Suele decirse que para ser arquero hay que tener una personalidad especial. La razón que esgrime el saber popular futbolero es la ingratitud del puesto, y el límite entre el cadalso y la gloria es tan delgado que no cualquiera puede convivir con él. Entonces, pararse debajo de los tres palos requiere algo de locura y rebeldía, cualidades que definen tanto los distintos estilos de atajar de cada uno… ¡como  su manera de vestir!

Es por eso que FIFA.com se ha propuesto repasar el nombre de algunos de aquellos guardametas que han llamado la atención por su indumentaria.

Un solo color… ¿pero cuál?
Uno de los primeros en instaurar moda desde el arco fue el ruso Lev Yashin, apodado la Araña Negra porque, completamente vestido de ese color, parecía tener ocho manos a la hora de atajar. “Les da menos referencias a los delanteros”, solía decir el tan maravilloso como sobrio portero que brillara en tres Copas Mundiales de la FIFA. Si bien hubo otros que prefirieron vestirse monocromáticamente como Yashin, uno de los más recordados fue el  italiano Dino Zoff, quien popularizó el buzo gris plata con el que se dio el gusto de alzar el máximo trofeo del fútbol planetario en España 1982.

Bastante más acá en el tiempo, otro guardameta de estilo atildado y ganador que suele usar un sólo color es el holandés Edwin van der Sar, aunque sus elecciones en el Manchester United pueden ir desde amarillo hasta el verde pasando por el celeste y el violeta. Pero si de colores se trata, el actual segundo arquero de la selección de Alemania, Tim Wiese, rompió con el tabú de los tonos masculinos durante 2006, al utilizar una camiseta de color rosa atajando para el Werder Bremen. 

Impacto visual
A pesar de lo dicho previamente, Van der Sar puede ser considerado uno de los eslabones entre el antes y el después, si uno repasa las camisetas multicolor que solía vestir a principios de la década del ’90 en el Ajax. De hecho, por esos años, un joven Bodo Illgner ya había dejado su huella en la Copa Mundial de Italia 1990, cuando se consagró campeón del mundo con una vestimenta que hubiera causado sensación en cualquier disco de la época.

Ésta era similar al otro arquero de aquella final, el argentino Sergio Goycochea, quien se hizo famoso en dicha fase final por atajar penales. Cuánto ayudó el estrafalario diseño a que Argentina jugase el partido decisivo es relativo, ya que el gol de Alemania en la final fue… ¡de penal!

No obstante, nada se compara en el rubro con las casacas que solía vestir el mexicano Jorge Campos e hicieron furor durante Estados Unidos 1994. Aquel extrovertido arquero, que también ocupaba de vez en cuando la posición de centrodelantero, usaba una talla más grande y colores fluorescentes “Distraen a los rivales, les quita concentración”, afirmaba Campos en ese entonces.

El inglés David Seaman pareció copiarlo en la Eurocopa 1996, aunque ese año se robó la atención el tunecino Chokri El Ouaer durante la Copa Africana de Naciones, donde causó sensación con una camiseta cuasi-psicodélica: su diseño replicaba a aquellos cuadros o dibujos en los uno debía fijar la vista durante un buen rato para encontrar la figura entre las formas. Mal no le fue al capitán de Túnez, porque su selección fue finalista y él resultó elegido el mejor arquero del torneo, aunque luego prefirió volver a diseños más convencionales. 

Para todos los gustos
A la hora de las excentricidades, es imposible obviar el nombre del francés Jeremie Janot. El ya histórico arquero del Saint-Étienne se ha forjado toda una fama en el tema, y no es para menos. Un día, Janot atajó con una camiseta de Argentina simplemente porque de niño tenía admiración por la selección albiceleste. En otra oportunidad, y por la misma razón, jugó disfrazado de… ¡el Hombre Araña! Muy recordada es la vez que usó un equipo completo de escocés en honor al Día de San Patricio, sin reparar en un “pequeño” error: ¡la festividad es oriunda de Irlanda, no de Escocia!

Los estampados también han dado que hablar, sobre todo los de animales. En Argentina, uno de los primeros fue el colombiano nacionalizado argentino Carlos Fernando Navarro Montoya, quien durante una parte de su etapa en Boca Juniors le agregó a su multicolor camiseta un mono manejando un camión en honor a su apodo, Mono.

Su Némesis esa época no fue otro que el dos veces mundialista paraguayo José Luis Chilavert. Si bien Chila vestía generalmente de negro, supo estamparse en el pecho un buldog, haciendo honor a su fama de perro malo, o el Demonio de Tasmania, aquel famoso personaje de dibujos animados reconocido por su mal genio. Un día, sin embargo, apareció con un gran signo de interrogación en su lugar: ¡el tiempo de buscar un anunciante había llegado!

El alemán Oliver Khan, en cambio, utilizó su última camiseta para hacer beneficencia: el día de su retiro en 2008, 5,500 simpatizantes estamparon allí su nombre previo pago de 150 euros cada uno, que el arquero donó a una asociación llamada “Ein Herz für Kinder” (“Un corazón para los niños”). ¿Quién hubiera imaginado que detrás de ese gesto adusto y su estilo sin estridencias se encontraba un futbolista tan solidario?

Independientemente del color, diseño o estampa de sus vestimentas, todos los arqueros comparten un objetivo común: evitar que la pelota entre en arco propio. Allí sí que no hay camiseta que valga…