el Sporting de Lisboa portugués— desde su llegada. “Son culturas totalmente distintas. Los brasileños son muy abiertos, siempre con ganas de fiesta, mientras que en Italia la gente es más retraída, ¡quizás por el frío!”, opina.

“A mí la transición me resultó bastante fácil, porque soy algo tímido, tengo un carácter un poco más introvertido, reservado. Pero he visto a muchas personas que han tenido más problemas con el cambio”, explica riéndose, señalando a otro integrante de los Azzurri que está al otro lado del vestíbulo del hotel, “como Honorio [Humberto, otro paulista], por ejemplo”.

Esos rasgos culturales también se manifiestan en el fútsal. “Tal y como yo lo veo, las dos culturas se reflejan en la pista. En Italia la gente es un poco más centrada, mientras que en Brasil había fiestas todo el tiempo, con música, incluso antes de los partidos”.

Peldaño a peldaño
Ahora, a sus 33 años, recuerda que hubo un momento en el que él únicamente tenía esa manera de enfocar el juego. Como tantos otros muchachos de São Paulo, siempre que no estaba en la escuela pasaba todo el tiempo dentro de la cancha. Y tuvo que abrirse paso, etapa a etapa, en el competitivo mundo del fútbol amateur brasileño.

Su madre, empleada de banca, y su padre, dentista, estaban muy ocupados con sus respectivos trabajos, y aceptaron de buen grado que emprendiese una carrera deportiva, aunque no antes de terminar los estudios, por supuesto. Así, se embarcó en un trayecto que lo condujo al otro lado del Atlántico, hasta Italia.

Después de exhibir su calidad en las pistas de su barrio, Fortino fichó por un equipo de São Paulo recién constituido, y luego representó a su estado en torneos de fútsal de ámbito nacional, antes de cruzarse con hombres como Leandrinho y Marinho, entonces internacionales brasileños. “Aprendí muchísimo de ellos. Analizar todos los movimientos que hacían me resultó muy útil para llegar a este punto de mi carrera”.

Y otro jugador con el que coincidió también tuvo una gran influencia sobre él: Rogerio Santana, guardameta con el que compartió vestuario en el Santa Fe de São Paulo. Santana habló del talento de Fortino en el Augusto, un equipo siciliano, y eso fue decisivo para que dejase el país sudamericano, apasionado por el fútbol, y pusiese rumbo a la tierra del calcio. Desde entonces ha logrado, con el combinado italiano, el tercer puesto y la Bota de Plata adidas de Tailandia 2012 y un título de la Eurocopa de Fútsal, el de 2014.

Ahora, antes de medirse con Vietnam, ya tiene asegurada su presencia en octavos de final de Colombia 2016. Y, además de la exigencia que siempre supone competir con los Azzurri, la oportunidad de evitar al país organizador será un incentivo más para Fortino, que se fija como meta mejorar el desempeño de su último Mundial.

“Tienen el apoyo del público”, concluye Fortino, “así que no podemos levantar ahora el pie del acelerador y arriesgarnos a jugar contra ellos”. Una cosa es común en las culturas italianas y brasileñas: no contemplan otra cosa que no sea jugar para ganar.