Por primera vez desde 2006, Brian McBride vestirá la camiseta de Estados Unidos. El ex delantero del Fulham, que ha participado en tres ediciones de la Copa Mundial de la FIFA, está ilusionado ante su inminente aunque tardío debut olímpico. La víspera del primer partido que Estados Unidos disputará en Pekín 2008, contra Japón el jueves, McBride concedió a FIFA.com una entrevista exclusiva en Tianjin.
A sus 36 años, es el jugador más longevo de estos Juegos Olímpicos, pero la ilusión y el entusiasmo que rezuma el espigado ariete son tan contagiosos como los de un chaval. McBride, que acaba de firmar un contrato para regresar a la Major League Soccer de su país con el club de su ciudad natal, el Fire de Chicago, espera regresar a casa con una medalla para empezar con más brío aún el próximo capítulo de su ilustre carrera.
¿Qué le impulsó a abandonar su retiro del fútbol internacional y a embarcarse en la aventura olímpica de Pekín 2008 como veterano?
Yo no lo veo como un abandono de mi retiro. Es una ocasión de jugar con un equipo nuevo y de representar a mi país en los Juegos Olímpicos. No voy a regresar a la selección absoluta de Estados Unidos, pero la oportunidad de jugar en estos Juegos Olímpicos es algo que me ha emocionado mucho.
¿Tienen los Juegos Olímpicos algo especial que lo hayan impulsado a volver?
Sin duda alguna. A los estadounidenses nos enseñan desde pequeños a apreciar lo que significa participar en los Juegos Olímpicos. Este ciclo se repite cada cuatro años, y el entusiasmo y las expectativas están creciendo. Ahora yo tengo la posibilidad de estar aquí.
¿Alguna vez ha tenido la oportunidad de jugar en unos Juegos Olímpicos?
Sí, la tuve, pero no me eligieron para la selección olímpica. Por mi edad podría haber participado en Barcelona 1992. Ya han pasado muchos años de eso.
Probablemente su entrenador le lleve a usted menos años que usted a algunos de sus compañeros, como Jozy Altidore y Freddy Adu. ¿Qué se siente al ser "el viejo" del equipo?
Está bien. No me importa en absoluto. Realmente es un buen grupo de muchachos que disfrutan gastándose bromas y divirtiéndose, pero también se lo toman muy en serio al saltar al campo y representar a su país. No me importa ser el mayor.
¿Observa que esta nueva generación de futbolistas estadounidenses es más profesional que la suya, acaso por influencia de la liga MLS?
Tal vez estén más curtidos que yo cuando tenía su edad. Está claro que comprenden cabalmente lo que se necesita física y mentalmente, y por supuesto que la MLS ha propiciado este progreso. No sólo eso: ahora hay jugadores jóvenes que tienen la experiencia de haber jugado en el extranjero y de ser internacionales. La profesionalización del fútbol en Estados Unidos lo ha hecho posible.
Su carrera en Inglaterra ha tocado a su fin. ¿Qué recuerdos guardará de su estancia allí?
Lo más importante para mí fue compartirlo todo con mi familia. Mi estancia en el Fulham fue muy especial. Conocí a un montón de gente en el club y a los seguidores, y eso para mí es algo muy especial. El equipo era un grupo muy unido y todos nos conjuramos al final de la campaña para mantenerlo arriba. Estoy encantado de haber formado parte de eso.
Volviendo a los Juegos Olímpicos, ustedes están encuadrados en un grupo difícil junto a Japón, Nigeria y Holanda.
Todos somos conscientes de que éste va a ser un grupo muy difícil. No hay ninguna duda. Todo el mundo habla de Nigeria y Holanda, pero nosotros vamos a tener un partido complicadísimo contra Japón en nuestra apertura del telón. Ahora mismo sólo estamos pensando en ese choque. Ya nos preocuparemos de lo que venga después a su debido tiempo.
¿Hasta dónde van a llegar en China?
Nuestra meta es superar el grupo; así de sencillo. Si lo logramos, a ver qué pasa entonces.
En comparación con la Copa Mundial de la FIFA, en la que usted ha aparecido en tres ediciones, ¿con cuánta ilusión y expectativas llega a estos Juegos Olímpicos?
Las expectativas crecen por momentos. Cuando disputamos la Copa ING en Hong Kong, empezamos a ilusionarnos poco a poco, pero ahora que estamos en China podemos palpar la energía. Hemos caído en la cuenta de que por fin estamos aquí, de que todo está en marcha.


