Es el hombre que se sentaba en el banquillo junto a Alex Ferguson en la época más gloriosa del Manchester United de la era moderna. Durante el tiempo que pasaron juntos, Rene Meulensteen y Ferguson llevaron al United a la conquista de tres títulos de la Premier League inglesa, tres Community Shields de la FA, dos Copas de la Liga, una Liga de Campeones de la UEFA y un trofeo de la Copa Mundial de Clubes de la FIFA. Después de su paso por Old Trafford, ha entrenado en el Anzhi Makhachkala y en el Fulham, aunque en ambos casos permaneció poco tiempo en el cargo. El año pasado, Meulensteen accedió al puesto de asesor del Philadelphia Union, en la Major League Soccer. FIFA.com se reunió con el responsable de pulir la técnica y las habilidades de futbolistas de la talla de Cristiano Ronaldo o Wayne Rooney, para saber por qué derroteros lo ha llevado la vida después de la era Ferguson, y para conversar sobre su pasión por la profesión de entrenador.

FIFA.com: ¿Qué tal le ha ido la transición de los banquillos a la asesoría para el Philadelphia Union?
Rene Meulensteen
: Acepté el puesto de asesor porque creo que el mercado estadounidense es muy interesante, dado que se trata todavía de un mercado emergente. La Major League Soccer ha avanzado, y sigue avanzando, a pasos pequeños pero seguros. Yo quería conocer mejor todo este proceso, y el puesto de asesor me proporcionaba una forma de conseguirlo. En este medio año, he estado asesorando al Union y, al mismo tiempo, aprendiendo muchísimo sobre las escuelas de fútbol y el sistema universitario del país. Me ha servido para comprenderlo un poco mejor.

Entonces, podríamos decir que estos últimos años han sido para usted una época de aprendizaje intensivo…
Todo es un proceso de aprendizaje. Uno quiere regresar siempre al lugar para el que cree que está más capacitado, que es trabajar al máximo nivel con los mejores jugadores. Lógicamente, ese es un mercado hasta cierto punto muy reducido. Muchos entrenadores tienen la ayuda equivocada, y no es fácil. Lo que me pasó en el Anzhi y después en el Fulham no me ha hecho ningún favor, porque los que toman las decisiones no saben qué ocurrió ni por qué razón, y por este motivo hay gente que se muestra reacia a darme otra oportunidad.

¿Qué retos como entrenador le ilusionan y motivan más, los del fútbol de clubes o de selecciones?
¡Ambos! Yo me decantaría por el fútbol de selecciones, porque el planteamiento es muy distinto. Hay que identificar a los jugadores, y el dinero no tiene nada que ver en esto, sólo hay que detectar el talento y el potencial. Tienes que trabajar con los futbolistas en un espacio de tiempo muy reducido, y conseguir que se cohesionen en un bloque y comulguen con un estilo ganador. Todo eso me gusta. Sin duda, me decantaría por una oportunidad en el fútbol de selecciones nacionales, aunque se tratara de selecciones olímpicas o de selecciones que intentan clasificarse para el Mundial Sub-20 o algo así.   

Usted habla continuamente de procesos y de la formación de un estilo y de un sistema de juego. ¿Cuesta mucho conseguirlo con las selecciones nacionales?
Se trata de un proceso diferente. Al fin y al cabo, cuando reúnes a los jugadores, la clave está en aprovechar al máximo el poco tiempo del que dispones. Tienes que encontrar una receta que les vaya bien a los jugadores y ver de qué forma van a ganar partidos.

¿Quién cree que le ha influido más en su faceta de entrenador?
Creo que unas cuantas personas. Hay que tener siempre una mentalidad abierta. La primera y mayor influencia para mí fue Wiel Coerver. Trabajé con él a lo largo de casi cuatro años, y esa colaboración influyó enormemente en mi manera de plantearme cómo formar a los jugadores y de asegurarme de que, hiciera lo que hiciera, tenía que proceder de tal manera que marcara diferencias. En segundo lugar, me influyó muchísimo trabajar estrechamente con Alex Ferguson en el Manchester United. Entre la nueva generación de entrenadores influyentes, me identifico mucho con las ideas de Pep Guardiola. Nos hemos visto en varias ocasiones. Lo conocí hace años, antes de que se convirtiera en entrenador, y aquella fue probablemente la conversación más interesante que mantuvimos, porque me hizo muchas preguntas sobre la formación de los futbolistas mayores y jóvenes, y sobre cómo queremos aunar todo ello en el juego. Soy además un gran seguidor y defensor de Johan Cruyff.

¿Qué le mueve a entrenar?
Cuando estaba en el United, la gente me decía: “Tienes el mejor trabajo del mundo”. Y yo respondía: “Sí que lo tengo”. La gran ilusión es instruir a los jugadores y ofrecerles sesiones de las que puedan disfrutar y en las que además puedan prepararse para el siguiente partido, y que, por su desempeño, se consigan buenos resultados; eso es lo más satisfactorio del trabajo. Tratas de presentarles una visión completa: esto es lo que creemos que va a pasar; estas son las virtudes del rival; con esto debemos tener mucho cuidado; así es cómo podemos superar al contrario. Los preparas de todas las maneras posibles dentro y fuera del terreno de juego. Cuanto todo esto cuaja, es lo más gratificante que hay.

¿Recuerda el primer momento en el que vio cómo sus planes se ejecutaban con eficacia sobre el terreno de juego?
Al principio sucedía un poco a pequeña escala, porque yo trabajaba individualmente con los jugadores. Veía cómo los aspectos que trabajábamos individualmente daban fruto en el campo y, por consiguiente, contribuían positivamente al juego. Cuando empecé a entrenar al primer equipo, me hice responsable básicamente de la globalidad, de todo el entorno. Los jugadores siempre responden al ambiente que tú creas y los elementos de los parámetros estaban muy claros. Todavía recuerdo que el primer entrenador me llamó a su despacho para decirme que me encargaría de entrenar al primer equipo. Tenía un rotafolio a su lado y apuntó varias cosas en él para reiterar lo que quería ver sobre el terreno de juego: “Desde un punto de vista defensivo, quiero que nuestros equipos presionen cuando haya que hacerlo, y quiero que juguemos de una forma muy compacta, replegarnos y golpear a la contra. Desde un punto de vista ofensivo, queremos tener la posesión con una finalidad clara, pero cuando ataquemos, quiero ver lo siguiente: velocidad, potencia, penetración e imprevisibilidad”.

Quería que inculcara esos elementos un día tras otro, y esos eran mis parámetros. Todo lo que hacíamos, ya fuera una fase del juego, un juego condicionado o una posesión, formaba parte de lo mismo. Creo que, básicamente, la razón de que en estos momentos todos tengan dificultades se debe a que esos elementos han desaparecido. Por eso dicen ahora: “No importa lo que opine la gente”, al final todo se reduce al entorno que se crea diariamente, porque los jugadores responden a él. Ferguson solía decirme: “Recuérdalo siempre, Rene: hagas lo que hagas sobre el campo de entrenamiento se manifestará en el partido”.