En el fútbol moderno, cada vez se les pide más a los delanteros que participen en las tareas ingratas. Algunos goleadores, no obstante, poseen el don de pasar inadvertidos, hasta el punto de que a veces se olvida que están sobre el césped. Entonces, al acecho del error de un defensa, de un balón que no pudo atrapar el portero o de un mal rechace, surgen de repente y rematan. Se les conoce como los “depredadores del área”.

Actualmente, esa raza de “buitres” está en peligro de extinción. Sin elaborar una lista exhaustiva, FIFA.com te invita a redescubrir a estos goleadores letales que hacen –o hicieron– las delicias de los aficionados.

El rey de los depredadores
Filippo Inzaghi, alias SuperPippo, es el rey indiscutible en esta faceta. A sus 37 años, no ha perdido ni un ápice de su eficacia. Su juego sin balón, sus desmarques, su extraordinaria colocación y su sentido de la anticipación son modélicos y únicos en su especie. El francés Vikash Dhorasoo, ex compañero de equipo del milanista, le definió seguramente mejor que nadie: “Pippo es ese tío al que hasta el poste le da un pase de gol”.

Es cierto que tira un poco de la camiseta a sus marcadores, que cae con frecuencia dentro del área, que celebra cada uno de sus tantos como si le fuese la vida en ello. Pero contrariamente a la leyenda, Inzaghi siempre ha sido un jugador deportivo, lejos de la fama que algunos le otorgan. Aunque eso sí, puede resultar exasperante. Con un toque cáustico, Alex Ferguson no pudo por menos que sentenciar que “Inzaghi nació en fuera de juego”.

Sus dos goles al Liverpool en la final de la Liga de Campeones de la UEFA 2006/07 siguen siendo su principal proeza, aun cuando lo haya ganado todo en su carrera. Pese a ser víctima de varias lesiones graves, siempre ha acabado regresando a la cumbre, haciendo gala de una moral inquebrantable. El 3 de noviembre de 2010, se apuntó un nuevo doblete goleador contra el Real Madrid. Unos días después sufrió una grave lesión de rodilla, pero ya ha anunciado su intención de regresar lo antes posible. "Mi secreto es la pasión por lo que hago; el hecho de que aún me divierta como un niño, de que aún haya un gran deseo de jugar. Sentir el aprecio de toda la gente que viene cada día a los entrenamientos me ayuda a seguir trabajando duro”, declaraba hace poco a UEFA.com.

Las leyendas
Gerd Müller ocupa un lugar casi tan importante como el de Franz Beckenbauer en la historia de la Mannschaft y del Bayern de Múnich. De joven, sin embargo, Der Bomber (“el bombardero”) no tenía muy buena pinta. De hecho, le apodaban Kleines dickes Müller ("el pequeño gordo Müller". Con sus impresionantes muslos y su largo torso, parecía torpe. Pero su increíble capacidad para darse media vuelta y enviar entre los tres palos la gran mayoría de sus disparos no tenía parangón. El gol de la victoria que metió a Holanda en la final de la Copa Mundial de la FIFA Alemania 1974 (2-1) ilustra a la perfección el instinto asesino de este especialista en goles decisivos. Una buena muestra son sus 68 tantos marcados en 62 partidos, récord de la selección alemana.

El ítalo-argentino Delio Onnis era igual de oportunista, pero tuvo “el fallo” de coincidir en la misma época que los Mario Kempes, Carlos Bianchi y Diego Armando Maradona, entre otros. A Onnis, nacido en Italia pero criado en Argentina, se le consideraba un extranjero en ambos países. Paradójicamente, no fue internacional ni una sola vez. Instalado en el área contraria, donde se paseaba sin descanso con las medias bajadas y sin canilleras, acabó por hacer su carrera en el fútbol francés, en las décadas de 1970 y 1980. Allí se convirtió en el máximo goleador en la historia de la Ligue 1, con 299 dianas en 15 temporadas.

Los matadores
Como segundo máximo artillero de todos los tiempos en las fases finales de la Copa Mundial de la FIFA (14 tantos) Miroslav Klose, de 32 años, se inscribe en la gran tradición de los arietes alemanes (58 goles en 105 partidos internacionales). La gran virtud de Klose, también temible de cabeza, es sin lugar a dudas su instinto y su olfato de gol innatos, que marcan la diferencia. Su juego, basado en un repertorio técnico completo, es “a menudo desconcertante” para los defensas contrarios, como subrayaba Rudi Völler.

