En un equipo que está ganando, a veces se hace necesario introducir cambios aunque no se quiera. ¿Cómo hacer para que el nuevo dispositivo siga funcionando con igual o mayor eficacia que el anterior? El Shakhtar Donetsk, multicampeón ucraniano cuyo nombre resuena cada vez con más insistencia fuera de las fronteras de su país, parece haber encontrado la fórmula mágica.

En 2002, el club optó por invertir fuerte en la adquisición de futbolistas brasileños, muchos de los cuales eran poco o nada conocidos internacionalmente. Todo empezó con la llegada del delantero centro Brandão, proveniente del modesto São Caetano. Desde entonces, más de dos decenas de jugadores revelación en el país del Pan de Azúcar han sido contratados para propulsar la hegemonía del Shakhtar en el este de Europa.

Muchos de ellos ficharon más tarde por clubes señeros del continente, como es el caso del habilidoso Willian, el más reciente refuerzo del Chelsea, o el del volante Fernandinho, nueva figura del Manchester City. Pero esas mudanzas no han descompuesto en ningún momento el entramado del Donetsk. Con un faro especializado en la detección de nuevos talentos, el Shakhtar renueva sus energías constantemente, buscando recargas en su fuente inagotable. Esta temporada le ha tocado el turno al volante ofensivo Bernard, campeón de la Copa FIFA Confederaciones.

"El entrenador los prefiere jóvenes, porque así puede integrarlos mejor en el programa de formación y prepararlos a fondo. También porque tienen más facilidades para adaptarse", cuenta a FIFA.com el centrocampista Elano, uno de los primeros en incorporarse al elenco dirigido por el técnico Mircea Lucescu, protagonista principal de esta historia. "El entrenador respira fútbol. Siempre está viendo vídeos. Es evidente que los brasileños que van allá poseen una enorme calidad y están despuntando. Por eso siguen ganando todo".

Pasión nacional
El estratega rumano tomó el mando del Shakhtar en 2004. Pronto pidió cinco brasileños, entre ellos Elano, para acompañar al pionero Brandão. El centrocampista relata que, a partir de ahí, Lucescu siempre sondeaba a sus futbolistas en busca de información sobre otras posibles adquisiciones en el mercado. "Preguntaba siempre por el estilo de tal o cual jugador, si sería de ayuda, cómo se comportaba con su familia… Siempre entablaba ese diálogo".

Esas conversaciones han sido tan fructíferas que, a fecha de hoy, el número de brasileños se ha doblado respecto al inicio de su mandato. "El técnico está obsesionado con el fútbol brasileño. Por eso somos 12", señala Bernard teniendo en cuenta a Eduardo da Silva, jugador nacido en Brasil pero con nacionalidad croata. De esta docena, Eduardo, de 30 años, es el más mayor. Ilsinho, de 27, es el segundo de la lista. Y Luiz Adriano, de 26, es el tercero en edad, pero el que más temporadas ha servido en el club: siete. Todos los demás brasileños tienen de 25 para abajo.

Los resultados son inapelables. Con Lucescu al timón, el Shakhtar ha conquistado siete Ligas y cuatro Copas de Ucrania, así como una Copa de la UEFA (la actual Liga Europa). Es un proyecto interesante, en el que el rumano ha logrado entrelazar dos culturas de fútbol distintas, como se desprende de la configuración de su equipo.

A excepción de Ismaily, defensa procedente del fútbol portugués, el resto del contingente brasileño se concentra en el mediocampo y la delantera. Es decir, que el equipo defiende con europeos (ucranianos la mayoría) y ataca con brasileños. "A lo largo de los años, el Shakhtar se ha ido convirtiendo en un equipo en gran medida de brasileños. Yo he montado este grupo y tengo con ellos una relación que podríamos calificar de paternofilial", ha declarado el rumano a SporTV.com.

Cuarta generación
De los nuevos integrantes de la familia, el entrenador se entusiasma particularmente al hablar de Bernard, prodigio del Atlético Mineiro y vigente campeón de la Copa Libertadores. "Juega mucho", advierte. "Ya está acostumbrado a jugar en competiciones de alto nivel. Estoy ansioso por ver de lo que es capaz en Europa".

Ésa ha sido la contratación más resonante, pero el bajito de Belo Horizonte no es la única joya adquirida. Forma parte de la cuarta generación de brasileños que desembarca en Donetsk, al lado de Fred Santos, exjugador del Internacional de Porto Alegre, Wellington Nem, ex del Fluminense, y Fernando, ex del Gremio y campeón asimismo de la Copa Confederaciones.

En 2004, la ruta Brasil-Ucrania no era una de las más transitadas. Ese viaje, por la distancia y el choque cultural que entraña, sigue despertando cierta desconfianza entre los futbolistas más jóvenes, pese al éxito cosechado por tantos de sus compatriotas en el coloso de Donetsk, algunos de los cuales ya figuran en la lista de Luiz Felipe Scolari.

"Para ser franco, pensé en eso antes de venir acá. Me pregunté si no se irían a olvidar de mí, si no me iba a volver invisible, por así decirlo", nos confiesa Fernando, que consultó sus dudas a su seleccionador. La respuesta no pudo ser más alentadora. Tratándose del Shakhtar, con tantos posibles convocados en cuestión, Felipão no tiene más remedio que enterarse de lo que ocurre allí. "Es un club muy organizado que disputa la Champions", aprobó el patrón de la Canarinha. "Van a jugar a un nivel alto y contarán con la orientación de un técnico diferente, que seguramente mejorará algunas cosas, está allá hace muchos años y habla un poquito de portugués".

Mientras implanta sus conceptos en las cabezas de sus nuevos pupilos, Lucescu no oculta a nadie sus ambiciosos planes. "Queremos ganar la Liga de Campeones", proclama. El valiente Bernard no se asusta: "Él me habló de los objetivos del club, y puedo decir que son los mismos que los míos". La nueva cara de la vieja fórmula postula: "El Shakhtar debe ganar siempre".