“No creo que tenga el perfil para jugar en el Barça, y mucho menos por ese precio. Ojalá que [los directivos del club] lo piensen bien. Y si van a hacer un desembolso así, que sea por alguien que merezca la pena”. Así opinaba en julio de 2014 Rafael Márquez, cuyo peso en el FC Barcelona es indudable, ya que en sus filas conquistó 2 Ligas de Campeones de la UEFA y 4 ligas españolas (entre otros títulos) entre 2003 y 2010. Se refería al inminente fichaje por el conjunto blaugrana de Jérémy Mathieu, con casi 31 años y por 20 millones de euros…

Si a esas declaraciones del ilustre defensa mexicano le añadimos las duras críticas con las que recibieron la contratación de Mathieu un amplio sector de la afición y la prensa locales, el zaguero francés no debió de sentirse precisamente bienvenido… El jugador procedente del Valencia fue encajando los golpes sin decir nada; incluso cuando, al salir de un entrenamiento, un hincha le increpó tras un 0-0 contra el Málaga, echándole en cara los 200 euros que había perdido por apostar por el triunfo barcelonista… ¡y Mathieu ni siquiera había sido convocado!

El francés respondió de otra forma: contribuyendo a la excepcional campaña del cuadro catalán que se vio recompensada con la Liga, la Copa del Rey, la Liga de Campeones y la Supercopa de Europa. Y en diciembre puso la guinda, conquistando la Copa Mundial de Clubes de la FIFA en Japón. “¡Así de golpe, la cosa avanza deprisa!”, admite cuando FIFA.com le hace ver que su palmarés ha crecido al mismo ritmo que su popularidad en la Ciudad Condal. “No me esperaba esto al llegar, pero vine a Barcelona también para eso. Este año, hemos logrado prácticamente el pleno, y estoy muy feliz por formar parte de este equipo”.

Dejar huella
Un equipo que, al igual que sus antecesores entrenados por Pep Guardiola o Johan Cruyff, se ha hecho un sitio en la rica historia del club barcelonés no sólo llenando la vitrina de trofeos, sino también haciéndolo de una forma que cautiva al mundo entero. “Lo importante es dejar huella y entrar en la historia del club”, considera Mathieu, formado como interior izquierdo y que, tras mucho tiempo siendo utilizado como lateral, vio cómo, en 2013, Ernesto Valverde lo reubicaba en el eje de la defensa con el Valencia. “Y este equipo está consiguiéndolo. Nos iremos dando cuenta poco a poco y tal vez, cuando pasen los años, volveremos a hablar de ello. Ahora nos cuesta ser conscientes de que estamos haciendo algo histórico”.

Y a Mathieu quizá más que a otros, dado que su trayectoria lo ha llevado, con sólo dos etapas intermedias –el Toulouse y el Valencia– del modesto FC Sochaux al gran Barça. “Cuando vi a ese jugador alto, rápido, vivo, zurdo y que iba bien de cabeza, me dije: ‘Si con todo eso, no puedes jugar como profesional…’”, recuerda su primer entrenador, Guy Lacombe, que lo hizo debutar en primera división con 18 años en el Sochaux. “Pero era muy introvertido. Hubo que abrirle a los demás”. “Es un chico humilde, muy sencillo, al que aprecio mucho”, apostilla Alain Casanova, quien lo entrenó en el Toulouse. “Sus cualidades ya las conocíamos; sabíamos lo que podía aportar en ataque. Ha mejorado mucho en defensa, y mira dónde ha llegado…”

Mathieu, que sigue siendo igual de discreto 14 años después de su debut, ha progresado en todos los aspectos, hasta el punto de recibir el brazalete de capitán en el Valencia, y de sentirse totalmente a gusto en la pléyade de estrellas del vestuario barcelonista. “En los entrenamientos todo es disfrute, bromas, buen rollo”, asegura el zurdo para describir su alegría cotidiana. “Los jugadores de este equipo siguen teniendo hambre de nuevos retos; llevan el instinto ganador en la sangre. Yo también he querido ganar siempre. He pasado por clubes donde era más complicado ganar títulos; pero he ido haciendo mi carrera poco a poco, progresivamente. He llegado al Barcelona a una edad avanzada. Es el fruto de mi trabajo, y pienso que estos títulos son merecidos. Disfrutamos, eso es lo esencial; y los títulos llegan al mismo tiempo que el disfrute. ¿Qué más se puede pedir?”

Sólo una conversación
Con la camiseta blaugrana, no mucho más… Atrás quedaron las críticas de los que, hoy, lo ovacionan en cada acción decisiva, como su gol en el Clásico contra el Real Madrid en marzo de 2015. Ahora falta convencer a Didier Deschamps para que lleve a la Eurocopa 2016 al francés más laureado del año. Pero aunque considera que merece que le den una oportunidad, bajo ningún concepto discutirá las decisiones de su seleccionador.

“Hablé después del Clásico, y un periodista dijo que reivindicaba un puesto en la selección de Francia. ¡Pero yo en ningún momento dije eso!”, recuerda tajantemente. “Simplemente pedí una explicación. Didier Deschamps no tiene a 50 jugadores que jueguen en el Barcelona, el equipo que lo ha ganado todo. Por eso simplemente quiero una conversación, una explicación; nada más. Si me llama y me dice que soy malo, o que debería jugar un poco más, lo entendería. Simplemente pido eso, nada más. Nunca he reivindicado nada. Si no tengo mi puesto, no hay ningún problema. Desde los 17 años, siempre he respetado las decisiones de mis entrenadores; y no he cambiado”.

Mathieu no cambia, es cierto. Su especialidad consiste más bien en hacer cambiar de opinión a los que dudan de él.