"No soy un tipo paciente al que le guste esperar", sentencia Lutz Pfannenstiel a modo de autorretrato. A la edad de 18 años, rehusó una oferta del Bayern de Múnich para defender la portería del equipo de aficionados. Este guardameta nacido en Zwiesel, un pueblo de la Baja Sajonia con una población de apenas 10.000 habitantes, podría haber llegado a ganar el título con el supercampeón alemán si todo hubiera transcurrido por los cauces normales. Pero en lugar de tomar el camino más lógico, se trazó su propia senda. Hoy mira hacia atrás desde la perspectiva de los 35 años y descubre una carrera sin par en el vasto mundo del fútbol. Porque no son trofeos lo que Pfannenstiel puede exhibir con el orgullo del coleccionista, sino continentes. Ha jugado en los cinco.

Zinedine Zidane y Luis Figo fueron fichajes sonados. El Real Madrid puso sobre la mesa sumas estratosféricas para contratar los servicios de los virtuosos de Francia y Portugal. Sin embargo, cuando se trata del récord de número de traspasos, Pfannenstiel es el plusmarquista mundial, el viajero de las maletas simpre listas. Hace poco este trotamundos del fútbol ha fichado por el vigesimocuarto club profesional de su carrera.

Ha ejercido su profesión en países como Malasia, Brasil, Nueva Zelanda, Albania, Canadá y Sudáfrica, y ahora ha recalado en Oslo, donde se prepara para ayudar a ascender al Manglerud Star a la máxima categoría noruega en calidad de guardameta y coentrenador. "Para mí el fútbol no es un mero trabajo con el que puedo ganar mucho dinero. Gracias a él he visto el mundo. Para mí eso es mucho más importante", reveló Pfannenstiel en su conversación con FIFA.com.

Una novela de aventuras sacada de la vida real
"Nadie me puede quitar lo que he vidido. Naturalmente, me habría gustado jugar en la Bundesliga, pero en lugar de eso he conseguido otras cosas. Figuro en el Libro Guiness de los récords como el primer futbolista profesional que ha jugado en todos los continentes. La decisión de no firmar entonces por el Bayern, por tanto, puede que no haya sido tan mala". Cuando esta mole de 1,86 metros de estatura se pone a hablar, cuesta resistirse al empuje de su convicción. No, las frases de Pfannenstiel no suenan como las de un profesional agostado. No son tópicos, aunque lo parezcan: "De niño siempre soñaba con jugar algún día en Brasil. Créame, estoy orgullosísimo de haberlo hecho realidad en el Clube Atlético Hermann Aichinger".

Increíble pero cierto: la odisea de este cancerbero ambicioso e inquieto a través de incontables clubes profesionales de todos los rincones del mundo, desde el Orlando Pirates al Calgary Mustangs pasando por el Haka Valkeakoski y el Geylang United, permanece ampliamente desapercibida en su patria, Alemania. Por el camino quedó no pocas veces atrapado en situaciones vitales que pusieron a prueba los límites de su resistencia, pero eso sólo sirvió para forjar la fuerte personalidad que hoy campea a sus anchas por el planeta. Imparable se titula la autobiografía que va a publicar a finales de este año. "De hecho, se lee como una novela de aventuras, sólo que todo ha sucedido en realidad", resume el autor.

El fútbol como instrumento filantrópico
La trayectoria de este extravagante portero no se ajusta a los cánones. Él recuerda: "Cuando era joven, mi vida se parecía un poco a la que se suele asociar con los futbolistas profesionales. Ya sabe, coches de lujo, mujeres bonitas, etc. Pero viví algunas malas experiencias que me hicieron reflexionar. Hoy tengo la suerte de poder ver más allá del horizonte. Mi carrera me ha ampliado mucho las miras".

Por eso las zambullidas en pos del balón y el sueño de hacer paradones memorables hace tiempo que sólo son una pequeña parte de la vida de Lutz. "He descubierto lo que significa para mí el compromiso social. Me gustaría aprovechar el fútbol como un instrumento para llamar la atención sobre el cambio climático global. Porque ése es el problema mundial por excelencia. Y como el fútbol gusta en todas partes, con esta combinación espero llegar a gente que de otra manera nunca se enteraría de que existe este problema".

Para ello, Pfannenstiel ha fundado el proyecto FC Global United. Antiguas estrellas del fútbol se han congregado en torno a esta idea de organizar partidos en lugares espectaculares que se encuentren amenazados por el cambio climático. Todos los gastos corren a cargo de la Klima-Allianz, una unión de cerca de 100 organizaciones de ayuda que han sumado esfuerzos a favor de una protección coherente del clima. Nombres como Giovane Elber, Krassimir Balakov, Aldair, Fredi Bobic y Sergej Barbarez integran esta iniciativa, y se han entablado conversaciones con otros muchos. Uno de los planes más destacados es celebrar un partido en la Antártida, en medio del hielo. "La fecha está fijada para el próximo diciembre, pero es posible que se posponga, porque también está previsto que se celebre un partido en la cumbre del cambio climático de Copenhague".

"Esto lo he sacado yo adelante"
En el otoño de su carrera futbolística, el itinerante Pfannenstiel ha encontrado su sitio: "Esto lo he sacado yo adelante, yo lo he levantado. FC Global United es la obra de mi vida". Entretanto, Noruega será su última misión como guardameta, que probablemente tendrá como fin el ascenso a primera del Manglerud Star, club que coentrena con Kjell Sverre Wold, otro filántropo que ha jurado lealtad a la causa social. "Si lo lográramos, sería para mí el broche perfecto", señala Pfannenstiel en referencia al ascenso.

¿Y después? "Puedo imaginarme estableciéndome en Alemania", concluye Pfannenstiel. Luego respira hondo, reflexiona y añade: "O al menos tener allí la sede de operaciones".