Si bien es un término muy aceptado en el planeta fútbol, no todos los aficionados saben a qué se llama un gol olímpico. La explicación es simple: se le dice así a aquel tanto anotado directamente de un saque de esquina sin que nadie toque el balón en su trayecto al arco.

Si una diana concretada por esta vía le parece interesante, aguarde a conocer las historias detrás la jugada y de su denominación, así como también el nombre de algunos futbolistas que, más o menos conocidos, se ganaron una reputación gracias a su manera de ejecutar los tiros de esquina. FIFA.com se lo cuenta a continuación.

Un caso testigo
En junio de 1924, la International Football Association Board (IFAB) modificó el artículo 11 de las Reglas de Juego, autorizando por primera vez la concreción de un gol directamente de un tiro de esquina. Tras leer el boletín informativo correspondiente, un periodista deportivo de Liverpool llamado Ernest Edwards encontró una ambigüedad en el texto que compartió con los dirigentes del Everton: “No hay nada allí que prohíba tomar el balón y, en lugar de verse obligado a rematar, regatear hasta convertir. ¿Por qué no probar y ver qué sucede?”.

Edwards tuvo un cómplice perfecto para su experimento en dicho club, el delantero Sam Chedgzoy. Habitual encargado de los tiros de esquina, Chedgzoy cumplió al pie de la letra con el plan durante un partido de esa temporada, dejando atónitos a todos los presentes. Cuando el árbitro comenzó a reprenderlo, el futbolista simplemente preguntó: “¿Qué hay en la regla que me impida hacerlo?”.

La consulta motivó, además de una mirada de incredulidad del colegiado, una reunión de emergencia de la IFAB, que a principios de agosto corrigió dicho artículo. De esta manera, el primer tanto del que se tenga registro le corresponde a Billy Alston, quien marcó en agosto por esta vía en un partido de la Segunda División escocesa. Sin embargo, la fama por haber anotado el primer gol olímpico se la llevó otro…

Del Río de la Plata para el mundo
Para esa misma época, Argentina organizó dos amistosos con Uruguay, que venía de ganar la medalla dorada en el Torneo Olímpico de Fútbol París 1924. El primero se disputó el 21 de septiembre en Montevideo y terminó 1-1, mientras que el segundo se empezó a jugar una semana después en Buenos Aires, aunque debió suspenderse por incidentes.

La revancha, finalmente, se llevó a cabo el 2 de octubre y fue ganada por Argentina 2-1. A los 15 minutos, con el cotejo 0-0, el atacante argentino Cesáreo Onzari ejecutó un tiro de esquina desde la izquierda con tanto efecto que, para desgracia del arquero uruguayo Antonio Mazzali, se coló contra el primer palo. La prensa deportiva, entonces, lo transformó en el primer gol olímpico, haciendo un juego de palabras con el éxito reciente del rival.

"Me salió porque tenía que salir. Quizá el arquero se había levantado mal ese día o lo hayan molestado, porque nunca más emboqué otro. Lo cierto es que cuando vi la pelota adentro, no podía creerlo”, afirmó el ya fallecido Onzari. El árbitro uruguayo Ricardo Villarino jamás dudó en convalidarlo, ya que conocía la nueva disposición “aun cuando no nos ha sido comunicada a los referees de la Asociación Uruguaya de Football”, aclararía luego del juego.

Los especialistas
Uno de los más endiablados ejecutores de tiros de esquina ha sido el también argentino Juan Ernesto Cococho Álvarez. Durante sus seis temporadas en Colombia, Álvarez anotó apenas 35 goles en 226 partidos, pero ocho de ellos resultaron olímpicos. Lo curioso es que en agosto de 1976, jugando para el Deportivo Cali, le marcó dos al Deportivo Cúcuta… ¡en el mismo encuentro!

¿Cuál era su secreto? “Quedarnos tras la práctica con el colombiano ‘Ñato’ (Ángel María) Torres pateando tiros de esquina a ver quién metía más. En 1979 hicimos otra vez dos goles olímpicos en un partido, a Quilmes por la Copa Libertadores, pero uno cada uno. No sé cuántos equipos pueden decir que lograron algo así”, admitiría Álvarez.

El alemán Bernd Nickel también resultó un especialista. Jugando para el Eintracht Frankfort marcó 141 tantos, cuatro de ellos olímpicos, anotados todos desde distintas esquinas del Waldstadion. El primero se lo hizo al legendario Sepp Maier en el todavía recordado 6-0 sobre el Bayern Múnich de 1975, aunque la particularidad fue otra: desde la punta izquierda, ¡lo ejecutó con la parte de afuera del pie zurdo!