Un poco del mismo estilo que Gerd Müller, su compatriota Ulf Kirsten, aunque menos conocido, hizo gala de la misma eficacia, con la particularidad de haber metido 14 goles en 49 partidos con la RDA, y otros 21 en 51 internacionalidades con la Alemania reunificada. En esta categoría de ascendencia germana, podríamos mencionar igualmente a Karl-Heinz Riedle, Horst Hrubesch, Karl-Heinz Rummenigge y muchos más.

Los polivalentes inclasificables
"Perder no entra en mi vocabulario", le gusta precisar al holandés Ruud van Nistelrooy, que ha marcado decenas de goles con la derecha, con la zurda, de cabeza y con la rodilla si ha hecho falta, y ha ganado la fama de no tirar nunca desde fuera del área. Eso no le ha impedido anotar 34 dianas en 67 partidos con su selección, a lo largo de 12 años.

Tras haber pasado una parte de su vida futbolística esperando el balón para convertirlo en gol en vez de contribuir a recuperarlo, Rudi Völler se convirtió en un entrenador talentoso e intransigente con sus jugadores. “Yo no soy diferente del resto y, desde luego, no soy perfecto. Tal vez por eso la gente me aprecia”, consideró este goleador fuera de serie, autor de 47 dianas en 90 partidos con la Nationalmannschaft.

Con 47 goles en 88 partidos, el portugués Pedro Pauleta destronó al mítico Eusebio como máximo artillero de la selección lusa. El Águila de las Azores se tenía bien merecido su apodo, merced a su capacidad para abalanzarse sobre el balón con la rapidez de un ave rapaz y para colocar entre los tres palos casi todos sus disparos.

Los suplentes de lujo
David Trezeguet siempre ha tenido un arte consumado para hacer que se olviden de él. Seguramente sea el delantero que menos toca el balón en el fútbol moderno. También seguramente por eso, a menudo ha ocupado un lugar en el banquillo. Como suplente en la final de la Eurocopa 2000 contra Italia, su gol de oro tras un remate de volea en la prórroga ilustra a la perfección las cualidades de este artillero sin igual, que ha visto puerta 275 veces en 534 partidos. “Meter goles es lo que siempre he querido hacer desde que empecé a darle patadas a un balón. La vida son los goles; siempre lo he tenido claro”, declaraba hace unos años un concluyente Trezegol.

En cualquier otro equipo, Ole Gunnar Solskjaer habría sido titular por narices. Sin embargo, en el Manchester United de las décadas de 1990 y 2000, el noruego supo contentarse con disputar trozos de partidos. En cualquier caso, Babyfaced assassin ("el asesino con cara de niño") siempre hizo gala de una puntería excepcional (261 tantos en 453 partidos, con un promedio goleador de 0,74), jugando la mayor parte del tiempo dentro del área.

Nadie ha olvidado su espectacular entrada en juego en la final de la Liga de Campeones 1999, contra el Bayern de Múnich. “Da igual cuántos goles haya podido meter para el Manchester United. Tanto si hubiera marcado 50 como 500, ese gol de la victoria siempre se recordaría, ya que sirvió para ganar la Liga de Campeones de una forma sensacional”, confesaba a FIFA.com al final de su carrera.

Las estrellas fugaces
Paolo Rossi
, máximo goleador de la Copa Mundial de la FIFA España 1982 (6 dianas), también era un depredador del área. Sin embargo, por culpa sobre todo de las lesiones, el hombre que "hizo llorar a Brasil" (como él mismo –en primera persona– titula su biografía) fue desapareciendo poco a poco del primer plano, hasta seguir todo el Mundial 1986 desde el banquillo.

En cualquier caso, Rossi duró más tiempo que su compatriota Salvatore "Totò" Schillaci, cuyo único hecho glorioso como merodeador del área es el de máximo goleador de la Copa Mundial de la FIFA Italia 1990 (6 tantos). Después, nada más. “Mi carrera, en cierto sentido, duró tres semanas. Pero por nada del mundo las cambiaría por títulos”, subrayó recientemente.

Un remate de puntera, con la rodilla, con las nalgas… Para estos cazagoles insaciables, cualquier recurso es bueno para empujar el balón al fondo de las mallas. La última cita, para el campeón de los depredadores del área, Inzaghi, en una frase que explica muy gráficamente su apetito: “Tengo el mejor trabajo del mundo. Por eso intento sacarle el máximo partido, y disfrutar de él hasta el final”.

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