A sus 26 años, Axel Witsel es uno de los principales exponentes de la famosa “generación dorada” del fútbol belga, la que puso en apuros a Argentina en cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA Brasil 2014™. Con más de 50 internacionalidades en su historial, el centrocampista del Zenit de San Petersburgo se ha convertido en uno de los privilegiados representantes dentro de la cancha de su seleccionador, Marc Wilmots. Es un líder técnico natural, gracias a su elegancia y su precisión, y posee además la inteligencia, la madurez y la calma necesarias para desempeñar el papel de correa de transmisión del estratega de los Diablos Rojos en el terreno de juego. 

Se formó en la cantera del Standard de Lieja, y puso muy alto el pabellón del club al conducirlo dos veces a la conquista del título de liga, en 2008 —año en que fue elegido Bota de Oro belga, premio al mejor jugador de la temporada— y 2009. Grandes clubes europeos pujaron por hacerse con sus servicios, y decidió continuar su progresión en el Benfica antes de comprometerse en 2012 con el Zenit.

Esta trayectoria ha hecho que Witsel siga siendo relativamente poco conocido en comparación con otras estrellas de la selección belga como Thibaut Courtois o Eden Hazard, y por eso FIFA.com te ofrece la oportunidad de conocerlo mejor con esta entrevista exclusiva.

Axel Witsel, desde el Mundial está recibiendo una mayor atención mediática. ¿Es algo que aprecia? 
Siempre he tenido una buena relación con los medios de comunicación, en Bélgica, en Portugal o ahora en Rusia. La liga de aquí no es muy mediática, así que no se hablaba mucho de mí cuando llegué al Zenit. Pero ha cambiado bastante, especialmente desde la llegada de Hulk y de otros. El Mundial también ha hecho mucho, se habla más de mí que antes. Es algo que me gusta. De todos modos, forma parte del oficio, así que tampoco tenemos mucho que decir al respecto. 

Marc Wilmots afirma que usted y el capitán, Vincent Kompany, son sus manos derechas dentro de la cancha. ¿Qué cualidades hay que tener para desempeñar esa función? 
Se produjo de forma natural, a partir del momento en que el entrenador me reubicó como volante defensivo y empecé a hacer buenos partidos. Esa confianza que me dio y mis buenas prestaciones me han convertido en un jugador importante para la selección. Siempre he sido un líder, incluso siendo más joven, cuando estaba en el Standard. Hoy, simplemente, me entrego al máximo para asumir esta función con la selección nacional.

Ya conocemos sus cualidades técnicas. ¿Y qué aspectos de su personalidad hacen de usted un líder?
Ya llevo bastantes años aquí, porque empecé a ir a la selección con 18 y ahora tengo 26. Es cierto que uno no se convierte en líder únicamente gracias a sus cualidades de juego dentro del campo. También hay que saber comunicar, hablar con los compañeros en el momento adecuado. Cuando lo hago, cuando trato de corregir algo, lo hago siempre buscando el lado positivo. Siempre he sido una persona tranquila. 

Es cierto que es conocido por su sangre fría. ¿Qué puede hacerle perder la calma?
Bueno, ¡hay que insistir mucho para hacérmela perder (risas)! Es muy poco habitual, pero cuando ocurre intento mantenerme lo más tranquilo posible, aunque no sea fácil. En el terreno de juego, puede suceder cuando recibo dos o tres golpes seguidos, cuando veo que mi adversario no viene más que a hacerme daño. Es algo que les pasa a todos los jugadores técnicos. Cuando veo a un tipo como Eden Hazard, me da la impresión de que se mantiene muy tranquilo a pesar de todos los golpes que recibe en cada partido. 

¿Con qué lecciones se queda del último Mundial? 
Tenemos un equipo con grandes jugadores, que tienen muchas cualidades. Aunque fuese nuestro primer gran torneo, nos quedó un sabor de boca amargo tras el partido de cuartos de final contra Argentina, porque pienso que lo hubiéramos podido hacer mucho mejor. Pero tenemos que quedarnos con eso: hay que llegar a las grandes competiciones en el momento adecuado y estar siempre al máximo. Ahora ya hemos pasado página, pero inmediatamente después del partido no fue fácil de digerir. 

