Longevidad y eficacia son los términos que mejor describen la inmensa carrera del finlandés Jari Litmanen, aunque sea imposible de resumir con dos palabras. Se prolongó durante casi 25 años (de 1987 a 2011), y lo condujo por nueve clubes, entre ellos el Ajax de Amsterdam, el FC Barcelona o el Liverpool. Está repleta de títulos (Liga de Campeones 1994/95, Copa de la UEFA 2000/01, cinco ligas neerlandesas…) y también goles, entre ellos 32 en 137 internacionalidades, unas cifras que lo convierten en el máximo artillero y el jugador que más veces ha vestido los colores del combinado finlandés. Pero lo que más destacó de su trayectoria fue sin duda la pasión.

“A pesar de todas las lesiones y los obstáculos que se interpusieron en mi camino, lo único que siempre me ha hecho correr dentro de la cancha es el amor que siento por el fútbol”, confirma Litti. Una pasión sin límites, a la que ha dedicado recientemente un libro, su libro (Litmanen 10, editado por Tammi Publishers), que relata todos sus recuerdos de jugador. La leyenda del fútbol finlandés rememora algunos de esos momentos en esta entrevista con FIFA.com.

“Jari Litmanen es el hombre con más mala suerte que he encontrado nunca en el fútbol”, afirmó una vez su exentrenador Roy Hodgson. Volviendo la vista atrás, ¿se considera tan desafortunado como ha dicho el que fue su técnico en el Fulham?
No. Tuve suerte en muchos aspectos durante mi carrera, empezando por la que me dio el Ajax de Amsterdam en 1992. Ese club me ofreció la oportunidad de empezar y de despegar en mi carrera de futbolista. Para un joven como era yo entonces, poder probar suerte en el extranjero con un equipo así, junto a un gran entrenador y compañeros de enorme calidad, fue una suerte inestimable. Pero también es verdad que mi carrera estuvo algo lastrada por las lesiones. Algunas llegaron en el peor momento, y otras no fueron nada normales, como la de 2008, a la que se refería el entrenador con esas palabras [Nota: al final de un entrenamiento, Litmanen recibió un balonazo fortuito en la cabeza de uno de sus compañeros, Ricardo Batista, a una distancia de tres metros, que le obligó a causar baja durante un tiempo].

Es cierto que las lesiones se cebaron con usted, pero eso no le impidió acumular trofeos. ¿De qué título está más orgulloso?
Creo que el más lindo fue la Liga de Campeones, en 1994/95, con el Ajax de Amsterdam. Hay pocos jugadores que la ganen a lo largo de sus carreras. En aquella época era algo impensable de conseguir para un futbolista finlandés. Pero yo fui uno de los tres extranjeros de aquel equipo —con Nwankwo Kanu y George Finidi— que tuvieron el honor de proclamarse campeones de Europa.

¿Hay algo que lamente de su carrera?
Por supuesto, uno siempre piensa que habría podido hacerlo mejor, pero estoy convencido de que alcancé los límites de lo posible como futbolista finlandés.

Todo el mundo conoce el apego que siente por su país. ¿El hecho de no haber podido disputar nunca un gran torneo con su selección no supuso en cierto modo una frustración?
Pude compensar algo esa carencia jugando al lado de los mejores futbolistas del mundo en los clubes por los que pasé. Y también debo decir que siempre sentí un gran orgullo por vestir la camiseta de mi país, y siempre intenté dar lo mejor de mí para llevarla lo más lejos posible, aunque sencillamente no fue suficiente. Muchos de mis compañeros participaron en Eurocopas y en Mundiales. Yo me consolaba como podía, ¡pensando que estaba de vacaciones!

¿Y cree que resulta más difícil para jugadores procedentes de países futbolísticos “pequeños” ganar el FIFA Ballon d’Or?
Es complicado, aunque no imposible. Este trofeo recompensa las cualidades intrínsecas de un futbolista y su capacidad de conducir a lo más alto a los equipos en los que juega. En su época, el norirlandés George Best lo ganó merecidamente en 1968. Y yo asistí en primera fila al triunfo de George Weah en 1995…

Aquel año usted terminó incluso en la tercera posición del Ballon d’Or. ¿Qué valor tiene esa “medalla de bronce” para usted?
Ser tercero fue un gran honor para mí, y también una gran sorpresa. No me lo imaginaba ni por un momento. Para mí, el fútbol tiene únicamente un aspecto colectivo. No me consideraba más que el eslabón de una cadena en el Ajax. Y además era finlandés, lo que consideraba un obstáculo suplementario…

Y hablando del Ballon d’Or, ¿tiene un pronóstico para la edición de 2015?
Comparar a los jugadores siempre resulta difícil. Hay demasiados parámetros que influyen: la liga, el club, las estadísticas, los títulos, etc. Y lo que es seguro es que Lionel Messi y Cristiano Ronaldo —que llevan muchos años entre los finalistas— son jugadores fuera de lo normal.

Poder marcar goles con 39 años en un partido de clasificación para la Eurocopa tampoco es algo banal. ¿Cuál es el secreto de su longevidad?

¡La pasión! A pesar de todas las lesiones y los obstáculos que se interpusieron en mi camino, lo único que siempre me ha hecho correr dentro de la cancha es el amor que siento por el fútbol.

En su opinión, ¿por qué hay cada vez menos jugadores de su perfil, números 10 tradicionales?
Bueno, yo creo que la tradición perdura. Es cierto que actualmente los 10 no desempeñan la misma función que antes, pero jugadores como Lionel Messi o Mesut Oezil conservan las grandes características de los 10.

Usted nunca ha entrenado, ¿es algo que le tiente?
He hecho cursos… ¡A ver qué me reserva el futuro!

El presente es este libro que acaba de escribir, titulado Litmanen 10. ¿Qué representa para usted esta obra?
Representa mucho… ¡casi 25 años de carrera! Este libro es una especie de testamento futbolístico. Refleja mi mirada sobre mi carrera. Lo he escrito porque aún tengo frescos los recuerdos y tenía algo de tiempo para dedicárselo.

Es una leyenda en Finlandia. ¿Hay sitio para un nuevo Jari Litmanen?
Finlandia tiene muchos talentos. Pero hay muchos factores que influyen para triunfar en un deporte... Y por mucho que Finlandia tenga más de 300.000 km2, ¡no deja de ser un “país pequeño”!