Cuando se piensa en Transilvania, es difícil sustraerse al hechizo de las historias de vampiros que se han prodigado en la literatura y el folclore. Sin embargo, si el CFR Cluj continúa por el camino que lleva, la legendaria región rumana podría convertirse en escenario de un cuento no menos fantástico que la novela gótica de Bram Stoker.

Y todo porque el apenas conocido club de Cluj-Napoca, la ciudad más grande de Transilvania, está cerca de terminar con el acendrado monopolio de Bucarest sobre el título de liga. El campeonato de Rumania está siendo acaparado desde hace tiempo por el dúo dominante de la metrópoli: el Steaua, que se ha alzado con el trofeo 23 veces; y el Dinamo, que lo ha levantado en 18 y ha conquistado la plata otras 20. Si a esta ecuación se añade la tercera fuerza de la capital, el Rapid, el balance de campeonatos y subcampeonatos de la ciudad asciende nada menos que a 88.

Casi tan arraigada como la supremacía del trío de Bucarest era la noción de que, si había alguien fuera de la capital capaz de romper ese oligopolio centralista, era el Universitatea Craiova, campeón en 1991 y 1981, y el único equipo que ha conseguido arrancar el título de Bucarest en los últimos 27 años. Los acontecimientos, sin embargo, podrían dar un giro esta temporada: el CFR Cluj, luego de fuertes inversiones, lidera actualmente una carrera en la que el Rapid, su perseguidor más cercano, se encuentra a cinco puntos al cabo de 19 partidos disputados de los 34 que componen la temporada.

De hecho, el CFR que entrena Ioan Andone sólo rindió su largo récord de imbatibilidad en el último encuentro antes de la pausa invernal rumana, apenas unas semanas después de convertirse en el primer combinado de provincias en 48 años que había alcanzado el ecuador de la campaña sin conocer la derrota. El Steagul Rosu Brasov logró ese hito en la temporada 1959/60, y aunque al final el título le fuera arrebatado por el CCA de Bucarest, que así era como se llamaba el Steaua entonces, el CFR confía en que en esta ocasión el desenlace será distinto.

El Steaua, en efecto, está ocho puntos por debajo, en el cuarto puesto, y el vigente campeón, el Dinamo, se halla seis puntos más lejos, en el sexto, lo que deja la vía expedita para que los nuevos pretendientes avancen sin trabas rumbo a un triunfo histórico.

Una historia accidentada
El CFR Cluj, que celebró su centenario el año pasado, no es ningún advenedizo del fútbol rumano, pero desde que ganó el título regional transilvano en su tercer año de existencia, ha tenido que soportar décadas de anonimato.

Si se descartan los dos últimos años, de hecho, el cénit de su intrascendente órbita acaeció en 1972, cuando quedó quinto en la competición nacional. Tardó 35 años en eclipsar ese destello, la mayor parte de los cuales languideció en la segunda división. Hubo que esperar hasta el año 2002 para presenciar el punto de inflexión en la evolución del CFR, que se produjo con la llegada del patrocinador financiero Arpad Paszkany.

A la sazón, el club llevaba 27 años entrampado en la Divizia B de Rumania, e hizo falta una considerable inversión en nuevos jugadores en el verano de 2003 para propiciar el ansiado regreso a primera. Los jubilosos seguidores que celebraron el ascenso ni se imaginaban entonces que ése era sólo el comienzo.

En su primer año en la elite, el CFR cerró el curso en un anodino 11º puesto, evitando holgadamente el descenso pero sin amenazar ni de lejos a los gigantes de Bucarest. En el siguiente ejercicio, sin embargo, se reservó una plaza en la Copa Intertoto de la UEFA. Con el ex internacional rumano Dorinel Munteanu en el papel de jugador-entrenador, el conjunto transilvano anunció su advenimiento como una fuerza a tener en cuenta, eliminando a combinados de la talla del Athletic de Bilbao y el St. Etienne de camino a la final.

Los rumanos tropezaron en ese último obstáculo, porque el Lens resultó demasiado fuerte a dos mangas, y sin embargo la confianza que ganaron en su sobresaliente campaña continental les sirvió de trampolín para encaramarse entre los cinco primeros de la liga nacional por primera vez en más de tres décadas. Con todo y con eso, Munteanu se despidió. Además del cambio de estratega, durante la temporada pasada se realizaron nuevas inversiones y nuevos progresos: el CFR, poblado ahora de futbolistas de Europa occidental y Sudamérica, hizo historia al concluir tercero.

No obstante, la conquista de nuevas cumbres no ha logrado saciar la sed de este ambicioso club transilvano, que ha optado una vez más por recurrir al talonario, llegando a pagar millones de euros por los argentinos Sebastián Dubarbier, Sixto Peralta y Diego Ruiz, y más recientemente por Lars Hirschfeld y Mikael Dorsin, ambos protagonistas del Roseborg en la Liga de Campeones de la UEFA.

Estos fichajes han elevado el número del ya nutrido grupo de extranjeros a 22, con la esperanza de que sea el CFR quien compita en la máxima competición europea la próxima temporada. Ya están en marcha planes para doblar la capacidad del estadio. Con el título de la primera división al alcance de la mano por primera vez en la historia del club, este cuento transilvano tiene visos de materializarse después de todo.