Hablemos de su seleccionador. ¿Qué ha aportado Wilmots a Bélgica?
Ha devuelto al plantel una cierta disciplina, tanto fuera como dentro de la cancha. También ha traído confianza, nos ha vuelto a unir. Y desde entonces, nuestras cualidades naturales han aflorado de nuevo, y hemos empezado a meter miedo a no pocos equipos. Antes, nuestros adversarios pensaban: “Vamos a jugar contra Bélgica, tiene buenos jugadores, pero no habrá ningún problema”. Ahora es: “Vamos a jugar contra Bélgica, ¡cuidado!” Tenemos que acostumbrarnos a enfrentarnos a equipos que se quedan atrás con dos líneas de cuatro, para salir al contragolpe. Antes teníamos más espacios.

Bélgica parece tener un grupo muy unido…
Ya nos conocemos desde hace bastante tiempo, en la selección y en nuestros clubes, dentro y fuera del terreno de juego. Es una de nuestras virtudes. No somos solamente compañeros, sino también un grupo de amigos. Todo el mundo lo ve cuando grabamos vídeos para la selección, para los patrocinadores u otra gente.

¿Y cuál es su papel en ese grupo de amigos? ¿Tiene algún apodo? 
Yo soy el que siempre mantiene la calma y la tranquilidad. Soy en cierto modo el sabio (risas). Mi apodo es Chaloupe [“chalupa”], por mi estilo, mi forma de ser, de caminar, de regatear… Siramana Dembélé, que estaba conmigo en el Standard, me lo puso un día cuando tenía 18 años. Y desde entonces todo el mundo empezó a llamarme así, “¡Chaloupe, Chaloupe!”

¿Y cuál es su principal cualidad dentro de la cancha? ¿Cuáles son sus referencias y cómo le inspiran en su progresión?
Mi principal cualidad creo que es la protección del balón, mi capacidad para perder el balón lo menos posible. Y aunque no juguemos en el mismo puesto, siempre he tenido como ídolo a Zinedine Zidane. Sus controles, su técnica… En mi opinión es el mejor del mundo. También me gusta mucho Andrea Pirlo. Es pura clase. Tiene un juego algo más defensivo que el mío. Son dos jugadores que me inspiran para progresar, sobre todo con la pierna izquierda o los pases largos. 

¿Le gusta actuar como centrocampista defensivo con los Diablos Rojos, cuando en su club juega en una posición más adelantada? 
El seleccionador conoce bien mis cualidades y sabe perfectamente que puedo actuar como número 8, como box to box, como hago en el Zenit. En el futuro ya veremos dónde me ubico. Si es necesario también puedo hacer de 6, pero es cierto que soy un jugador al que le gusta subir. 

Ha pasado por el Standard, el Benfica y, ahora, el Zenit. ¿En qué otros clubes pudo haber jugado?
Cuando estaba en el Benfica, pude haber ido al Real Madrid. No se concretó por determinadas razones. Pero tampoco me duró mucho la decepción, pasé página rápido. Tengo 26 años, aún soy joven. Soy una persona bastante paciente. Aunque es cierto que era el Real Madrid, con todo… Cuando me lo dijeron, me imaginé cosas, como es lógico. 

Hemos visto que jugar en Rusia, que no tiene la liga que más atención mediática recibe, no ha sido un obstáculo para que Marc Wilmots confíe en usted. ¿Pero esa falta de visibilidad le obliga a demostrar más cosas? ¿No le apetece jugar, a medio plazo, en una de las cinco grandes ligas europeas? 
Sí, es cierto que nos impulsa a demostrar más cosas en la Liga de Campeones o en la Europa League, respecto a los jugadores que compiten en Inglaterra, en Italia, en España, en Alemania... Sinceramente, intento no pensar demasiado en eso en estos momentos. Siempre he tenido el objetivo de jugar algún día en un club de la élite de Europa, sigo teniendo esa meta, aunque procuro centrarme en mi equipo, porque tenemos que ganar la liga como sea. Al final de la temporada ya veremos qué ocurre conmigo.