Cuando Renato Augusto supo cuál sería la numeración oficial de la selección brasileña para el Torneo Olímpico de Fútbol masculino Río 2016, no pudo evitar una sonrisa: tendría que lucir el dorsal 5.

"Incluso bromeé con los centrales: la primera vez que fui convocado, jugué con el 10. Después pasé al 8. Y ahora estoy con el 5. Les dije: ‘Cuidado, que ya llego’ (risas). Lo más importante es poder ayudar, de la forma que sea", explica a FIFA.com.

No se le asignó ese número, tradicionalmente reservado a los volantes en el fútbol brasileño, por casualidad. En la goleada por 6-0 sobre Honduras en semifinales, Renato era de hecho el primer hombre del mediocampo, actuando mucho más cerca de los zagueros que de los atacantes. Y fue una demarcación que se adaptó bien a sus características, en distintos aspectos.

Ya sea marcando el ritmo del equipo o como una fuerza tranquilizadora entre bastidores, el centrocampista ha sido uno de los artífices de la reacción en la cita olímpica del joven combinado brasileño, que pasó de registrar dos empates sin goles a cosechar tres contundentes victorias y la clasificación para la final de este sábado, contra Alemania en el Maracaná.

Aunque la polivalencia es una de las grandes virtudes de Renato Augusto, esa posición atrasada podría sorprender en un principio, teniendo en cuenta que, el año pasado, en el Corinthians, fue elegido mejor jugador del Brasileirão ejerciendo la función de enlace con el ataque. Su desempeño fue tal que volvió a despertar el interés del mercado europeo, hasta fichar por el Beijing Guoan chino.

No obstante, si nos fijamos en cómo hace circular el balón, acelerando la activación del juego, o en la precisión que exhibe en los marcajes, a la hora de defender, el cambio efectuado por el seleccionador Rogério Micale cobra todo su sentido. Y todavía más con el excelente trabajo de presión que lleva a cabo Walace en la segunda línea defensiva de los anfitriones.

"Suele ser más fácil para los jugadores que desempeñan varias funciones. Quizás se me haya convocado precisamente por mi versatilidad", afirma el jugador, de 28 años, uno de los tres integrantes del conjunto anfitrión mayor de 23, junto a Neymar y el guardameta Weverton. Hay que recordar que el plantel olímpico es más reducido, con 18 hombres en la lista, 16 de ellos jugadores de campo.  

La influencia alemana
No es la primera vez que Renato ocupa el puesto de volante, y a las órdenes de Micale tampoco ha actuado únicamente por delante de la retaguardia. Él mismo recuerda que ha jugado en varias ocasiones como mediocentro —"que es mi posición"— en la actual campaña, o incuso de delantero centro. "Nunca estuve mucho tiempo en ese puesto, pero ya he jugado varias veces ahí. En China, ahora, estoy como segundo hombre. Poco a poco, voy abriendo ese abanico, procurando aprender día a día".

Su adversario en la final es Alemania, y no deja de ser irónico que el brasileño atribuya esa polivalencia a su paso por la propia Bundesliga. Después de darse a conocer en el Flamengo, vistió los colores del Bayer Leverkusen entre 2008 y 2012. "Jugar en Alemania estuvo muy bien por eso, en términos de comprensión táctica. Aprendí bastante allá, y lo llevo en mi bagaje".

Ahora, en la pelea por el oro, Renato no sólo aporta a la Seleção inteligencia y talento, sino también liderazgo. En los momentos más difíciles del torneo —los 180 minutos sin marcar contra Sudáfrica e Irak—, el ahora dorsal número 5 dio un paso al frente ante las críticas, cuando el equipo trataba de asentarse. Para él, romper el maleficio fue algo más que cuestión de tiempo. Hubo que realizar un esfuerzo para superar el nerviosismo.

"Tuve mucho trabajo en el aspecto psicológico. Creo que con un equipo más joven resulta un poco más difícil, porque algunos no entienden bien esa parte, y a veces uno tiene que esforzarse y asumir la responsabilidad de conseguir un poco más", señala. "Es lo que intenté hacer, por ser el mayor: darles más tranquilidad. Y ahora estamos teniendo una gran respuesta".

Y mientras la selección brasileña, entusiasmada tras el 6-0 logrado en el Maracaná, espera la final, Renato seguirá hablando y conversando con sus compañeros. "Todavía no se ha conseguido nada. El fútbol a veces te da golpes. Hemos ganado, es estupendo, pero si perdemos el sábado todo quedará en nada", advierte. Es el mensaje de un jugador que ya ha demostrado estar dispuesto a hacer de todo por la Seleção, hasta jugar de central si hace falta.