El éxito de los Nordahl
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La última vez que Londres albergó los Juegos Olímpicos, el mundo era un lugar muy diferente. Muchos de los asistentes habían soportado los horrores no sólo de una sino de dos guerras descomunales, y la capital inglesa asolada por los bombardeos aún estaba en las primeras fases de su reconstrucción.

Ni siquiera habían transcurrido tres años desde el final de la Segunda Guerra Mundial y el racionamiento de comida seguía en vigor en todo el territorio británico, incluso para los atletas participantes. Había, eso sí, una tremenda determinación de superar tales obstáculos, máxime porque estos eran los primeros Juegos desda la cita altamente politizada de Berlín 1936. Para que el acontecimiento fuera un éxito, el deporte debía pasar a primer plano.

Los deportistas que contribuyeron a alcanzar ese objetivo eran muy distintos de los profesionales de impecable puesta a punto y sustanciosos patrocinios que aterrizarán en Londres 2012. Un ejemplo que ilustra bien ese contraste fue el inicio de los Juegos de 1948, en los que la velocista holandesa Fanny Blankers-Koen, apodada El Ama de Casa Voladora tras reaccionar ante las críticas por no quedarse en casa a cuidar de sus dos hijos, ganó cuatro medallas de oro.

Una familia de futbolistas
Esa pionera de 30 años no fue la única figura sobresaliente en Londres 1948. En los campos de fútbol, un trío de hermanos se conjuró para conducir a Suecia hasta el mayor triunfo futbolístico de su historia y su único honor importante hasta la fecha. Los Nordahl, empero, no eran sólo tres. De los seis que componían la familia, cinco se hicieron futbolistas, y cuatro llegaron a representar a su país. Los tres que llegaron a la cita olímpica de 1948, Knut, Bertil y Gunnar, accedieron a la final, y más tarde se marcharían a Italia a desempeñar su oficio en la élite.

Era evidente que uno de los tres Nordahl destacaba por encima de sus hermanos. Gunnar, pese a ser el benjamín del trío olímpico, era el más grande futbolísticamente hablando, y no sólo en el seno de su familia. Fue el jugador más extraordinario de los Juegos de 1948, y terminó el torneo como máximo goleador ex aequo, habiendo anotado siete goles en sólo cuatro partidos.

Su compañero de equipo Gunnar Gren, con el que disfrutó de una alianza larga y fructífera tanto para su club como para su país, lo describía así: "Marcaba goles al primer toque, y goles espectaculares. Se colocaba en posiciones que otros no sabían ni que existían. Fue uno de los mejores jugadores que ha habido, y en mi opinión uno de los mejores goleadores".

Desde el comienzo quedó claro que Londres 1948 iba a ser el campeonato de consagración de Gunnar. En los 10 primeros minutos del primer partido de Suecia contra los sofisticados austriacos, obró un doblete y enseñó el camino del triunfo por 3-0. Asestó otras cuatro dianas en la demolición por 12-0 de la República de Corea en cuartos de final. Y aunque en el 4-2 sobre Dinamarca en semifinales no firmó ninguno, hizo gala de su cada vez más célebre ingenio en la jugada de uno de los tantos suecos.

Marcaba goles al primer toque, y goles espectaculares. Se colocaba en posiciones que otros no sabían ni que existían.
Gunnar Gren, sobre la habilidad de Gunnar Nordahl.

Al darse cuenta de que estaba en fuera de juego por una distancia de varios metros en el momento en que su equipo iniciaba un contragolpe, el delantero de 26 años reaccionó lanzándose al interior de la portería danesa para salir del terreno de juego y permitir a su compañero Henry Carlsson cabecear a la red en situación legal. Con su temple de acero, Nordahl tuvo la osadía de incluso atrapar con las manos el remate de Carlsson antes de que tocara el fondo de las mallas.

