Se terminó el misterio. La Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANPF) de Chile anunció oficialmente al argentino Claudio Borghi como reemplazante de su compatriota Marcelo Bielsa al frente de La Roja, que se prepara para afrontar la inminente Copa América 2011 y las eliminatorias para la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014.

“¿Es XL o no?”, bromeó el argentino al recibir el buzo de entrenador de manos de Sergio Jadue, Presidente de la ANFP. Fiel a su estilo, fueron sus primeras declaraciones en el cargo. Después sí, pasó a explicar sus sensaciones: “Este es el desafío más grande que he tenido en la vida, pero como entrenador ya he vivido estas cosas. Espero ser digno de dirigir a la selección nacional. Vamos a hacer el esfuerzo para que las cosas salgan lo mejor posible”, agregó.

El argentino, de 46 años, forjó una exitosa carrera como entrenador en el fútbol chileno al mando de Colo Colo, luego de dirigir por tres años al Audax Italiano. Con el Cacique, al que condujo entre los años 2006 y 2008, Borghi conquistó un tetracampeonato inédito y alcanzó la final de la Copa Sudamericana. De allí que en su estadía, el equipo de Santiago fuera el que más futbolistas aportara a la selección que por entonces ya conducía Marcelo Bielsa. “Los resultados de Marcelo fueron muy buenos, pero siempre, después de que a alguien le vaya bien o mal, tiene que venir otro. Nosotros nos sentimos capaces, y esperamos aprovechar lo bueno que dejó Bielsa”, se entusiasmó.

Borghi, que debutará el próximo 26 de marzo en un encuentro amistoso frente a Portugal, asume al frente de Chile para disputar la Copa América y las eliminatorias mundialistas, aunque aclaró que una vez finalizado el certamen clasificatorio existirá la posibilidad de  “seguir el contrato ahí o terminar, según los objetivos”. Y adelantó que pondrá manos a la obra a la brevedad para construir una selección “que enorgullezca a todos los chilenos”.

“Tengo el teléfono de todos los jugadores, pero no quise llamarlos antes para no influir en sus declaraciones. Ahora sí, empezaré a contactarlos para saber sobre su disposición y presentarme con aquellos que no conozco personalmente”, completó.

Un hombre diferente
Fuera del ámbito sudamericano, el nombre de Claudio Borghi podría sorprender a más de uno. No obstante, basta apenas un breve repaso a su carrera para saber que se está ante una verdadera eminencia del deporte rey: a fuerza de talento, este ex volante creativo no sólo vistió las camisetas de equipos como AC Milán, Flamengo y River Plate, sino que supo ser considerado, en su época, como el potencial sucesor de Diego Maradona.

Debutó en Argentinos Juniors, al que lideró en una inolvidable final Intercontinental frente a Juventus en 1985. “Si hubiese jugado diez partidos como ese en Japón, Borghi era otro Maradona”, manifestaría luego Michel Platini, quien lo padeciera en aquel duelo decisivo que terminó con un triunfo para los italianos en la definición por penales. Un año más tarde, Borghi formaba parte del plantel argentino que consiguió la Copa Mundial de la FIFA en México.

“Siempre fui un bicho raro, nunca hago lo que la gente espera que haga”, aclara el argentino. Y vaya si lo fue: dentro de la cancha, en un clásico Colo Colo-U de Chile, llegó a fallar el rebote de un penal por patearlo… ¡de rabona! (una de sus especialidades). Y fuera del terreno también guarda sus particularidades. Es famoso tanto por sus declaraciones, siempre originales y sinceras, como por su pánico a los aviones, lo que lo obliga a trasladarse siempre en su inseparable automóvil.

A los 46 años, tras dirigir a Independiente de Avellaneda, Boca Juniors y entregarle a Argentinos Juniors su primer título en 25 años, se autodefine maduro y preparado para asumir el desafío de comandar un seleccionado absoluto. Le toca en Chile, el país en que vivió 13 años y donde aún habita su familia a pesar de sus numerosas excursiones en el fútbol argentino. “Me siento cincuenta por ciento argentino y cincuenta por ciento chileno”, manifestó en una entrevista a la revista El Gráfico hace ya tres años. Hoy, seguramente, la balanza esté volcada hacia un lado de la cordillera.