Hace dos años, Óscar Salas estaba cansado del fútbol. Con apenas 20, veía que no lo tenían en cuenta en el Olimpia y tenía decidido dejar todo, no aparecer más por el club y dedicarse a trabajar. No quería ser otro jugador talentoso perdido por la falta de oportunidades. Pero alguien le enseñó que en la vida no hay que bajar nunca los brazos y pelear, pelear, pelear y aquí está, triste por la derrota ante Nigeria que dejó a Honduras sin bronce pero orgulloso por la labor de los catrachos en un certamen que él, en 2014, jamás pensó que iba a estar: en el Torneo Olímpico de Fútbol Masculino Río 2016.

"Mi madre fue la que me inculcó todo eso, la que me apoyó siempre aún en los peores momentos. Amigos también, personas que me quieren. Se los agradezco mucho a todos. Esta experiencia en los Olímpicos fue más grande de lo que pensaba", le dice Salas a FIFA.com apenas segundos después de retumbar en las entrañas del Mineirao el último "¡Honduras!" gritado en el vestuario.

Óscar había jugado apenas 90 minutos, dos ingresos en el entretiempo contra Portugal y Brasil. En el partido por las medallas, el profe Jorge Luis Pinto le confió la manija del equipo para que pudiese habilitar con su talento a Romell Quioto y Alberth Elis. Por momentos lo consiguió aunque, lamentablemente para los centroamericanos, no pudieron convertir hasta el minuto 71, con el duelo ya 0-3.

"Tuvimos situaciones en el primer tiempo y las desaprovechamos. Reaccionamos tarde pero en el segundo tiempo lo hicimos bien. Faltó el último instante nomás. Estamos un poco tristes por la derrota pero hicimos la cosas bien. Ningún equipo centroamericano logró lo que logramos nosotros y eso es lo que nos deja contentos. Tenemos dimensión de lo que logramos, hicimos historia. Fallamos en algunas cosas pero así es el fútbol. No se gana todo en la vida".

Los Juegos, su mayor alegría
Para un chico que hasta los siete años jugó descalzo en canchitas de tierra o cemento de San Pedro Sula, que de adolescente debió curtirse en la dureza de la Segunda división hondureña, aprendiendo a recibir patadas y también a dar alguna de vez en cuando para sobrevivir, la experiencia olímpica fue enorme pese a ese gusto amargo de los últimos dos partidos.

"Esta es mi mayor alegría, una satisfacción enorme para mí y para mi familia, que me apoyó hasta el final. Se me están dando las cosas. Estoy para cosas grandes. Dios tiene un propósito para cada quien y hay que seguir trabajando nomás para que las cosas vayan bien. Yo quiero seguir creciendo como jugador, mejorando mucho", cuenta Óscar, que ya desde hace un año es un valor importante de un grande hondureño como el Olimpia.

De Río se llevará, además de un cuarto puesto inédito para su país y Centroamérica, el cariño de los brasileños – "siempre nos apoyaron hasta último momento, fue algo emotivo"- y "toda la experiencia de los Olímpicos". "Era la primera vez para mí y fueron bonitos momentos con el equipo, como familia también. Aprovechamos cada momento de estar aquí. Ya clasificar no había sido fácil pero sabíamos los que nos teníamos y gracias a Dios llegamos hasta donde pudimos llegar".

Es momento de marcharse y Salas no ve la hora de llegar al hotel para poder comunicarse con mamá Rosa, la responsable de que encontrara luz cuando veía todo oscuro en el fútbol: "Estoy esperando las palabras que me diga ella".