Brasil vencía 1-0 a Colombia y dominaba el encuentro, aunque era importante sentenciar. Fue entonces cuando Neymar asistió a Luan en el centro del campo, en un contraataque. El mediapunta controló el esférico, avanzó y anotó un golazo que supuso el 2-0 definitivo de los suyos, además de certificar el pase a las semifinales del Torneo Olímpico de Fútbol masculino Río 2016. Fue un disparo sensacional, con gran efecto, ante el que nada pudo hacer el cafetero Cristian Bonilla.

Los espectadores poco avezados siempre pueden preguntarse hasta qué punto pretendía hacer ese lanzamiento o si tuvo algo de suerte. Pero el jugador del Grêmio asegura muy serio a FIFA.com que fue pura técnica. “Intenté ponerlo ahí. Cuando controlé el balón, me di cuenta de que el arquero se iba para el otro lado. Entonces traté de girar el pie lo máximo que pude en movimiento, y gracias a Dios funcionó. El efecto salió bien y pude engañarlo”, explica. ¡Por supuesto, que nadie intente repetirlo en casa!

Ése ha sido el gran momento de Luan con los colores de Brasil hasta la fecha y en este torneo. Sin embargo, jugadas así demuestran a los hinchas que las expectativas de que el equipo anfitrión iba a contar con un prometedor tridente ofensivo en su intento de conquistar el oro olímpico eran engañosas. A decir verdad, se trata ya de un cuarteto, puesto que el jugador de 23 años está rindiendo al mismo nivel que Gabriel Jesus, Gabigol y el genial Neymar.

El habilidoso brasileño empezó las Olimpiadas entre los reservas, y su equipo se topó con dificultades ante las disciplinadas retaguardias de Sudáfrica e Irak. Coincidencia o no, a partir de su titularidad —en principio como falso delantero centro— la línea ofensiva comenzó a desplegar un gran juego y acumuló seis goles en sus dos últimos partidos, contra Dinamarca y Colombia.

El fútsal, su primera vocación
Que Luan haya podido participar en una campaña como ésta, en busca del oro ante su público, no es nada sorprendente si nos fijamos en su talento. Pero hace cinco años no tenía nada asegurado: en esa época se decantaba por practicar el fútsal, después de ir de un lado a otro recorriendo los terrenos de juego de São José do Rio Preto. Se dio a conocer tras aceptar una invitación de última hora de un equipo local, el América, para disputar la tradicional Copa São Paulo de categoría júnior, y consiguió llamar la atención del Grêmio. Hasta llegar hasta aquí.

“Hasta que cumplí los 18 años no me planteé perseguir de verdad el sueño que tenía desde niño. Entonces me lo propuse en serio, quería intentarlo, y todo se sucedió muy rápido. Pasé poco tiempo en el América y pude ir al Grêmio. Sabía que era la oportunidad de mi vida y me lancé a por ella”, afirma.

Luan ha hecho una pausa en el tercer Brasileirão de su carrera para incorporarse a la selección olímpica. Después de despuntar como una promesa en el sur de Brasil, tiene la ocasión de confirmar su potencial en otros estadios que lo animan. “Unos Juegos Olímpicos, y más aún al jugar en casa, son la oportunidad de que todo Brasil me vea y llegue a conocerme, así podré mostrarme algo más y exhibir mi fútbol”, señala.

Y todo resulta más fácil si tenemos en cuenta quién lo acompaña. El centrocampista ofensivo está desarrollando una gran compenetración con Neymar y los demás hombres de la línea de ataque, con paredes y triangulaciones que son la pesadilla de las defensas rivales. Volviendo la vista atrás, hacia esos 180 minutos iniciales sin goles, Luan tiene claro que todo era cuestión de controlar el lógico nerviosismo que atenazaba a un equipo joven y rodeado de expectativas. “Cuando nos reunimos, vi que era un plantel unido, con grandes jugadores. Eso hace que todo sea más agradable, y espero poder aprovechar más esta compañía y ayudar a que ganemos la medalla”.

Los defensores y guardametas contrarios ya están advertidos. Si Luan tiene espacio para preparar el tiro, desde cualquier distancia puede efectuar un disparo de esos que quizás parezcan imposibles para el espectador, pero no para él.