El balón firmado por los compañeros y las portadas del día siguiente son el premio a quien anota una tripleta en un solo partido. Pero todavía no se ha definido el protocolo cuando tres goles se queda en cifra irrisoria para un golpe de inspiración en un solo partido.

El miércoles 22 de abril de 2016 el uruguayo Luis Suárez firmó la mitad del 8-0 del FC Barcelona ante Deportivo La Coruña en partido de La Liga, que dio por finalizada una mala racha del equipo azulgrana tras cuatro derrotas en fila. Sin duda, cifra deslumbrante y al alcance de muy pocos que deja el mérito del hat-tricks como una cosa de aficionados…

Pero, en la historia del fútbol hay más ejemplos de gestas goleadoras. ¿Qué te parece que un jugador anote trece goles en un mismo partido? ¿O cinco tantos en una fase final de una Copa Mundial? Pues sigue leyendo…

Dobles tripletes que saben a poco
“Tenía 20 años, todavía no era nadie en el fútbol… y anoté mi primera tripleta entre los minutos 19 y 34 del primer periodo. Y luego otra en los primeros veinte minutos del segundo tiempo. Pensé: ‘Wow, he metido seis goles en un partido’. Poco después empezó a diluviar y el árbitro suspendió el encuentro. ‘Mala suerte’, me dijo el colegiado, ‘tus dianas serán sólo leyenda’. Hubo que repetir el choque y perdimos por 3-1”.

Son palabras, a medio camino entre la resignación y la ironía, del escocés Denis Law, evocando un partido de la Copa de Inglaterra contra el Luton Town en 1961. Los que sí contaron, sin embargo, fueron los seis tantos del carismático diablo rojo George Best, en la misma competición, frente al Northampton en 1970.

Pero parecen números irrisorios si nos fijamos en lo que hizo Archie Thompson. El ariete australiano firmó nada menos que trece goles en las eliminatorias para la Copa Mundial de la FIFA de Corea/Japón 2002. Samoa Estadounidense difícilmente olvidará el 11 de abril de 2001, día en el que concedió 31 goles ante los Socceroos… sin ser capaz de hacer uno solo.

'Manitas' antológicas
Oleg Salenko se apuntó a la hazaña goleadora durante el Mundial de Estados Unidos 1994, ante toda una selección de Camerún. El atacante ruso puso la guinda a su espectacular temporada con el Logroñés y a su fichaje por el Valencia perforando la meta de los africanos… ¡en cinco ocasiones! Un solo gol más durante la fase de grupos le valió el título (compartido con el búlgaro Stoichkov) de máximo anotador del torneo. Y eso que su equipo no llegó a octavos.

Poco se supo del ruso tras ese empacho anotador. Como del argentino Alfredo Moreno, después de marcar el mismo número de tantos mientras defendía los colores de Boca Júniors en plena Copa Libertadores de América. Quizá por el empuje de aquella goleada ante Blooming, el trofeo terminaría en las vitrinas de La Bombonera.

Cinco marcó también el legendario Juergen Klinsmann el 15 de marzo de 1986, en una victoria por 0-7 del Stuttgart en casa del Fortuna Duesseldorf, que en aquel encuentro no hizo precisamente gala de su nombre. Quien sí lo hizo fue el bombardero de la nación, Gerd Mueller, que coló él sólo una manita en las mallas rivales… ¡en cuatro partidos distintos! Su compatriota Dieter dio en el blanco seis veces. El marcador de aquel Colonia – Werder Bremen del 17 de agosto de 1977 terminaría reflejando una victoria local de 7-2. Al menos dejó que otro de sus compañeros supiera qué se siente al marcar…

El 22 de septiembre de 2015, el polaco Robert Lewandowski se unió a la lista cuando, saliendo del banquillo en el minuto 51, cuando el Bayern de Múnich perdía 1-0, le metió 5 goles en 9 minutos al Wolfsburgo para ganar el partido de la Bundesliga. Su gesta le reportó 3 récords guinness, el triplete, el póquer y el repóquer más rápidos de la historia del fútbol. Además, se convirtió en el único jugador en anotar cinco tantos entrando de suplente.

Algo más discreto que el entonces delantero del Bayern de Múnich en octubre fue Sergio Agüero, quien en 20 minutos gritó cinco goles para darle al Manchester City una sólida victoria (6-1) ante el Newcastle.

Ilustres cañoneros
El grupo de los ‘cuatrigoleadores’ es más voluminoso, pero no por ello menos sorprendente. Como lo fue el cuarteto que firmó el argentino Leo Messi, a cada cual de mejor factura, en los cuartos de final de la Liga de Campeones de la UEFA 2009-10 campaña frente a todo un Arsenal. Un nombre más para la ilustre lista de goleadores natos que han hecho cuatro dianas en la máxima competición continental europea, y que integran Van Basten, Puskas, Schevchenko, Van Nistelrooy, Inzaghi y Dado Pršo (¡este último lo hizo en 23 minutos!).

También los hay que consiguieron esta proeza en una fase final de una Copa Mundial. El último de ellos fue Emilio Butragueño que despidió a la comitiva de Michael Laudrup en México 86, en un partido que España terminó ganando por 1-5 a Dinamarca. Aunque sólo fuera por un rato, la entonces estrella en ciernes del Real Madrid eclipsó al incomparable Diego Maradona.

“Me convertí en entrenador el día que Butragueño metió los cuatro goles a Dinamarca”, aseguraba en una entrevista Míchel, uno de sus compañeros y actual técnico del Getafe. “Antes del partido le comenté que debía jugar en los últimos veinte metros: en los últimos 16 está el área y en los otros cuatro su desmarque. Él mantenía la opinión contraria, pero me hizo caso. Al final, le dije: ‘Me agradecerás el consejo, ¿no?’”.

Cuando cuatro goles no son suficientes
Igual de bien aconsejados tuvieron que estar el portugués Eusébio, el francés Fontaine, el húngaro Kocsis, el brasileño Ademir y el polaco Ernst Willimowski… aunque los cuatro goles de este último en la Copa Mundial de 1938, disputada en Francia, no bastaran para superar a Brasil, que se llevó el encuentro por 6-5.

Una peculiar situación que no podría haber llevado a cabo otro club más que el Atlético de Madrid, capaz de lo mejor y de lo peor. En 1997, en un partido de Copa del Rey en el Camp Nou, el colchonero Milinko Pantic, que había contribuido activamente a la consecución de la Liga y la Copa del año anterior, firmó cuatro goles frente al Barcelona… que fueron contrarrestados con una tripleta de un Ronaldo pletórico, un golazo de Luis Figo y un tanto del hispano-argentino Pizzi. El entonces guardameta azulgrana, Vitor Baía, lloró en el descanso. Pantic seguramente lo haría al terminar el partido.

Aquella vez no fue la única para el Atlético: un año después, en una memorable temporada de Christian Vieri, el italiano coló cuatro balones en la portería del Salamanca. Los locales, sin embargo, se llevaron el choque por 5-4.

Aunque el protagonismo absoluto de un encuentro, hasta la fecha, lo ha logrado sólo Chris Nicholl. El defensa del Aston Villa recordará por siempre el 20 de marzo de 1976, día en el que los de Birmingham empataron 2-2 frente al Leicester City. Los cuatro goles llevaban su nombre. Quién sabe si se terminó llevando el balón…