La sensación general en el Coliseo Bicentenario de Bucaramanga era de incredulidad. Nadie daba crédito a lo que acababa de suceder en el parqué: Brasil e Irán habían protagonizado un vibrante empate a cuatro, resuelto en los lanzamientos desde los seis metros. Nadie podía creer que los eliminados fueran los brasileños. Y, sobre todo, nadie podía creer que Falcão acababa de escribir su último capítulo con la Seleção.

Se suponía que iba a ser distinto. El guión decía claramente que los aficionados iban a disfrutar al menos dos horas más de la magia de Falcão en la Copa Mundial de Fútsal de la FIFA Colombia 2016. Sin embargo, y de manera espectacular, Irán dio un giro inesperado a la historia en medio de la tensión de una noche que los presentes en el pabellón nunca olvidarán.

La euforia se desató entre los hombres de rojo, conscientes de la importancia del penal transformado por Ahmad Esmaeilpour, así como del adiós de la leyenda brasileña, que había anotado previamente su lanzamiento en la fatídica tanda. Todos los iraníes se acercaron a Falcão para despedirse de él y acabaron manteándolo, en homenaje a una carrera que deja una huella imborrable en el fútsal.

Pese a anotar tres de los cuatro goles de Brasil, y demostrar una vez más que su talento permanece intacto, la derrota siempre escuece a un campeón. “Me alegro mucho de terminar mi carrera con una tripleta, pero por desgracia, no ha servido para nada”, decía a FIFA.com mientras subía al autobús, donde le esperaban, desolados, sus compañeros.

“Son goles que, en realidad, no han servido para nada. Sólo para aumentar mi récord. Si pudiera cambiar todo lo que he hecho en este torneo, incluidos los goles, por ser campeón del mundo, lo haría sin dudar”.

Falcão se convirtió en el máximo anotador de todos los tiempos en la Copa Mundial de Fútsal en el último partido de la liguilla, frente a Mozambique. Finalmente, el ala brasileño dejó su marca en 48 tantos y 34 partidos en la prueba reina, acumulados en un total de cinco ediciones, algo que nadie había logrado hasta la fecha. Y, si bien le ha faltado añadir un último momento de gloria a su leyenda, su legado quedará para siempre.

Un hombre universal
“Incluso con este resultado, me siento muy orgulloso, porque al poner punto final a mi carrera, sé que me recordarán como un jugador muy importante en la historia del fútsal”, reconocía, aún con los ojos enrojecidos por la emoción. “He sido campeón del mundo dos veces, y me honra muchísimo comprobar la imagen que tienen de mí los aficionados y todo lo que he conseguido. Esto es lo más importante para mí”.

Después de responder a infinidad de preguntas, posar para todas las cámaras y compartir un instante con todo aquel que se lo pidió, es evidente que el brasileño se retira como un icono para la gente. Sergio, su seleccionador, también lo cree así. “La figura de Falcão ha sido y será inmensa, no sólo para el combinado nacional, sino para el mundo entero”, aseguró a FIFA.com.

“Su influencia es descomunal, pero éste es el fin de su etapa con la selección. Y no va a jugar la final, lo cual es histórico, porque es la primera vez que no llegamos siquiera a semifinales”.

La decepción del técnico era manifiesta después de que Irán les empatara en dos ocasiones y de que la suerte les diera la espalda en la tanda de penales. “Fue nuestro mejor partido del torneo, pero perdimos en penales”, dijo con sinceridad. “Tuvimos la mala fortuna de que el lanzamiento de Ari se estrellara en el palo, pero hay que mirar hacia adelante. Así es la vida”.

Falcão, por su parte, fue muy honesto al analizar su último partido en una Copa Mundial de Fútsal. “Sabía que iba a ser un choque difícil. Antes del Mundial, la gente decía en Brasil que tanto nosotros como Irán estábamos entre los favoritos al título. Pero nos tocó vernos las caras en octavos y míranos, nos vamos de Colombia por penales”.

Sin duda, el más dramático de los giros puso fin a una historia que el fútsal tardará en olvidar.