Muricy Ramalho, uno de los entrenadores más laureados de Brasil, tiene fama de ser una de esas personas que no pueden apagar el televisor ni cambiar de canal cuando hay un partido de fútbol. De quienes se obsesionan por el juego. Este miércoles, si dio por casualidad con el encuentro que enfrentaba a Colombia y Nigeria en el Torneo Olímpico de Fútbol masculino Río 2016, sin duda se habrá intrigado, y sonreído, al ver la actuación de un viejo conocido suyo en São Paulo: el colombiano Dorlan Pabón.

El centrocampista estuvo a sus órdenes durante algunos meses en 2014, cuando sus caminos se cruzaron en uno de los grandes paulistas, el São Paulo FC. En aquel momento, el técnico se congratuló por la contratación de un jugador que le brindaba la posibilidad de canalizar las acciones ofensivas y poner en apuros a las defensas contrarias en el Brasileirão. Ahora, dos años más tarde, es uno de los veteranos de la selección colombiana tras haber ejecutado a la perfección lo que se espera de un mediapunta de tanto talento.

El 2-0 de los colombianos sobre Nigeria partió literalmente de las botas del futbolista del Monterrey, de 28 años. En el primer gol, que llegó a los 4 minutos, fue él quien dio la asistencia a Teo Gutiérrez, y no mediante un simple pase lateral, sino de un lanzamiento preciso desde el mediocampo hasta el área grande. Después, en el segundo tiempo, inició la acción que terminaría en un penal y sentenció el resultado. Él mismo lo ejecutó, de un resolutivo disparo con la derecha. El regreso de Pabón a São Paulo salió pues a pedir de boca.

Pabón-Teo, una pareja bien avenida
“Haber vuelto ahora con la selección es algo distinto, de verdad, algo lindo. Los futbolistas pasan por distintas ciudades a lo largo de sus carreras, y eso es especial. Tuve un paso breve por São Paulo, pero los hinchas me trataron con mucho cariño”, explica el cafetero a FIFA.com. “Lo bueno es que he regresado haciendo lo que quería, lo que contaba con hacer dentro de la cancha”.

En esta entrevista, poco antes de entrar en los vestuarios, el colombiano estaba con los brazos pegados al cuerpo, un tanto encogido, como respuesta a la bajísima temperatura que se registró en el Arena Corinthians, al menos para Sudamérica. “Había que calentarse un poco, ¿no?”, pregunta, retóricamente.

Con el balón en movimiento, Pabón se esforzó por calentar el juego, manteniendo a Colombia viva en el torneo. Y, como ya sabemos, encendió el duelo desde el principio, con un sensacional pase en largo. Lo interesante es oír la descripción de la jugada en boca del propio jugador. Oyéndolo, la ejecución parece sumamente sencilla, cuando en realidad fue una acción muy poco común. “La verdad es que cuando me llegó el balón ya vi a Teo disparando. Entonces no tuve más que controlar y lanzar. Teo lo recibió y resolvió como hace siempre, muy bien”, afirma.

Fue una compenetración perfecta entre dos de los tres jugadores mayores de 23 años de la selección que dirige Carlos Restrepo. Después de que Colombia se pusiese por delante en el marcador en las dos primeras jornadas, ante Suecia y Japón, y acabase cediendo un empate, ¿había llegado el momento de que los veteranos se echasen el equipo a cuestas? Pabón no lo ve así. “Lo importante es que todos asuman las responsabilidades. No creo que se puedan establecer diferencias entre jóvenes y mayores. Esto es la selección de Colombia, como un país. Somos sus representantes y queremos hacer historia”, señala.

La anfitriona, siguiente piedra en el camino
Lo cierto es que ante Nigeria, al contrario de lo que había ocurrido en las contiendas disputadas en Manaos, Colombia apenas sufrió, señal de que el combinado sudamericano ha aprendido la lección. “Contra Japón, queríamos marcar el tercero a toda costa. Pero nos descuidamos atrás, y el rival empató”, recuerda. “Ahora hemos sido mucho más tácticos. Marcamos los goles y nos preocupamos por mantener la portería a cero, aunque sin perder nuestra actitud”.

Al adjudicarse la segunda posición del Grupo B, con un punto menos que los propios nigerianos, Pabón y Colombia han prolongado durante unos días su estancia en São Paulo, donde jugarán los cuartos de final este sábado, frente a Brasil. Y puede que sea la ocasión de reencontrarse con algún ex compañero de otra etapa. Al menos, ya sabe el frío que hace en la ciudad. Y que, tratándose de la selección brasileña, su antiguo entrenador, Muricy, no se perderá el choque.