Tras muchos años a la sombra de Franz Beckenbauer y Uli Hoeness, Karl-Heinz Rummenigge comanda hoy el Bayern Múnich con aplomo. El dato dista de ser una mera anécdota para este exdelantero tan sobrio como efectivo, quien ya lleva 34 años ligado al club bávaro, 10 de ellos como jugador, durante los cuales ganó siete títulos, y 24 como dirigente, los últimos 13 como Director General de la institución.

Con motivo de su 60 cumpleaños, que celebra el viernes 25 septiembre, The FIFA Weekly conversó con Rummenigge, en una entrevista que FIFA.com comparte a continuación.

Sr. Rummenigge, ¿no se asombra del vínculo que le une al club?
La suerte también es importante en la vida. Cuando el Bayern de Múnich llamó a mi casa para preguntarme si me imaginaba jugando en un club que ya por entonces tenía un gran renombre internacional, a mi madre casi le da un soponcio al principio. En 1974, cuando con 19 años abandoné el Borussia Lippstadt, un club aficionado de Westfalia, para fichar por el Bayern a cambio de 17.500 marcos, me di cuenta de que estaba ante mi gran oportunidad. Con respecto a mi posterior carrera como directivo de la entidad muniquesa sólo puedo decir que tuve la suerte de estar en el lugar adecuado en el momento oportuno. Las oportunidades que se me han brindado de seguir sirviendo al club después de colgar las botas las he intentado aprovechar con la misma decisión que si fuese un delantero frente a la portería rival.

Cuentan que en su primer año como jugador del Bayern era usted un chico bastante tímido…
Eso no resulta demasiado sorprendente cuando eres un muchacho de 19 años que inicia su carrera profesional en un equipo lleno de estrellas como Franz Beckenbauer, Gerd Mueller, Sepp Maier o Uli Hoeness, que además acababan de proclamarse campeones del mundo en Múnich.

¿Qué le dio el impulso necesario para convertirse en uno de los mejores delanteros del mundo?
Por suerte, Dios me había dotado de talento, así que tras un corto período de adaptación sentí que tenía el deber de hacer algo provechoso con él. A partir de entonces, las cosas marcharon bastante bien en mi carrera.

Sólo hay que ver los títulos que acumula usted en su palmarés…
Mi etapa de futbolista fue estupenda, sobre todo porque cuando estás sobre el campo siempre tienes más posibilidades de influir directamente sobre el devenir de la competición. Lo que también me resultó muy útil fueron las experiencias en otros países que tuve durante los últimos años de mi carrera, sobre todo mi paso por el Inter de Milán y por el Servette de Ginebra. Los años que pasé lejos de Múnich se convirtieron en una fuente de inspiración para el resto de mi vida. Todavía hoy, en mi segunda profesión, me sigo beneficiando de aquellas vivencias, ya que mis compañeros y yo tenemos que asegurarnos de que las condiciones económicas sean las adecuadas y de que el club se gestione con sensatez y seriedad.

Desde hace tiempo se le considera a usted una especie de ministro de asuntos exteriores del Bayern, debido a los muchos contactos que tiene a escala internacional y también a su cargo de presidente de la Asociación Europea de Clubes. ¿Estaba usted predestinado a desempeñar un papel de este tipo?
El fútbol me ha dado la oportunidad de viajar por todo el mundo. En este deporte, al igual que ocurre en muchas otras profesiones, es muy importante tener buenos contactos. Para eso hace falta salir mucho de casa y que te guste viajar. Siempre se aprenden cosas nuevas y se conoce a mucha gente que un día te puede resultar de ayuda. Entre 1991 y 2002, cuando era vicepresidente del Bayern de Múnich, hacía muchos kilómetros, en parte para conocer mejor a otros clubes como el Ajax de Ámsterdam, el Manchester United o el Real Madrid. En aquella época tuve oportunidad de aprender mucho de Franz Beckenbauer y de Uli Hoeness, que eran a la sazón nuestro presidente y nuestro director técnico, respectivamente, y no desperdicié la ocasión. Por aquel entonces todavía podías lanzarte al agua con chaleco salvavidas, porque, hoy en día, la exposición pública es tal que ya no cuentas con esa protección a la hora de tomar decisiones.

Beckenbauer y Hoeness, que son de Múnich y de Suabia, respectivamente, y representaron durante mucho tiempo el corazón y el alma del Bayern, siempre han gozado de más popularidad que usted y han ocupado el foco de la atención pública. ¿Alguna vez se ha sentido molesto por esta situación?
No soy una persona envidiosa. El carisma de Franz y su filosofía de vida bávara son dignas de elogio, y mi amigo Uli siempre ha sido la luz que ha guiado a este club. Cada uno recibe la atención que se merece. Para alguien de Westfalia como yo, que soy un poco menos apasionado, siempre ha supuesto una alegría y un enorme placer poder trabajar con ellos.

Usted fue capitán de la selección alemana en 51 partidos y, al igual que con sus clubes, asumió la responsabilidad de ceñirse el brazalete desde muy joven. ¿Le resulta aquella experiencia todavía útil hoy en día a la hora de dirigir un club que cuenta con 258.000 socios, una cifra sin parangón en el mundo, y que factura 540 millones de euros anualmente?
Sin duda. Cualquiera que tenga una responsabilidad de este calibre debe actuar con suma sensatez y hacer todo lo que esté en su mano por el bien de un gran club como éste. Además, en el Bayern contamos con buena gente y disponemos de una estructura jerárquica extremadamente sólida. Nuestro club está muy bien organizado, y todo el mundo sabe lo que se espera de cada uno.

Este club de talla mundial ha crecido mucho y con mucha rapidez en los últimos años…
La entidad ha experimentado un crecimiento extraordinario tanto en materia de socios como en lo que respecta a los ingresos. En circunstancias así debemos asegurarnos de que las cosas se siguen haciendo correctamente y de que no nos entra el vértigo al ganar tanta altura. De lo contrario necesitas a alguien que te devuelva a la realidad, porque cuando vuelas alto siempre es bueno que alguien te baje de las nubes aunque el aterrizaje pueda resultar algo accidentado en ocasiones.

Usted está casado con Martina, su amor de juventud, y es padre de cinco hijos ya adultos. ¿Diría que la edad le ha cambiado?
Digamos que la actitud que hoy adopto con mis nietos es más distendida que la que en su día tenía con mis hijos. Intento tomarme con la mayor calma posible las cosas que me pasan en la vida.

¿Habría preferido ser futbolista en la época actual?
Nunca me he planteado esa pregunta. Sólo sé que en el fútbol de hoy todo ocurre mucho más rápido que en mis mejores años. Una vez le dije a Philipp Lahm, el excapitán de Alemania, que los futbolistas de ahora son mucho más profesionales de lo que éramos nosotros. Hoy en día se trabaja con mucha más seriedad e intensidad. A los jugadores actuales se les exige mucho más en todos los aspectos. Es cierto que cobran mucho más que nosotros entonces, pero también tienen que hacer más sacrificios para ganar ese dinero.