Camino de los vestuarios, los jugadores aprietan las mandíbulas, cabizbajos, pero no se niegan a hablar. Irán asume sus responsabilidades, a pesar de la inmensa decepción sufrida. Lo vimos a través de Mahdi Javid, uno de los hombres más destacados del gran torneo realizado por el conjunto asiático.

“Es la mayor frustración de mi carrera, con diferencia”, señala tras la derrota sufrida por el Team Melli ante Rusia en semifinales de la Copa Mundial de Fútsal de la FIFA Colombia 2016 (4-3). Javid ya quiere pensar en otra cosa, pero se reconforta con la satisfacción de haber alcanzado el objetivo que se fijaban al principio: darlo todo dentro de la pista.

“Antes del partido, nos habíamos propuesto entregarnos al máximo, así de sencillo. Fue una decisión que tomamos. Y no hicimos otra cosa, pero se decidió en los pequeños detalles, y la balanza no se inclinó a nuestro favor”, musita. Pudo verse, por ejemplo, en la triple ocasión de los iraníes al principio del segundo tiempo, antes del segundo gol ruso. “Todos han visto que estábamos al nivel de Rusia”, responde Javid.

Los campeones de Asia no tuvieron el monopolio del balón ni dispusieron de grandes ocasiones en el primer periodo, pero resistieron mejor que nadie frente a la potencia de fuego de los rusos, y especialmente ante los envites de Éder Lima. Medellín pudo disfrutar de un gran espectáculo, que supuso una magnífica promoción para el fútsal: dos primeros goles de altos vuelos, una maquinaria perfectamente engrasada en ambas selecciones y tensión.

Los iraníes ya estaban acostumbrados a este tipo de escenario, que habían vivido en sus encuentros anteriores. “Es una de las facetas del fútsal, y en parte por eso me encanta este deporte”, insiste, aunque su historia no haya tenido un final feliz.

Sentido de la solidaridad
“Voy a dormir bien, porque lo di todo. Lo único que podría impedirnos conciliar el sueño es tener algo que reprocharnos, y no hay nada”, continúa el jugador, que recibió un beso en la frente de su seleccionador, Seyed Nazemalsharieh, antes de afrontar los seis últimos minutos fatídicos.

“Es un gesto normal en nuestra cultura, y representa mucho manifestarlo dentro de la cancha. Quiso demostrar su confianza en mí y desearme suerte”, explica.

Y ya sabemos quién fue entonces el autor del último gol iraní, a once segundos del final. “Por desgracia, llegó demasiado tarde”, añade, insistiendo en las cualidades de Rusia y el espíritu de equipo de los suyos.

Los iraníes lo desplegaron hasta el final. Y los espectadores recompensaron con aplausos las distintas exhibiciones colectivas de valentía y unidad, como cuando formaron un círculo unos minutos después del pitido final.

“Somos una familia, incluso en la derrota. Es en la adversidad donde hay que mostrarse unidos. Ahí es donde cobra más valor, aunque no pudiésemos hacer realidad nuestro sueño último”, concluye, como buen perdedor, preparándose para recuperar ahora energías y poder terminar a lo grande el partido por el tercer puesto, que tanto querían evitar.