Hasta llegar a la élite del fútbol brasileño, como uno de los puntos positivos en la reconstrucción del Palmeiras, el joven centrocampista ofensivo Patrick Martins Vieira tuvo que superar una serie de pruebas, y las consiguientes y obligatorias adaptaciones, para seguir adelante. Desde una infancia difícil en Río de Janeiro, con un ambiente marcado por la violencia del tráfico de drogas que costó la vida a su padre y a amigos suyos, hasta la mudanza precoz a São Paulo, lejos de su familia. También ha dado que hablar el hecho de que se decidiera a adoptar como apodo futbolístico su nombre de pila y su segundo apellido, convirtiéndose así en homónimo del antiguo astro francés.

“Creo que el simple hecho de no haber caído en la delincuencia ya era una victoria. Después de vivir ese drama con mi padre, a mi madre [Simone] le hizo bastante feliz que siguiese la senda del deporte”, explica a FIFA.com. “Pero ahora puede ver los partidos, y se queda muy contenta, emocionada. También porque se reúne con toda la familia: mis abuelos, mis dos hermanas y mi bisabuela [Maria da Glória], que tiene 90 años y creía que no llegaría a verme jugar”.

Antes, para ver a Patrick en acción, era mucho más sencillo. Bastaba con recorrer Vila Kennedy los sábados, cuando el muchacho formaba parte de un equipo de su calle, confeccionado por un amigo de su abuelo Irineu. Así fue como comenzó su carrera, a la antigua. “Hoy en día eso ya casi no se ve. Creo que fue positivo. En aquella época, era un niño pequeño, y jugábamos con libertad, sin responsabilidad, ni ninguna presión”, cuenta, antes de señalar un dato bastante frío, pero significativo para comprender lo poco común que ha sido su progresión. “De todos aquellos muchachos, nadie que yo conociese se convirtió en futbolista”.

El fútbol como guía
El fútbol y la religión permitieron a Patrick alejarse de los problemas que rondaban su día a día, el tipo de dificultades que se saldaron con la muerte de su padre cuando él tenía apenas un mes de edad. En ese aspecto, su hermano mayor, Petterson, fue una influencia constante, y más aún en la adolescencia, después del fallecimiento de su padrastro, Carlos, víctima de un atropello. “Siempre me fijé en él. Él fue primero a la Iglesia, y nunca se mezcló con la gente del mundo del crimen. Yo seguí sus pasos, y dimos a mi madre la alegría de no tomar ese camino”.

Durante aquellos primeros partidos infantiles, su talento llamó la atención de un trabajador del Botafogo que vivía en una calle pegada a la suya. Se sometió a una prueba, y la pasó. Estuvo cerca de tres años en el club, y a los 16 aceptó marcharse a São Paulo para incorporarse a la cantera del Palmeiras, firmando entonces su primer contrato. Tenía una duración de seis meses, con un salario modesto, pero ya suponía un paso adelante para un chico que, siendo más joven, vendía cobre, aluminio y cualquier cosa que encontrase por la calle para intentar ayudar a su madre en la economía doméstica.

En su casa recibía amor, y como es lógico le costó decir adiós a su familia y afrontar la vida en otra ciudad. Vivía en la residencia del club, y en los primeros días tan solo pensaba en cumplir su contrato semestral y volver. Con el tiempo, sin embargo, el fútbol lo situó de nuevo en otra dirección. “Empecé a jugar bien y fui quedándome más tranquilo”, dice. En pocos meses, llegó la convocatoria de la selección.

Patrick disputó algunos amistosos sub-19 con los colores de Brasil, y fue avanzando en las categorías de base del combinado nacional. Dos años más tarde, ya se entrenaba con los profesionales, orientado por Luiz Felipe Scolari. En 2012, entre el título de la Copa de Brasil y la campaña del descenso del Palmeiras a la Série B de la liga brasileña, fue haciéndose un hueco, aprovechando sus oportunidades hasta convertirse actualmente en un fijo.

Pero... ¿qué Patrick?
En ese periodo de consolidación en el plantel profesional, Patrick añadió el Vieira a su nombre futbolístico, debido a la presencia de un veterano tocayo. “Había que establecer alguna diferencia. Tener a dos jugadores con el nombre de Patrick no iba a funcionar. Y hoy en día, en Brasil se da bastante el caso de utilizar los apellidos, a diferencia de antes. Fue una coincidencia que acabó arraigando”.

Al margen de la complexión alta y delgada que comparte con el ex volante francés y actual directivo del Manchester City, no hay muchas semejanzas entre ambos dentro de la cancha. “Yo siempre me fijaba en él. Aquí retransmitían sus partidos, pude seguirlo. Fui mediocentro en las categorías inferiores, pero ahora juego más adelantado”.

Pese a todo, es inevitable: una y otra vez, la joven revelación tiene que explicar que su vínculo con el francés responde a una simple casualidad. “Cada vez que alguien me lo menciona, yo siempre digo que para mí sería estupendo tener una carrera brillante como la suya”, cuenta el jugador del Palmeiras. Y tiene razón. Inmerso en la lucha por la Copa Libertadores y el Campeonato Paulista, Patrick todavía está muy lejos de la fama conseguida por el elegante centrocampista de los Bleus. Sin embargo, en Río de Janeiro, cuando la señora Simone y su familia se reúnen delante del televisor, ya es él quien acapara el protagonismo.