Y cambió todo en la vida de Sergio Romero. El gigante argentino con cara de niño llegó a la cita olímpica con la ilusión de atajar algunos minutos, consciente de que la titularidad era patrimonio de Oscar Ustari. No obstante, la desafortunada lesión del arquero del Getafe en los minutos finales del partido ante Holanda le abren ahora la posibilidad de mostrarse y colaborar desde adentro por una nueva medalla dorada.
"A nadie le gusta entrar porque un compañero se lastime, aunque estas son las cosas que tiene el fútbol, ¿no?", aclara el portero del AZ Alkmaar a FIFA.com. "Fue una sensación rara. Apenas noté el gesto de Oscar me puse muy ansioso. Tenía que entrar en los minutos finales y en un partido muy difícil. Quería demostrar cuanto antes que estoy apto para darle seguridad a mis compañeros".
El arquero habla desde la experiencia: el año pasado, fue uno de los pilares del equipo que obtuvo la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA en Canadá, gesta que también había conseguido Ustari dos años antes, en Holanda. Sin embargo, la cita olímpica representa algo especial: "Para mí estar en un Juego Olímpico es impagable. Siempre fui fanático del básquet, mi hermano es jugador profesional incluso. Por eso, haber pasado por la Villa Olímpica y conocer a gente como Kobe Bryant fue increíble. Me saqué una foto con él y le avisé a mi familia, ¡no lo podían creer! Eso solo ya hizo que esta experiencia valga la pena", cuenta con una alegría imposible de disimular.
Brasil, ese escollo conocido
Romero sabe que los 45 minutos que disputó ante Holanda resultaron cruciales, así como los 90 atajados en el último partido de la fase de grupos ante Serbia. "Me vino bien, sobre todo para la confianza. Si bien ya estábamos clasificados, sentirme seguro y demostrar que podía estar a la altura de las circunstancias me fue clave", explica. Sin embargo, los próximos 90 tendrán un gusto especial: una semifinal olímpica y ante Brasil, el clásico e histórico rival.
"Nos conocemos bien y sí, no vamos a negar que existe una rivalidad desde siempre. A Brasil le queremos ganar siempre como sea, y ellos también nos querrán ganar a nosotros. Es un choque muy especial", agrega quien, en su único enfrentamiento directo contra sus vecinos, rescató un empate. "Jugué contra ellos en un Sudamericano y terminamos 2 a 2. Yo sé que se dice que nos ganaron varios partidos importantes últimamente, pero en este equipo hay muchos jugadores que han vencido en competiciones juveniles, ¿eh?".
Desde su 1,91 metros de altura, Romero habla con la tranquilidad de un veterano. Y se anima a soñar, claro: "Nosotros vinimos acá como los campeones defensores y la intención es retener esa medalla como sea. Estar acá ya es impagable. Llevarse la de oro haría todo incluso más lindo".


