Solomon Okoronkwo, oriundo de Enugu (Nigeria), siempre tiene una sonrisa dibujada en el rostro cuando sus pies tocan el balón sobre el campo de entrenamiento. Entre los chistes y los provocativos regates que brinda a sus colegas, el corpulento futbolista escucha con atención las palabras de su entrenador y ex astro de las Súper Águilas, Samson Siasia. Durante los partidos, Okoronkwo es la personificación de la profesionalidad: marca la pauta como un reloj, derrocha habilidad técnica y exhibe una penetrante visión de juego en una Nigeria que está deslumbrando en su afán por conquistar en Pekín su segundo oro de la historia en el Torneo Olímpico de Fútbol.

"Nuestro grupo fue realmente difícil", comenta el cazagoles del Hertha de Berlín a FIFA.com. "Primero nos enfrentamos a los holandeses con todas sus estrellas, luego a los astutos japoneses y, por último, a los estadounidenses, que son fuertes físicamente y mejores de lo que la mayoría de la gente piensa".

Tras certificar su pase a cuartos de final el miércoles en Pekín con una victoria por 2-1 sobre Estados Unidos, los nigerianos abordan ahora un encuentro de cuartos contra su vecina Costa de Marfil, en un duelo africano que ya está haciendo la boca agua a los aficionados que se han congregado en la turística ciudad costera de Qinhuangdou. Teniendo en cuenta que se verán las caras con Solomon Kalou, el letal romperredes costamarfileño, es buena noticia saber que Okoronkwo y sus compañeros están alcanzando su ritmo natural de juego.

"Estamos haciendo correr el balón sobre el césped; un toque, dos toques. No queremos mandarlo arriba y tener que correr tras él. Para mí, eso no es fútbol", señala Solomon, que ha metido el pie en prácticamente todas las jugadas relevantes de los suyos en China. "El entendimiento entre Victor Obinna, Peter Odemwingie y yo, y con los demás muchachos del equipo está creciendo con cada partido. Nos estamos haciendo más fuertes y estamos mejorando nuestro fútbol".

Cuando empezamos a hablarle de los logros de la selección nigeriana que consiguió el oro en Atlanta en 1996, Okoronkwo se apresura a echar el freno de mano y a inyectar un poco de perspectiva en la conversación. "Estamos poniendo lo mejor que tenemos para llegar lo más lejos posible", asevera. "No podemos empezar a hablar de medallas a estas alturas, porque cualquiera de los equipos que han quedado en este torneo puede hacernos daño".

Este análisis hace referencia, entre otros, a un combinado marfileño que a punto estuvo de sorprender a Argentina en su estreno, y que se ha granjeado muchas simpatías en China por su fútbol refrescante y ofensivo.

Mientras juega a las órdenes de su ídolo, el entrenador Siasia, a quien Okoronkwo califica como "el mejor", el delantero afincado en Alemania es plenamente consciente de las expectativas que se están levantando en Lagos, Abuja y a lo largo y ancho de una Nigeria apasionada por el fútbol.

"Toda la gente de nuestro país está rezando por nosotros y viendo los partidos por televisión", nos cuenta con una orgullosa sonrisa. "Todos nuestros familiares y amigos nos están apoyando y deseando que consigamos la medalla de oro. Hablo con ellos todo el rato, por correo electrónico y por teléfono. Es una enorme fuente de energía".