Partido el sábado, descanso, entrenamiento de lunes a viernes y vuelta a empezar: el ciclo de un futbolista profesional puede llegar a ser repetitivo. Sin embargo, los Torneos Olímpicos de Fútbol aportan algo que se aleja totalmente de la experiencia habitual de los jugadores. Cuando Stuart Pearce entrenó a la selección de Gran Bretaña en las Olimpiadas de 2012, llevando al equipo a los cuartos de final, vivió una experiencia distinta a todas las demás de su brillante carrera.

Este verano asistiremos al Torneo Olímpico de Fútbol masculino Río 2016, y FIFA.com ha hablado con Pearce para conocer cómo fue su experiencia futbolística olímpica, al margen de lo que el mundo ve por televisión. El técnico también repasa algunos de los principales momentos de su trayectoria.

¿Cómo vivió la transición de jugador a entrenador? ¿Qué supuso ese cambio para usted?
Fue suave y dura a la vez. Cuando estaba terminando mi carrera de jugador, que prolongué hasta los 40 años, empecé a formarme como técnico. Eso me dio una perspectiva excelente para seguir jugando, y también para ver el juego de otro modo al entrenar. Tuve la suerte de que, el mismo día en que colgué las botas, Kevin Keegan me incluyó en el cuerpo técnico, así que di directamente el salto a los banquillos, y para mí fue algo fantástico. Pasé tres años y medio yendo con él a las reuniones del consejo de administración, hablando con directivos financieros del club, ampliando conocimientos, al mismo tiempo que desempeñaba mi trabajo. Y Kevin Keegan y su asistente, Arthur Cox, fueron dos grandes modelos, mentores, por así decirlo, eso me ayudó muchísimo.

Cuando me convertí en entrenador tuve que asumir que ya no era futbolista, y llevar a cabo esa transición desde el punto de vista psicológico, para estar junto a la línea de banda y ser analítico, aunque al mismo tiempo seguía teniendo el deseo de salir a la cancha y lanzarme a por un rival.

¿Alguna vez le resultó difícil no poder participar en las bromas del vestuario? ¿Cómo compaginó la diversión con ser al mismo tiempo un líder?
Probablemente el momento más difícil fuese cuando me hice cargo de manera provisional del Nottingham Forest, a los 35 años. El club cambió de entrenador y de propietarios, y me encomendaron dirigir temporalmente al equipo. Fue bastante interesante el cambio que viví en el vestuario, al dejar de ser la referencia, de estar justo en el centro, tras haber ejercido de capitán del club durante varios años, y la reacción de otros jugadores al saber que era yo quien dirigía al equipo. Desde un punto de vista psicológico, eso me abrió mucho los ojos. Me mostró que un entrenador es eso, un entrenador, y que no puede volver al vestuario como jugador en ningún momento, sencillamente.

Estamos en año olímpico. ¿Cómo fue su experiencia en las Olimpiadas, como entrenador de Gran Bretaña? 
Ahora, en estos momentos, diría que desde el punto de vista de un entrenador probablemente fuese el mayor honor, y algo muy revelador para mí, participar en algo más grande que el propio fútbol. Estábamos exhibiendo nuestra profesión en algo totalmente global, algo grandísimo. Sí que fue increíble. El profesionalismo y el amateurismo que representaba, todo a la vez, fue algo extraordinario. Entre la gente que había allí se encontraban deportistas multimillonarios entrenándose en el mismo gimnasio que otros totalmente amateurs, en la villa olímpica. Fue algo estimulante, de verdad. ¡Nuestros jugadores quedaron abrumados! Al principio no sabían lo que les esperaba, pero en cuanto fuimos a la primera presentación del equipamiento y entramos en la villa olímpica, de repente se les abrieron los ojos, y creo que a todos les pareció una experiencia maravillosa.

¿Y qué momento o momentos de aquella experiencia le quedaron grabados en el recuerdo?
Llegamos a la villa olímpica después de que los jugadores se entrenasen o jugasen el día anterior, y tuve que hacer ejercicios de recuperación con cinco hombres. Los llevé a la zona de gimnasio de la villa olímpica, donde había un equipo de judo femenino francés entrenándose en una esquina, una gimnasta rusa en otro lado, junto a unos boxeadores, y también estábamos nosotros. Nuestros jugadores se quedaron boquiabiertos, y no fui capaz de que me prestasen atención, de ninguna manera. Vieron a atletas en situaciones en las que no estamos acostumbrados a verlos desde fuera.

Fue algo increíble, fue sensacional ver la concentración de toda esa gente al realizar distintos tipos de ejercicios. Uno entraba allí y había multitud de máquinas funcionando, colas grandísimas para poder acceder a ellas. A lo mejor había un levantador de pesas turco y, justo detrás, alguien que no llegaba al metro y medio, ese tipo de cosas. Fue bastante extraño. Alguien me lo describió como “el espectáculo de rarezas más en forma del mundo”. Una experiencia maravillosa.

¿Y cuál es su mejor recuerdo de la Copa Mundial de la FIFA Italia 1990™?
Mi carrera como internacional duró doce años, y únicamente conseguí llegar a una fase final mundialista, y eso fue después de dos años con la selección. Volviendo la vista atrás, para el fútbol inglés probablemente fuese el catalizador de la Premier League y de una nueva era. En varios aspectos, sirvió para reavivar el amor por el fútbol de mucha gente de Inglaterra. El fútbol estaba avanzando lentamente, en los 80 habíamos tenido algunos problemas en las gradas, los estadios no eran muy buenos, recibimos una sanción europea y había muchos aspectos negativos en torno a Inglaterra y el fútbol inglés. Lo resumiré así: volvimos al Reino Unido después de alcanzar unas semifinales y había un cuarto de millón de personas esperando para recibirnos. Para recibir a un equipo que había perdido en semifinales. No creo que eso pudiese pasar en ningún país del mundo.

¿Qué opina de la actual selección inglesa que participará este verano en la UEFA EURO 2016?
Todavía nos falta algún detalle para conseguir proporcionar a nuestros jugadores jóvenes suficiente experiencia en los torneos antes de que den el paso a las grandes citas internacionales. Creo que eso es un gran freno, que nos perjudica. Pienso que otras naciones del mundo lo hacen mucho mejor que nosotros. Creo que tenemos un grupo de probablemente 40 jugadores, son muchos entre los que elegir, para llegar a los 23 definitivos. Hay calidad, y eso es prometedor, pero me pregunto qué experiencia de torneos tienen estas jóvenes promesas para poder rendir en una gran prueba, cuando llegue el momento de hacer frente a toda la presión.

La edición de este año está totalmente abierta. No creo que los grandes de Europa estén rindiendo a un gran nivel. La Eurocopa está abierta, y todo se decidirá en función de quién consiga alcanzar su mejor forma cuando llegue el momento. Alemania estará fuerte, no cabe duda, y el equipo que gane el trofeo será el que haya rodado a sus jóvenes en grandes torneos.