Hay otros casos de jugadores que, como Nickel, concretaron goles con el efecto cambiado. El brasileño Roberto Carlos hizo uno jugando para el Corinthians a principios de 2011, pero también forman parte de esa lista los mexicanos Jorge Gómez (1965), Francisco Macedo (1971) y el chileno Carlos Reinoso (1980), por citar tres muy vistos en Internet.

Pero uno de los más curiosos le corresponde a otro argentino que debió emigrar de su país. Aníbal Francisco Cibeyra, de él estamos hablando, anotó tres con la camiseta del Emelec de Ecuador… ¡en tres clásicos consecutivos contra Barcelona de Guayaquil! La hazaña, realizada en 1978, le valió un merecido apodo: El Loco de los goles olímpicos.

Otros casos
En 1953, el norirlandés Charlie Tully convirtió uno jugando para el Celtic en campo del Falkirk, aunque el árbitro le hizo repetir el tiro de esquina por considerar que el balón estaba afuera del cuarto de círculo. Inmutable, Tully volvió a ejecutar el lanzamiento... ¡con igual resultado!. Los rivales deberían haberlo previsto: ya en 1952, le había anotado con su selección uno a Inglaterra en un amistoso.

Un artillero memorable de goles Olímpicos fue el alemán Mario Basler, quien demostró en la temporada 1994-1995 de la Bundesliga que el entrenador alemán Berti Vogts se había equivocado al dejar de lado su talento antes en la Copa Mundial de la FIFA EEUU 1994. Basler anotó 20 goles en 33 partidos con el Werder Bremen, incluyendo dos goles de esquinas contra Duisburgo y Friburgo. El tanto en contra de este último quedó inmortalizado en el estadio Weser, con un artículo colocado en la sala de lectura: "Cuando ejecutas de una manera realmente sobresaliente, puedes marcar directamente desde una esquina. Esto es lo que Mario Basler hizo con su gol ante el Friburgo, que fue el inicio de una clara victoria por 5-1 en casa, aquí en el estadio Weser, el 10/03/1995". El texto está impreso en la esquina de la pared, y se puede leer de un solo lado: "Super Mario estuvo aquí".

Si bien siempre hay un mérito del lanzador, a veces los rivales ayudan, sino que lo diga Josep Guardiola. Jugando para el Barcelona de Johan Cruyff, Pep dejó pasar un envío de esquina de Javier de Pedro supuestamente inofensivo creyendo que lo rechazaría un compañero, posibilitándole así al volante del Real Sociedad el primero de sus dos goles olímpicos. De Pedro, quien jugó con Guardiola el Mundial de Corea/Japón 2002, anotaría otro a Salamanca un tiempo después, tomándose la atribución de, ya retirado, hacer un “instructivo” en tono de broma.

El único gol olímpico en una Copa Mundial de la FIFA, hasta 2011, lo había anotado el colombiano Marcos Coll al inolvidable arquero ruso Lev Yashin en Chile 1962.

"Hubo un enorme rugido porque marqué un gol contra el hombre que fue el mejor portero del mundo en ese momento. Todo el mundo estaba emocionado porque había marcado un gol olímpico directo desde la esquina. Fue un gran incentivo para mi país, Colombia. Realmente fue una locura", dijo Coll en una entrevista con la FIFA.

En julio de 2011, sin embargo, se sumó a la lista el mexicano Jorge Espericueta, quien le marcó uno a Alemania en la semifinal de la Copa Mundial Sub-17 de la FIFA.

Además del tanto de Espericueta, 2011 ha sido testigo de varios goles concretados así. Algunos de súper estrellas como David Beckham y Ronaldinho, y otros de figuras menos conocidas como el iraní Mohammad-Reza Khalatbari o el brasileño Eninho, ambos por la Liga de Campeones de la AFC.

Goles olímpicos estuvieron presentes también en el fútbol de las mujeres, como el de Megan Rapinoe, de EEUU, quien se convirtió en la primera jugadora en marcar directamente desde un saque de esquina en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. La estadounidense igualó el tanteador en la semifinal contra Canadá, y luego ayudó a su equipo a ganar el partido 4-3 en su carrera hacia la conquista del oro olímpico.

"Fue divertido, porque lo que debería haber hecho de inmediato fue reclamarlo, pero no lo hice. En realidad pensé que era un gol en propia puerta", dijo Rapinoe sobre su gol contra Canadá.

90 años después de que Onzari sorprendiera a Uruguay, fueron convertidos muchos goles olímpicos, pero existe una cosa que todos tienen en común: nunca dejan de sorprender.