Los hinchas podrán disfrutar de un auténtico festival del mejor fútbol en China, donde jugadores de la talla de Ronaldinho y Lionel Messi se disponen a competir por la gloria olímpica. Sin embargo, es posible que los aficionados al deporte rey ignoren que, de no haber sido por un capricho del destino -o en algunos casos por una acertada decisión a la hora de determinar el rumbo de sus carreras-, algunos de los grandes de todos los tiempos hubieran podido aspirar al oro en otra disciplina.
El juego más popular del planeta nunca ha carecido de extraordinarios deportistas completos. El ejemplo más notorio de sus primeros tiempos fue un inglés llamado Charles Burgess Fry. Casi todo el mundo se habría dado por satisfecho con una carrera que incluyó una participación en la final de la Copa de la FA con el Southampton y un partido con la selección absoluta inglesa, pero para Fry el éxito en el fútbol no fue más que un episodio menor de una trayectoria fascinante.
Fry poseía una mente brillante, y su intelecto y sus cualidades atléticas hicieron que se le llegase a describir como "el inglés de mayor talento en diversas disciplinas de cualquier época". Fry igualó el récord mundial de salto de longitud en 1893, y compitió al más alto nivel internacional en atletismo. También fue un acróbata reputado, y destacó en el rugby, hasta el punto de ser invitado a representar a los famosos Barbarians.
No obstante, por increíble que parezca, a Fry no se le recuerda principalmente por sus logros en todos estos deportes, sino por el críquet, disciplina en la que su récord de más de 30.000 carreras de primera categoría y su condición de capitán del Sussex y de la selección inglesa lo situaron como uno de los indiscutibles grandes.
Historias espectaculares
Aunque desde entonces nadie haya brillado como Fry en una variedad tan amplia de deportes, muchos siguieron sus pasos. Ben Howard Baker, por ejemplo, no sólo defendió la portería del Everton, el Chelsea y la selección inglesa, sino que también representó a Gran Bretaña en los Juegos Olímpicos de 1912 y 1920, en salto de altura.
Pero quien más cerca estuvo de emular al inigualable Fry fue Preguinho. Si bien a este brillante atleta se le recuerda principalmente por ser el primer capitán y el autor del primer gol de la historia de la selección brasileña en la Copa Mundial de la FIFA, practicó nada menos que ocho deportes en el Fluminense. Una anécdota especialmente legendaria es su contribución al título de campeón estatal de natación del Tricolor Carioca en 1925 antes de subir a toda prisa a un taxi y llegar al estadio del equipo de fútbol justo a tiempo para participar en la victoria sobre el São Cristovão en el Torneio Início.
Chris Balderstone, que también combinó el fútbol profesional con una carrera internacional en el críquet, afrontó una situación igualmente tensa cuando un día bateó por la mañana con el Leicestershire, jugó en el mediocampo del Doncaster Rovers por la tarde y volvió para completar su centena a la mañana siguiente.
Vsevolod Bobrov podría aspirar perfectamente a la distinción de deportista olímpico más destacado del fútbol. Fue un delantero goleador que sobresalió vistiendo los colores de la Unión Soviética y el CSKA de Moscú, para luego convertirse en uno de los mejores jugadores de hockey sobre hielo de la historia. Bobrov forma parte del selecto grupo de atletas que han competido tanto en los Juegos Olímpicos de verano (fútbol, 1952) como en los de invierno (hockey sobre hielo, 1956), colgándose una medalla de oro en estos últimos.
El internacional noruego Simen Adgestein triunfó en un ámbito menos tradicional, ya que fue gran maestro de ajedrez y representó a su país en siete Olimpiadas de esta disciplina.
Del bate al balón
Muchos otros futbolistas famosos han descollado en otros deportes. Buff Donelli, por ejemplo, fue uno de los mejores jugadores estadounidenses de rugby y fútbol de su generación, y tuvo una actuación señalada en la Copa Mundial de la FIFA 1934. Su compatriota Frank Borghi fue el guardameta de Estados Unidos en el famoso triunfo por 1-0 sobre Inglaterra en la edición de 1950, tras sus inicios como jugador profesional de béisbol. Más recientemente podemos citar a Bruce Arena -el entrenador que clasificó a los norteamericanos para Corea/Japón 2002 y Alemania 2006-, que comenzó su carrera deportiva como jugador profesional de lacrosse.
El mítico Johan Neeskens representó a Holanda, siendo elegido mejor bateador, en el Campeonato Europeo Juvenil de Béisbol en el decenio de 1960, mientras que Johan Cruyff, compañero suyo en el equipo Oranje, fue un magnífico lanzador antes de pasarse al fútbol.
Los arqueros han demostrado ser especialmente versátiles. Lev Yashin, Magnus Hedman y David Seaman fueron al principio guardametas de hockey sobre hielo. Otros esperaron a colgar los guantes antes de probar suerte en otros deportes, como Jesús Angoy y Horst Muhlmann, que militaron respectivamente en el Barcelona y el Schalke antes de llegar a la NFL, o Fabien Barthez, ahora piloto de rallies.
Ya sea la emoción de competir o un simple amor por el ejercicio físico lo que mantiene a estos ex jugadores en el mundo del deporte, la relación entre el fútbol y otras disciplinas de equipo está siendo más fuerte que nunca.