En la final retomó su avatar más letal, restableciendo la ventaja en el marcador para Suecia a los dos minutos de la reanudación en el triunfo por 3-1 sobre Yugoslavia. Semanas más tarde, los suecos sobrepujaron por 5-3 a los noruegos en un partido del Campeonato Nórdico y Nordahl fue el autor de los cinco tantos de los suyos. Semejantes proezas no pasaron desapercibidas entre los clubes punteros de Europa y nadie se sorprendió lo más mínimo cuando el AC Milan contrató los servicios del ariete sueco el 22 de enero de 1949.

Por desgracia, sin embargo, ese traslado acarreó el final de una formidable carrera internacional al cabo de tan sólo 33 partidos y 43 goles. A la sazón la Asociación Sueca de Fútbol aplicaba con rigor su política de seleccionar exclusivamente a futbolistas amateur. Fue así cómo uno de los mejores artilleros que ha dado de sí el fútbol dejó de comparecer internacionalmente a los 27 años.

Un estratega inglés
"Si hubiéramos podido contar con él en 1950, estoy seguro de que habríamos quedado por encima del tercer puesto", lamentó el seleccionador George Raynor en su reflexión acerca de la actuación de Suecia en la Copa Mundial de la FIFA Brasil 1950. "Nordahl nació para marcar goles".

Un récord de cinco títulos de Capocannoniere en Italia es otra prueba fehaciente de esa habilidad innata. Pero Nordahl no fue el único héroe de los Juegos Olímpicos de 1948 del que debería prescindir a partir de entonces el entrenador inglés de Suecia. El éxito de Gunnar en Italia abrió las puertas de la Serie A a otros compatriotas. Gunnar Gren y Nils Liedholm se incorporaron a las filas de los Rossoneri y conformaron con Nordahl el celebrado triunvirato Gre-No-Li.

En este contexto hay que reconocer el extraordinario mérito de Raynor, que, pese a la pérdida de tantos talentos, aún hoy sigue siendo el seleccionador de mayor éxito en la historia de Suecia. El técnico nacido en Barnsley, futbolista trabajador en las categorías inferiores de Inglaterra en sus años mozos, dio sus primeros pasos como entrenador internacional enseñando Educación Física en Bagdad durante la Segunda Guerra Mundial. Después de licenciarse como técnico al frente de una selección iraquí, llamó la atención de la Asociación Sueca de Fútbol, que contrató sus servicios. Al llegar al país escandinavo, Raynor se encontró con un pujante grupo de jugadores con muchas ganas de jugar y de aprender.

"Son gente muy estudiosa, y lo analizan todo", declaró jocoso en referencia a los suecos. "Por ejemplo, cuando a los integrantes de un equipo inglés les dices que se vayan por ahí a correr, los ingleses se van a correr. Pero si se lo dices a un equipo de suecos, querrán saber por dónde tienen que correr".

Raynor fue un revolucionario. Sus equipos fueron de los primeros en adoptar los sistemas 4-2-4 y 4-3-3 en una época en el que el esquema 4-4-2 era la ortodoxia absoluta. "Cuando retrasábamos los dos extremos hasta el centro del campo, nadie entendía nada", recordaría más tarde con una sonrisa.

De hecho, el comentario generalizado era que Suecia, de no ser por su reticencia a seleccionar futbolistas profesionales, habría estado a la altura de la afiladísima escuadra húngara de principios de los 1950. Hay que tener en cuenta que, incluso sin el tridente Gre-No-Li, Suecia finalizó tercera en Brasil 1950, convirtiéndose en el primer equipo que batía por el camino a un campeón del mundo de la FIFA, Italia. Una de las consecuencias de aquella victoria fue la emigración de más suecos a la Serie A. Con todo, Raynor guió a su selección hasta otra medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 1952, y luego hasta la final de la Copa Mundial de la FIFA 1958 en su propio terreno.

Esos gallardos acercamientos a la gloria le valieron a George Raynor el título de "Caballero" otorgado por el Rey de Suecia. La mayor altura con el combinado sueco, sin embargo, la había alcanzado con los Nordahl y compañía en 1948, año en que ya se entreveían los esplendores subsiguientes.