El fútbol se parece mucho a una jungla. En sus dominios, donde impera la ley del más fuerte, a veces unos Leones Indomables se cruzan en el camino de los Zorros del Desierto, o las Águilas se baten con los Elefantes. En la fauna de sus campos, a veces pasa que un Conejo (Javier Saviola) le mete un gol a un Pato (Roberto Abbondanzieri).

Pero más allá de estos apodos que emparentan el deporte rey con el reino animal, en ocasiones ocurre que animales de verdad, con patas, garras y colmillos, se cuelan en los terrenos de juego sin previo aviso y transforman los estadios en auténticos jardines zoológicos. FIFA.com te ofrece una visita guiada.

Cuestiones caninas
Nada más natural que empezar esta vuelta al mundo por los pioneros de la disciplina, los ingleses. Con ocasión de la Copa Mundial de la FIFA Inglaterra 1966, el Trofeo Jules Rimet se exhibió en Westminster, de donde fue robado a falta de unas semanas para la inauguración de la prueba reina. Una semana más tarde, un perro llamado Pickles (Pepinillos) lo encontró escondido en un arbusto de un jardín de Londres. Este héroe de cuatro patas es hoy tan popular en Inglaterra como Geoff Hurst y sus compañeros, que unas semanas después levantarían la única Copa Mundial de la historia del fútbol inglés.

Gracias a su olfato, Pickles alimentó la tradicional buena relación entre ingleses y canes que había comenzado unos años antes. En el partido de cuartos de final de Chile 1962, que enfrentaba a Inglaterra con Brasil, un perrito decidió jugar a la pelota sobre el césped. El auriverde Garrincha, cuyo sobrenombre significa "carrizo", pájaro inquieto y muy vivo, intentó placarlo en vano. El inglés Jimmy Greaves, en cambio, se puso a cuatro patas, miró al intruso fijamente a los ojos, y lo agarró. Como recompensa, el animal se orinó encima del delantero. "Yo olía muy mal" recuerda el futbolista metido a cazador. "Podría haber creado montones de ocasiones, porque ningún defensa brasileño quería acercárseme después de aquello".

Hubo otro chucho inglés que saltó a los titulares. Bryn, perro policía de Torquay, un pueblecito situado junto al Canal de la Mancha, sencillamente salvó del descenso al club local. En pleno partido contra el Crewe Alexandra, el animal le hincó los colmillos al jugador del Torquay United John McNichol, y el encuentro tuvo que detenerse para atenderlo. Esa interrupción hizo que el árbitro añadiera unos cuantos minutos a los 90 reglamentarios, lo que permitió a las Gulls (Gaviotas) de Torquay empatar la contienda y salvarse de la relegación.

Pájaros de mal agüero
Acaso estas gaviotas inglesas inspiraran al francés Eric Cantona en unas enigmáticas declaraciones que realizó en 1995: "Cuando las gaviotas siguen a un barco pesquero es porque piensan que les va a echar sardinas…" De barcos pesqueros y gaviotas está lleno el puerto de Vigo en España. En medio de un duelo liguero entre el Celta y el Real Madrid, un grupos de gaviotas se cernió sobre el estadio de Balaídos, obligando al colegiado a interrumpir el encuentro durante unos minutos para espantarlas. En el proceso, uno de los pajarracos la emprendió a picotazos con el delantero merengue Fernando Morientes.

Cada cual tiene su técnica para cazar aves. Así, por ejemplo, un extraño pájarillo se perdió por la hierba del estadio St. James' Park en 2006 durante el encuentro Newcastle-Reading (3-2). ¿Quién mejor que Obafemi Martins, atacante de las Magpies ("Urracas") e internacional nigeriano y por tanto un Súper Águila, para atraparlo y sacarlo del campo? Menos contemplativo, el alemán Sepp Maier se abalanzó literalmente sobre un pato extraviado durante el partido de la Bundesliga entre el Bayern de Múnich y el Bochum en los años 70. Cabe aducir en su defensa que era un momento tenso, pues los muniqueses se disponían a lanzar un penal.

Los brasileños, por su parte, prescindirían muy a gusto si pudieran de sus queros-queros, unos imprevisibles pajarracos dignos de una película de Hitchcock que no dudan en atacar a los futbolistas mientras juegan. Por el contrario, los seguidores del Benfica de Lisboa se han encariñado con una rapaz. Y con razón: un águila sobrevuela el estadio y viene a posarse sobre el emblema de la entidad para dar suerte a sus propias Aguias ("Águilas"). Porque el águila, símbolo del club desde su creación en 1904, ilumina en efecto el Estadio de la Luz antes de cada partido en casa.

Gatos negros
Con la intención de dar mala suerte a su gran rival, los seguidores del Independiente enterraron siete gatos negros en el campo del Racing Club. Para ello aprovecharon el desplazamiento del Racing a Uruguay con motivo de la final de la Copa Intercontinental de 1967 que ganaron contra el Celtic de Glasgow, para cometer su fechoría. Funcionó: a lo largo de 34 años, el Racing no ganó nada más. En 2001, a consecuencia de las obras de reconstrucción del recinto, se encontraron por fin los esqueletos de los gatos. Y unos meses más tarde, curiosamente, el Racing se llevó el gato al agua en el torneo Apertura.

Los estadios de fútbol pueden también sufrir plagas animales tan intempestivas como indetectables. En octubre de 2009, un impresionante enjambre de abejas emergió de repente del césped del estadio Azteca de México durante el clasificatorio para la Copa Mundial de la FIFA 2010 de El Tri contra el Salvador. El encuentro empezó con retraso por culpa de esta invasión de insectos, pero eso no impidió a los locales saborear las mieles del triunfo y reservar su billete mundialista con un contundente 4-1.

Hay muchos más ejemplos: un gato gris salió de paseo por el campo de la final de la Copa de la UEFA 2009 entre el Werder Bremen y el Shakhtar Donetsk; otro gato rojo invadió el terreno de juego en el Emiratos Árabes Unidos-Honduras valedero para la Copa Mundial Sub-20 de la FIFA Egipto 2009; una ardilla saltó a la semifinal de la Liga de Campeones de la UEFA 2006 entre el Arsenal y el Villarreal; un búho se encaramó a una de las porterías de un Finlandia-Bélgica clasificatorio para la Eurocopa 2008; un ave zancuda perturbó el desarrollo de un Kenia-Marruecos en la campaña de clasificación para Alemania 2006; y un cachorro de tigre, mascota del Obilic de Belgrado, llegó a pisar el césped durante un choque de la Copa de Europa contra el Bayern de Múnich en 1999.

Se ve que los animales tampoco pueden resistir la llamada del fútbol.