Hace más de 50 años que Luxemburgo mantiene estrechos vínculos con Portugal. Los primeros inmigrantes lusos llegaron en los años 1960, huyendo de la dictadura de Salazar. Maximino da Mota puso rumbo al Gran Ducado en 1980, “para encontrar una vida mejor”, explica su hijo Daniel, viva prueba de que su progenitor alcanzó ese objetivo.

Maximino, agricultor y carpintero de Rego, en el norte de Portugal, fundó una familia de la que Daniel es el primogénito. “Recibimos una educación muy buena, y nuestro padre procuró decirnos que, sobre todo, ¡no hiciésemos el mismo trabajo que él!”, cuenta a FIFA.com. Por eso, al igual que uno de sus hermanos, Daniel trabaja en un banco. El otro es contable, y su hermana maestra. “Nos aconsejó que no nos dedicásemos a trabajos manuales y que nos aplicásemos en los estudios para encontrar un empleo mejor, sin cargas físicas. Y seguimos sus consejos ¡para no tener que trabajar encima de un tejado o en el bosque!”.

Es cierto que Daniel no trabaja en el bosque, pero pasa parte de su tiempo en lo que muchos consideran una auténtica jungla: el fútbol... Es empleado de banca a tiempo completo, y también delantero de la selección luxemburguesa y del F91 Dudelange, uno de los principales clubes del país. “Trabajo en el banco de lunes a viernes, de 7:30 a 17:30, y cuatro veces a la semana tengo entrenamiento de 18:15 a 20:30. ¡Y además los partidos del domingo y la selección nacional! Así que no hay mucho tiempo libre”, admite, con una amplia sonrisa, consciente de que en un país en el que el fútbol es amateur no puede quejarse de su situación. “Mi trabajo es lo que me da de comer todos los meses. El fútbol es mi pasión. Los dos están vinculados, pero sin trabajo fijo no podría hacer nada”.

Un gol digno de un Balón de Oro
A sus 30 años, Daniel compagina perfectamente ambas actividades desde su fichaje por el Dudelange, en 2008, ya que, a pesar de tener una agenda tan ajetreada, su palmarés y su número de internacionalidades —más de 60— no dejan de aumentar. Este atacante zurdo, cuádruple campeón de liga y dos veces vencedor de la copa nacional, conoció su momento de gloria en un encuentro de clasificación para la Copa Mundial de la FIFA 2014™. El escenario fue un estadio Josy-Barthel lleno hasta la bandera, contra nada menos que el Portugal de Cristiano Ronaldo, de su familia... ¡y de casi el 15% de los 100.000 habitantes que tiene la ciudad de Luxemburgo!

Fue el 7 de septiembre de 2012, y habían transcurrido 13 minutos de juego cuando Dan recibió un balón de Aurélien Joachim en la posición de extremo izquierdo. Efectuó un control perfecto y enganchó un tiro con rosca impecable con la derecha —su pierna mala— que superó por la escuadra a Rui Patrício. “Un día antes, un periodista luxemburgués me había preguntado si me atrevería a marcar en caso de tener la oportunidad o si me surgirían dudas”, recuerda este integrante de una familia de seguidores del Porto. “Por supuesto, sea cual sea el rival, cuando uno es internacional y viste la camiseta de su país, ¡si puede marcar, marca!”.

Da Mota pasó así de las palabras a los hechos para poner en apuros a la Selecção, que acabaría imponiéndose por un ajustado 1-2. “La sensación resultó inexplicable, pero más fantástico aún fue que el estadio estaba lleno de portugueses y que todos se levantaron para celebrar el gol”, recuerda satisfecho Da Mota, que abandonó el campo en el minuto 79 entre los aplausos de un público que se puso en pie para homenajearlo. Repetiría cuatro días más tarde al marcar el gol del empate en Irlanda del Norte (1-1), el día de su cumpleaños; un día que le traería otro regalo inolvidable. “Salimos a cenar con la familia, y mis hermanos me regalaron un balón de oro que habían fabricado ellos mismos. Fue un detalle muy lindo”.

¿Dos países felices?
Si bien no ha renunciado definitivamente a su sueño de vivir una experiencia profesional —“aunque fuese nada más que por un año, solamente para tener la experiencia del mundo profesional y ver qué límites puedo alcanzar”—, Dan es realista, y admite que sus únicas ocasiones de codearse con el alto nivel son los partidos de una selección que, opina, realiza progresos constantes. “En 2007, cuando yo empecé, sinceramente, salíamos a la cancha sabiendo que íbamos a perder”, reconoce. “Pero desde hace cuatro o cinco años practicamos un buen fútbol y creamos ocasiones. Lo que nos falta es el ritmo durante todo un partido, y los equipos profesionales lo aprovechan. Pero todos los rivales que vienen a Luxemburgo saben que tienen que respetarnos y que podemos ser peligrosos”.

Bosnia-Herzegovina y Albania, en sendos amistosos a finales de marzo, y los Países Bajos, Francia, Suecia, Bulgaria y Bielorrusia, futuros oponentes de los D'Roud Léiwen (“leones rojos”), podrán comprobarlo en la competición preliminar de la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018™, y quizás asistamos a alguna sorpresa. “Creo que en cinco o seis años puede llegar la clasificación para un gran torneo”, se atreve a aventurar. “Hay muchos jóvenes en el extranjero, en filiales de equipos profesionales. Dependerá de cómo progresen, pero si se quedan allí, aunque sea en la segunda o la tercera división alemana, por ejemplo, es un nivel superior al que tendrían en Luxemburgo. Está bien que se acostumbren a eso todos los fines de semana. Por tanto, es posible que pronto tengamos la ocasión de pelear por una clasificación”.

Ese día, todo un país lo festejaría. Incluso dos, si Da Mota sigue estando ahí…