Rovshan Huseynli nos habla con total serenidad, como si nada hubiese pasado. Sin embargo, unos minutos antes, las lágrimas corrían abundantemente por sus mejillas. “No pude retenerlas. El momento era demasiado intenso. Nunca había marcado un gol y, en ese momento, comprendí que la victoria estaba conseguida, pero ya hay que prepararse para nuestro próximo compromiso”, señala el guardameta azerí en caliente, tras el histórico triunfo de Azerbaiyán contra Tailandia en los octavos de final de Colombia 2016 (13-8 tras la prórroga)

Ese próximo encuentro, no obstante, deberá seguirlo desde la grada por acumulación de tarjetas amarillas. “Estaba dividido entre una alegría indescriptible y una enorme tristeza por no poder defender mis colores contra Portugal”, confiesa, aún exhausto por el esfuerzo realizado.

Y eso que el arranque del encuentro, con dos goles de ventaja y el dominio del balón, parecía augurar un triunfo cómodo… Pero Tailandia despertó y remontó hasta poner el marcador 6-4.

“Yo estaba tenso, pero también seguía confiando en nuestra capacidad para llevarnos la victoria. El que los tailandeses volviesen a meterse en el partido casi nos dio más fuerzas. Nuestra concentración se redobló”, asegura el portero del Araz Naxcivan MFK.

Y el nerviosismo también se duplicó, a la vista de los tensos intercambios verbales entre los jugadores azeríes… “Forma parte del juego. Cada jugador tiene su carácter, y no siempre nos andamos con delicadezas a la hora de hablarnos”, precisa Huseynli, en referencia a su caliente rifirrafe con Fineo.

A la espera de los comentarios paternos
Sus manos también se calentaron lo suyo durante 50 minutos, ante las constantes embestidas de unos tailandeses que, entre otras cosas, fallaron por dos veces la conversión de un segundo penal.

“Ya estoy esperando los comentarios de mi padre, que ha seguido el encuentro segundo a segundo, como si estuviese aquí. Él también fue portero, y me imagino que tendremos una conversación agradable”, indica el jugador de 25 años, tan tranquilo fuera de la cancha como parece estarlo dentro. Pero no hay que fiarse de las apariencias… “Mi corazón latía muy deprisa. En realidad, hervía por dentro, pero una de las funciones de un portero consiste en transmitir confianza y calma”, recalca.

En su primera participación en una Copa Mundial de Fútsal de la FIFA, Azerbaiyán ya tiene en el bolsillo el pase a cuartos de final. Sin embargo, es evidente que hace falta mucho más para hacer perder su impasibilidad a Huseynli. “Es uno de los momentos más grandiosos de mi carrera, pero ya he vivido otros y, sobre todo, quiero seguir viviendo más en el futuro. Ante todo, la cosa no debe quedarse ahí”, concluye, mientras piensa ya en los consejos que dará a su sustituto, quien deberá contrarrestar a Portugal… y a un tal Ricardinho.