Con sus 1,95 metros de estatura y su legendaria habilidad, Nando de Colo hubiese sido un magnífico futbolista. Pero para gran alegría de los aficionados al baloncesto, el francés, nacido en Sainte-Catherine (región Norte-Paso de Calais), optó por el balón naranja, que maneja con una maestría fuera de serie.

El base, de 29 años de edad, ex del Cholet, del Valencia, del San Antonio o del Toronto, acaba de culminar una temporada estratosférica con un segundo título de campeón de Rusia con el CSKA de Moscú, la corona de la Euroliga y el galardón al mejor jugador de la Final Four.

Además, él fue el principal artífice de la clasificación de Francia para el Torneo Olímpico de Baloncesto de Río 2016 el pasado 10 de julio. Plenamente centrado en la pugna por las medallas, que comenzará el 6 de agosto contra Australia, hizo una breve pausa para conversar con FIFA.com sobre su pasión por el fútbol.

¿Cuál es su relación con el fútbol?
Comencé con el baloncesto a los cinco años, y de los nueve a los 11 practiqué los dos deportes simultáneamente. Por entonces, en Arrás, hacía mi entrenamiento de fútbol y cruzaba una pequeña calle para empezar el entrenamiento de baloncesto. Cuando las fechas coincidían bien, podía disputar mi partido de baloncesto el sábado y el de fútbol el domingo. Eso me encantaba, porque soy muy aficionado al deporte y mi familia es muy deportista. Estuve así dos años, y ya después tuve que elegir porque me tocaba entrar en estructuras un poco más profesionales. Seguir con los dos deportes era muy complicado. Elegir me resultó difícil, aunque mi entorno hizo que finalmente la decisión fuese muy simple y natural. Ahora intento jugar y organizar partidos en verano, cuando voy a España. No me gusta jugar al baloncesto cuando estoy de vacaciones.

¿Qué tipo de jugador es usted?
De chaval jugué un poco en todas las posiciones. Mi primer partido fue en una categoría superior a la mía. No teníamos portero, así que me pusieron bajo palos. La experiencia no fue convincente… Era la región Norte, hacía frío y como no había preparado guantes… Se me hizo largo (risas). Después, me gustaba mucho jugar por las bandas. Era rápido y alto, lo que resultaba muy práctico a la hora de recuperar los centros. Ese era mi punto fuerte. Ahora me gusta jugar por el centro, hacer jugar al equipo, disparar, tirar…

¿Que le aportó el fútbol en su aprendizaje del baloncesto?
No mucho, porque son dos deportes muy diferentes. Quizás el trabajo de apoyo que está tan presente en el fútbol y que no se trabaja necesariamente en el baloncesto cuando eres joven. Yo creo que eso me ha ayudado en mi desarrollo.

¿A qué club sigue?
En 1998 me trasladé de Arrás a Lens, que no tenía un gran equipo de baloncesto, pero que había logrado progresar con un grupo de buenos elementos. Allí me quedé dos temporadas y mi padre consiguió entradas para los partidos del RC Lens en casa el año del título. En aquella época, el Lens dominaba la liga, atraía a buenos jugadores extranjeros y contaba con buenos futbolistas franceses. Fue algo interesante de ver.

¿Hubo algún jugador que le marcara especialmente?
Era muy fan de Tony Vairelles. Me parecía muy completo, rápido, bueno de cabeza, con la diestra, con la zurda, buen pasador… Entonces estaba en su plenitud. Cuando éramos niños, adoptábamos el nombre de un jugador sobre la cancha. Yo era siempre el dorsal número 11 del RC Lens. Esperaba que hiciese una carrera con más recorrido. En el deporte, te la juegas a la mínima. Hacen falta oportunidades y un poco de suerte… Él no tuvo la carrera que se merecía, aun así yo le respetaré siempre, aunque sólo sea por aquel título de liga y porque crecí con él.

¿Quién más le hizo soñar?
Evidentemente, tuve mi periodo Zinédine Zidane, igual que todo el mundo. He visto un vídeo en Internet que venía a decir: "Hay jugadores que han ganado el campeonato, pero no la Liga de Campeones, y a la inversa. Hay jugadores que lo han ganado todo, menos la Copa Mundial. Está Thierry Henry, que lo ha ganado todo, a excepción del Balón de Oro. Y luego está Zidane…". Yo creo que eso resume bien al personaje… Zidane hizo soñar a más de uno. 

¿Hay algún futbolista con el que se identifique?
Soy fan de Andrés Iniesta. Es un jugador capaz de hacer muchas cosas distintas sobre el césped, muy sobrio, que además mete goles muy importantes en las grandes citas. Es un hombre que a menudo no está en la primera plana, pero que está ahí con todas sus cualidades para trabajar al servicio de su equipo. Busca ante todo resultados y títulos, ya sea con su club o con su selección. Esa es exactamente mi mentalidad.

Usted juega desde hace dos años en Rusia, que organizará la próxima Copa Mundial de la FIFA. ¿Qué nos puede decir de ese país?
Creo que va a ser muy interesante ver la Copa del Mundo allí. Rusia no es un país al que la gente vaya normalmente. Lo más importante es no fiarse de las primeras impresiones. Cuando llegué tuve la sensación, como muchos otros extranjeros, de que la gente es muy fría de entrada, a lo que hay que añadir la barrera del idioma. Al principio no resulta fácil hacerse entender, eso sí, una vez que se conoce la cultura y la mentalidad, es un país muy agradable para vivir. Yo llevo allí ya dos años y estoy muy a gusto. He descubierto Moscú, que es una ciudad preciosa. Los inviernos son fríos, con mucha nieve, pero todo cambia en verano. Hay mucha vegetación, parques para los niños. Mi familia y yo nos hemos lanzado y hemos descubierto muchas cosas bonitas. Los rusos son muy buenos organizando y seguro que van a hacer algo grande. Yo estaré ahí para verlo.

¿En qué estado de forma y con qué objetivos aborda este Torneo Olímpico con los Bleus ?
Para seis de nosotros estos serán los segundos Juegos Olímpicos. No tomamos el camino más corto para clasificarnos, porque tuvimos que disputar el preolímpico en Filipinas. No fue fácil porque los partidos fueron muy seguidos y todos veníamos de concluir una temporada muy larga. Con todo, hicimos el esfuerzo necesario para estar ahí. Nuestra preparación no comenzó muy bien, con derrotas ante Serbia y Croacia, no obstante, tenemos experiencia para rehacernos y comenzar con buen pie este torneo. Será complicado alcanzar el oro porque Estados Unidos sigue muy por encima del resto del mundo, pero conseguir una medalla es claramente nuestro objetivo. Sin embargo, no basta con pensarlo, hay que emplearse a fondo para lograrlo.