Rômulo, un largo camino antes de empezar
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Cualquier callejuela, jardín o plaza de Picos podía convertirse en un Maracaná. Los niños no dejaban de correr detrás del balón, arriba y abajo, con aquel sueño tan habitual como difícil de cumplir: ser jugador de fútbol. El volante Rômulo, candidato a entrar en la selección olímpica de Mano Menezes, lo ha hecho realidad.

Para un observador externo todo indicaría que, a sus 21 años, el centrocampista del Vasco da Gama está dando aún los primeros pasos de su carrera. Y, si consideramos únicamente la categoría profesional, así es. Sin embargo, antes de poder soñar con ser convocado para una Olimpiada y aspirar a conquistar títulos con el club carioca, tuvo que recorrer un largo trayecto, en el que lo más frecuente es quedarse por el camino.

“Llevo mucho tiempo luchando. Hace siete años que busco llegar adonde estoy hoy. Tengo mucha suerte de poder estar en esta situación”, explica a FIFA.com. Siete años pueden parecer pocos, pero no en el caso de este muchacho oriundo de Piauí, que se fue de casa a los 14 para vivir en otro estado, lejos de sus familiares y amigos.

Un momento de película
En el partido disputado ante Argentina en East Rutherford (Estados Unidos), Neymar indicó a sus compañeros que iba a lanzar rápidamente una falta desde la banda derecha, y les pidió que estuviesen atentos. “Entonces fui corriendo hacia el área”, recuerda Rômulo. “Conseguí adelantarme y pude marcar. Fue una alegría enorme, y más aún al no ser mi principal función”.

Argentina acabó remontando y se impuso por 4-3 en un choque emocionante. Pero para el centrocampista el recuerdo es, lógicamente, positivo, por haber marcado en su quinto amistoso con la Seleção un gol en cierto modo inesperado. Y justifica así su arrebato de entusiasmo dentro de la cancha: “Al celebrar un gol todo pasa muy rápido, parece incluso una película. Llegar a un momento así, sabiendo que pasé por muchas dificultades, por muchas cosas complicadas, es muy fuerte”.

East Rutherford, en el estado de Nueva Jersey, se halla muy lejos de Picos, como también lo está Caruaru, en Pernambuco, donde Rômulo llegó en 2004, para empezar su carrera en la cantera del Porto. “Me presenté a una prueba y pasé la criba. Resultó difícil: todavía era un niño, lo echaba todo en falta, pero con el tiempo tuve que acostumbrarme”.

Durante aquella etapa, se apoyó en una nueva familia, compuesta por otros chicos emigrados con los que compartía la residencia del club, en el que permaneció hasta 2009. “Todos pasábamos por lo mismo, así que nos ayudábamos los unos a los otros”, cuenta. Pero quedan pocos de aquella época. Tan solo menciona a algunos un poco mayores, como el volante Elicarlos, del Náutico.

Rômulo empezó a despuntar en competiciones de categorías inferiores con Brasil. En 2007, el Grêmio se interesó por él, pero el fichaje no fructificó. Dos años después, se incorporó al Vasco da Gama. “Allí era todo diferente de nuevo: era la primera vez que estaba en un club y en una ciudad grande. Al principio también sufrí una lesión en el muslo, que obstaculizó mi progresión. Pero confiaba en mi potencial, y conseguí títulos importantes”.

Ahora, solo mirar
Su estreno en el primer equipo del Vasco se produjo en junio de 2010. Poco a poco fue haciéndose un hueco, y ya es titular indiscutible en el mediocampo, nada menos que al lado de Juninho Pernambucano. Su fiabilidad a la hora de defender, con una fuerte pegada facilitada por su imponente porte físico y su buena estatura, lo han conducido ahora directamente a la lista previa de la Seleção olímpica.

Aunque diga que no da nada por seguro hasta que no se anuncie la convocatoria, Rômulo está bien situado: fue titular en los últimos cuatro amistosos, incluidos los que se saldaron con victoria sobre Estados Unidos y Dinamarca, y recibió, junto a su compañero en tareas de contención, Sandro, los elogios públicos de Mano Menezes.

“Para mí, supone una culminación: jugar en un equipo grande, llegar a la selección. Pretendo seguir así, buscando cada vez más, como persona y como jugador. Espero que todo esto dure mucho tiempo”, afirma. “Sería una buena experiencia participar en las Olimpiadas. Si el equipo lo hace bien, tiene grandes posibilidades de formar una base para el Mundial. Pero va a depender del resultado. En dos años, pueden pasar muchas cosas”.

Serían otras dos temporadas que sumar a una ya larga, aunque precoz, trayectoria. Su carrera va progresando, los periodos de concentración, viajes y entrenamientos aumentan, y todo eso lo separa un poco de su hija de tres años y de su esposa, con quienes vive en Río de Janeiro. Pero Rômulo siempre encuentra la forma de visitar Picos durante las vacaciones. 

“Soy una persona muy familiar, así que, cuando puedo, procuro volver a mi ciudad para combatir la nostalgia. Recuerdo muchísimos lugares con satisfacción. Jugaba en cualquier sitio: delante de casa, en pistas cercanas, en el campo. Siempre que voy, visito a amigos en esos lugares, para volver a verlos y recordar”, cuenta. “La diferencia es que ahora en la calle ya no se puede jugar, no. Solo mirar”.