En su paso relámpago por la Roma, el joven central brasileño Marquinhos no tardó en convertirse en uno de los predilectos de la hinchada. Y en las filas del París Saint-Germain, entre tantos nombres consagrados, también se erigió muy pronto en un ídolo del público. Ahora, a sus 22 años, ha llegado el momento de recorrer el camino inverso y presentarse al fin como es debido ante la afición brasileña, después de marcharse de su país muy pronto, hace cuatro años, sin tiempo para consolidarse en el Corinthians.

Porque una cosa es mostrar sus cualidades por televisión, en las filas de un grande cuyos partidos se transmiten en el mundo entero, y otra muy distinta vestir los colores de la Seleção en el Torneo Olímpico de Fútbol masculino Río 2016, siendo la referencia de los suyos. Y pisando al fin el césped de algunos de los principales estadios de su país, como ocurrió el sábado, en la victoria por 2-0 sobre Colombia, en São Paulo. Fue precisamente en el Arena Corinthians, un recinto que no había visitado nunca: cuando la Roma sorprendió al ficharlo en 2012, el estadio todavía no se había construido.

Por tanto, vivió un estreno especial en su regreso a un lugar que conoce muy bien. O mejor dicho, conocía. Marquinhos recuerda para FIFA.com que vivió durante tres años en el barrio de Itaquera, donde el club en el que dio sus primeros pasos tenía una residencia para los canteranos.

"Nunca había visitado el estadio, ni siquiera como espectador. Sí que viví aquí, cuando era la residencia de la cantera, en Itaquera. Nos entrenábamos y también jugábamos los partidos. Pasé aquí diez años", afirma. "Le he comentado a la gente que no lo reconocía, porque antes era totalmente distinto. Solamente estaban la estación de metro y el puente que conducía a la colina, donde estaba nuestro centro de formación. Hoy ya vemos cómo se ha transformado esta zona. Es fantástico estar de vuelta".

Vuelta a casa del Timão
En la victoria ante Colombia, Marquinhos disfrutó asimismo de una situación curiosa: durante algunos instantes, podía cerrar los ojos, oír a la afición e imaginarse que estaba jugando con el equipo local. La presencia albinegra era innegable y ciertamente perceptible, con los tradicionales cánticos de ánimo al Corinthians —"Timão, eô"— resonando. "Se me pusieron los pelos de punta. Fueron diez años aquí. Debo mucho a todas las personas que trabajaron conmigo, que me ayudaron. En cierto modo, todavía sigo muy vinculado al club. Aunque estuve poco tiempo en el plantel profesional, la gente todavía se acuerda. Muchas veces me gritan ‘Vamos, Corinthians'".

Hay que recordar que Marquinhos, tras distinguirse con Brasil en la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA México 2011, apenas actuó en las principales competiciones del país sudamericano. No jugó más que 14 partidos con el Corinthians en 2012. Ahora, por mucho que esté viviendo con intensidad este reencuentro con el llamado "Bando de Locos" -apelativo que se da a la afición del equipo-, las Olimpiadas están sirviendo para que el público brasileño pueda conocer al central.

El joven defensor ya ha sido convocado varias veces por el combinado absoluto. Pese a todo, a su edad, es normal que haya dispuesto de poco tiempo de juego. Al igual que ocurrió en el propio PSG, ha tenido que pelear por la titularidad con hombres de la talla de Thiago Silva y David Luiz, por ejemplo, compañeros suyos de club.

"Al final tengo una responsabilidad muy grande aquí, por mi papel en la Seleção, por estar jugando en Europa, y lo asumo. El seleccionador absoluto [Tite] también está viendo los partidos, está siguiéndonos. Y tengo que intentar hacerme un sitio”, explica. “Las oportunidades llegan, y procuro aprovecharlas lo mejor posible. Todos saben que ser campeón de este torneo es un sueño de todo brasileño, y el mío también".

Sin goles contra
Y, hasta el momento, lo que se podría calificar casi como un estreno está siendo impecable. En cuatro partidos, a pesar de presentar un esquema netamente ofensivo, con hasta cuatro atacantes, Brasil no ha recibido ni un solo gol. El equipo se defiende en bloque, pero buena parte del mérito corresponde a su pareja de centrales, Marquinhos y el zaguero del São Paulo Rodrigo Caio. Es posible que, físicamente, no sean los defensores más imponentes, pero lo que les falta en músculos se ve compensado con creces mediante agilidad y técnica.

"Nuestra compenetración está siendo muy buena. Somos dos centrales que se ayudan mucho. Tenemos plena confianza el uno en el otro. Eso marca una diferencia total: nos gusta jugar juntos y somos rápidos a la hora de hacer las coberturas y dar seguridad suficiente para desplegar nuestro juego, que es muy ofensivo", analiza. "Es inevitable que tengamos que hacer frente a algunos contraataques, y por eso necesitamos esta agilidad. Creo que estamos haciendo un buen trabajo", concluye Marquinhos. A este ritmo, el central no tardará en ganarse la admiración del público brasileño, igual que hizo con el europeo.