Grecia profesa un verdadero culto a sus héroes mitológicos. Estos personajes modelo de coraje permanecen en la leyenda y han tenido una gran influencia en la historia de la cultura por sus extraordinarias hazañas. Actualmente, a los Hércules, Teseo, Aquiles o Ulises, tal vez haya que añadir el nombre de El Fardou Ben Nabouhane. Salido de ninguna parte, el delantero comorense del Levadiakos logró erigirse en el segundo máximo goleador de la liga griega hace dos campañas. Esta temporada, volvió tras una larga lesión para dar a su selección de Comoras un histórico triunfo que los Celacantos venían persiguiendo desde 2007, cuando disputaron su primera fase de clasificación para una gran competición internacional.

“No, no me considero un héroe”, señala riendo la estrella del pequeño archipiélago, situado en el océano Índico. “Un héroe salva vidas. Yo soy un ser humano, soy normal; lo único que hago es jugar al fútbol. A partir de ahí, si puedo dar alguna alegría desempeñando mi oficio, ¡mucho mejor!”, precisa el autor del único gol de ese histórico Comoras-Botsuana, clasificatorio para la Copa Africana de Naciones 2017, que significó la primera victoria en competición oficial para los comorenses (1-0).

El 24 de marzo Comoras disputó ese encuentro contra las Cebras bajo una lluvia torrencial; hasta tal punto que el árbitro, Duncan Lengani, se vio obligado a interrumpir el partido durante más de un cuarto de hora en el segundo periodo. La meteorología parecía haber mojado la pólvora a los delanteros, y el marcador no se había movido. Cuando por fin escampó en la isla principal de Ngazidja (donde se jugaba el encuentro), los 22 jugadores pudieron regresar al campo, y Ben Nabouhane puso un rayo de sol en el corazón de sus aficionados marcando con el interior del pie izquierdo.

“Fue un gol muy importante para mí, porque volvía de una larga lesión; y marcar para mi país me resulta tremendamente entrañable. Pero sobre todo lo fue para Comoras, que además de ser una pequeña nación futbolística, es un país bonito pero pobre… Espero que ese tanto trajese un poco de alegría a los comorenses, y que tras ese triunfo vengan muchos más”, recalca el delantero, que también pasó a la historia como el primer jugador de Comoras en firmar un contrato profesional, con el Le Havre francés en 2007.

Como Payet y Pongolle
"La ambición de hacer del fútbol mi vida nació muy pronto, cuando era niño”, recuerda nuestro protagonista. “Iba a ver jugar a mi padre, que militaba en un equipo aficionado en la isla de Mayotte. ¡Era mi ídolo! Con 10 u 11 años, mis padres me mandaron a vivir a casa de mi abuela, en la isla de Reunión, para que pudiese estudiar en los mejores colegios… pero el fútbol prevaleció. Me incorporé al JS Saint Pierroise, y fui subiendo peldaños. Ese club tiene un acuerdo de colaboración con el Le Havre y, como hicieron Dimitri Payet, Guillaume Hoarau o Florent Sinama Pongolle antes que yo, me mudé desde Reunión hasta la región de Normandía. Ahí empezó de hecho mi carrera profesional”.

Por desgracia, Ben Nabouhane sólo tuvo ocasión de mostrar sus cualidades con la camiseta azul marino y celeste en 6 partidos. Y en 2011, con 22 años, dejó el club decano del fútbol francés por el modesto Vannes. Allí jugaba más, y eso le sirvió para que se fijase en él un equipo griego, el PAE Veria. Tras marcar 25 goles en dos temporadas allí, se convirtió en una de las estrellas de la liga helena. “Fue un detonante. Necesitaba ese cambio de aires. En Francia me estaba estancando, aunque reconozco que allí lo aprendí todo. En Grecia empecé a marcar goles, y la confianza, simplemente, se instaló en mí”, analiza.

El gran Olympiacos decidió entonces hacerse con los servicios del comorense en junio de 2015. Pero durante la concentración de pretemporada, Ben Nabouhane sufrió una rotura del ligamento cruzado. “A la fuerza, esa temporada fue un poco menos brillante y un poco más corta para mí”, ironiza. “Para remontar el vuelo, fui cedido al APO Levadiakos en enero, y allí encontré exactamente lo que buscaba: sensaciones. Volví a saborear la alegría de jugar, el placer de marcar… Con eso me basta para ser feliz”.

Y también a sus hijos… “Tengo dos chiquillos a quienes les gusta muchísimo el fútbol. Les encanta ver a su papá por la tele. Siguen todos mis partidos y están muy orgullosos de mí. Debo estar a la altura de sus expectativas”, concluye El Fardou Ben Nabouhane, padre modélico… aunque rehúya la etiqueta de héroe.