Para algún desprevenido, Sergio Batista podrá ser un desconocido al mando de la selección argentina. De perfil bajo, hablar pausado y conceptos claros, el actual estratega olímpico de la Albiceleste no pertenece al rubro de directores técnicos que se paseen por las primeras planas con declaraciones exorbitantes.
Sin embargo, para aquellos conocedores del fútbol argentino, el Checho es una figura de renombre que tiene en su haber, entre tantos otros logros, dos finales de la Copa Mundial de la FIFA consecutivas. Ya sin esa barba característica con la que saltó a la fama en México 1986 e Italia 1990, pero con la misma tranquilidad que exhibía en el campo de juego, el ex futbolista de Argentinos Juniors y River Plate dialogó con FIFA.com acerca de su filosofía de juego, las claves para ganar una nueva medalla y el inminente partido con Brasil.
Señor Batista, en 1992, recién retirado del fútbol, manifestó que jamás se dedicaría a trabajar como entrenador. Cuántas cosas han pasado desde entonces, ¿verdad?
¡Uf! Sí, claro. No quería saber nada con trabajar como director técnico, aunque sí me tentaba la idea de ser ayudante de campo. Pero en Japón estuve jugando, me ofrecieron ser entrenador al mismo tiempo y le fui agarrando el gustito. Hoy, años después, estamos ante una semifinal olímpica. No está mal...
¿Pero tenía razón? No es fácil ser director técnico...
Claro que no. La presión es muy grande y la exigencia siempre la misma: ganar, ganar y ganar. Estamos un poco enfermos lamentablemente en ese aspecto. Uno entiende que hay muchas cosas en juego y que la gente está un poco nerviosa en los estadios, pero eso no quiere decir que uno deba aceptar que lo insulten o cosas así. Algunos dicen que hay que entender que la sociedad está enferma y va a desquitarse a la cancha, pero si es así, ¡que vayan a insultar a la Plaza de Mayo y no a los futbolistas! Es un clima difícil, no es grato.
Ahora está trabajando aquí con José Luis Brown, compañero suyo en México 1986.¿Con qué cosas disfrutan en ese contexto que acaba de mencionar?
Con el grupo y los jugadores. Me gusta tener confianza con ellos, charlar mucho y verlos contentos. Eso, y el hecho de hacer lo que a uno le gusta, es lo fundamental. Si el grupo no está bien conmigo, si percibo cierto malestar, soy el primero en dar un paso al costado. Y con el Tata estamos ante una gran posibilidad: ya demostramos lo que podemos dar por esta camiseta como jugadores, y ahora queremos hacer lo mismo desde otro lugar.
Diego Maradona está de visita, ¿qué aporta a esta experiencia?
Diego motiva mucho dentro del grupo y además aporta su visión que es fundamental después de pasar 15 años con la selección. Estamos muy contentos de que haya venido y, sobre todo, de ver lo bien que se encuentra. A nosotros como cuerpo técnico también nos sirve, porque lo escuchamos mucho.
Hablemos la rivalidad con Brasil. ¿Cómo le ha ido en su carrera contra esa camiseta?
Gané dos veces y perdí dos, parejo. Es un clásico especial en el que no importa quién llega mejor: puede ganar cualquiera. Nos respetamos mucho mutuamente, y si pudiéramos evitarnos hasta la final, lo haríamos los dos. Pero que quede algo en claro: Brasil no es más que Argentina, por más de que le haya ganado los últimos partidos. Son sólo rachas, como lo era a favor nuestro en la década del 90'.
¿Es el enfrentamiento de Italia 1990 el que más recuerda?
Sí, claro. No jugamos bien y sufrimos mucho, pero ganamos ante un rival muy importante. Tuvo su gustito especial, como siempre que eliminamos a Brasil. Para ellos es igual, ¿eh?
En ese partido jugó Dunga también, ¿qué recuerda de él?
No recuerdo haber tenido ningún cruce con él, era aguerrido pero un caballero.
¿Y cómo entrenador? ¿Cómo lo ve?
Lo han criticado por la forma de jugar que tiene Brasil, pero no le echo la culpa. En el fútbol mundial ya no quedan inocentes, y si sales a jugar Jogo Bonito pero pierdes el partido, te matarán con las críticas. El fútbol de hoy lamentablemente es así, hay que tener paciencia y cuidarse más. Él lo entendió y así ganaron, por ejemplo, la última Copa América.
¿Qué tipo de partido veremos el martes?
Los dos equipos se van a analizar, pero habrá buen fútbol porque hay buenos jugadores. Nosotros vamos a buscar el partido, pero sin ser inocentes. Brasil va a salir a esperar, como en la final de la última Copa América. Entonces, ¿por qué tengo que ir a regalarme si a mí no me atacan? Buscaremos el arco contrario pero con paciencia, y estaremos bien armados cuando nos busquen de contra.
¿Le parece que a Brasil le gustaría tener a alguno de sus jugadores?
¡A muchos! ¿Quién no querría tener a Messi, Riquelme, Agüero o Mascherano? Y eso que estoy dando algunos ejemplos nada más. Pero ellos tienen grandes futbolistas también: Ronaldinho, Pato, Marcelo, Anderson... tienen nuestro respeto.
¿Tiene algún pronóstico para el partido?
Vinimos a ganar la medalla dorada y soñamos con conseguirlo.
Dónde habrá quedado ese Batista que no quería ser entrenador, ¿verdad?
¡Muy lejos en el tiempo! (Risas) Han pasado muchas cosas desde entonces, y estoy muy ilusionado en el lugar que me toca ocupar hoy. Ojalá que esta experiencia termine como todos esperamos.


