Las décadas se suceden, pero en el fútbol los cambios tardan en producirse: parece que el deporte rey fue creado de una manera tan completa que apenas hacen falta modificaciones. La mayoría de las grandes novedades acaban siendo fruto de la preparación física: el conocimiento sobre el cuerpo humano avanza, así como los métodos de entrenamiento, y en consecuencia el juego adquiere un nuevo ritmo.

Por tanto, lo previsible sería que el fútbol de alto nivel tuviese una relación cada vez mayor con el aspecto físico, y que dependiese de jugadores más resistentes, más fuertes, más altos. Pero no es exactamente así. Al menos en lo que respecta a la altura, sin duda alguna. En el fútbol abundan los ejemplos de que el tamaño dista de ser un factor importante para triunfar. Y los últimos tiempos han sido especialmente pródigos en llevar a los bajitos a lo más alto —que nadie vea aquí juegos de palabras— del deporte.

Basta con ver quiénes son los tres finalistas del último FIFA Ballon d’Or, así de sencillo. Y es difícil no fijarse en que ninguno de los tres mejores jugadores del planeta en 2010 pasa del 1,70 m: los barcelonistas Lionel Messi (1,69 m), Andrés Iniesta (1,70 m) y Xavi Hernández (1,70 m). El dato llamó la atención del propio Presidente de la FIFA, Joseph S. Blatter, quien comentó esta interesante tendencia en una entrevista concedida a FIFA.com al principio del año:

“Demuestra que el fútbol está abierto a todos. No hace falta ser ni muy grande ni muy fuerte para jugar bien. Es una realidad que no ha surgido de la noche a la mañana. Jugadores como Gerd Mueller, Uwe Seeler, Diego Maradona o Jean-Pierre Papin, en su época, tampoco eran muy corpulentos”, señaló Blatter, citando algunos nombres de una extensa lista de astros de pequeña estatura.

Cuanto más cerca del suelo, mejor
De hecho, no resulta fácil encontrar otro deporte en el que exista contacto físico y, sin embargo, los bajitos dispongan de tanto espacio. Según la biomecánica, incluso hay un aspecto ventajoso: el centro de gravedad del cuerpo de alguien pequeño está más cercano al suelo, lo que le confiere más equilibrio. Este concepto cobra todo su sentido al ver a futbolistas como Maradona (1,66 m) o Messi arrancar con el balón dominado durante metros y metros, cambiar de dirección innumerables veces, entrar en contacto con el adversario y, a pesar de todo, mantenerse de pie. Y la lista de bajitos que poseen esa característica —la facilidad para el regate, que exige precisamente alterar la dirección del paso sin perder el equilibrio— no hace sino corroborarlo: los franceses Alain Giresse (1,62 m) y Jean Tigana (1,68 m), los alemanes Thomas Haessler (1,66 m) y Pierre Littbarski (1,68 m), los escoceses Jimmy Johnstone (1,57 m) y Archie Gemmill (1,67 m), el brasileño Garrincha (1,69 m)...

Aun así, en los procesos de selección para identificar talentos, la altura continúa siendo un criterio tenido en cuenta a priori, sobre todo para guardametas, defensas centrales y delanteros centro. “Aunque conmigo a nadie le importó nunca la altura. Creo que siempre veían que marcaba goles del mismo modo”, bromea Romario (1,69 m), que en Brasil se convirtió en el “Baixinho” por excelencia, y cuya estatura no le impidió, gracias a su posicionamiento y presencia en el área, anotar de cabeza varios de los tantos más decisivos de su carrera, como el que dio a la selección brasileña el título de la Copa América de 1989, ante Uruguay, y el que clasificó a su equipo para la final de la Copa Mundial de la FIFA EE UU 1994, frente a Suecia en semifinales.

Pero no son pocos los jugadores que pueden contar cómo fueron rechazados en algún momento de su vida por ser considerados demasiado pequeños. Incluso algunos que, de adultos, ya no encajarían en esa categoría, como es el caso de Cristiano Ronaldo. “Yo no he sido siempre alto. Cuando salí de la isla de Madeira, a los 13 años, recuerdo que mucha gente decía que no podría hacer carrera, porque era muy pequeño. Y, de repente, entre los 15 y los 18, di el estirón y llegué al tamaño que tengo ahora”, explica el portugués, de 1,85 m. A grandes rasgos, es lo que sucedió también con el central David Luiz, al que descartó de juvenil el São Paulo FC por ser juzgado pequeño para ese puesto. Hoy no solo mide 1,89 m, sino que brilla en el Chelsea y en la selección brasileña.

En punta o atrás
Para alguien que no sea alto, no resulta nada sencillo destacar como zaguero. En general, los jugadores bajitos de la retaguardia que sobresalen son los que también poseen alguna cualidad notable cuando suben al ataque, como el alemán Philipp Lahm (1,70 m) o el brasileño Roberto Carlos (1,68 m). Por eso futbolistas como el mítico arquero mexicano Jorge Campos (1,73 m) o el Jugador Mundial de la FIFA de 2006, el italiano Fabio Cannavaro (1,74 m), son considerados fenómenos en su cometido de evitar goles, al igual que otro campeón del mundo, de 1998, el francés Bixente Lizarazu (1,69 m), quien tuvo que esforzarse para ocupar un puesto en la elite del fútbol mundial.

“A los 15 años, el responsable de las categorías inferiores del Mérignac me dijo que yo no tenía nivel para ser profesional. Fue muy duro. Cuando a un muchacho le dicen que es muy frágil, le da una rabia enorme. Pero yo soy obstinado. Al principio de mi carrera pesaba 69 kilos, pero me ejercitaba al acabar cada temporada, hasta llegar a los 75. Me quedé con el físico de un pequeño bisonte, listo para el combate”, afirma el jugador, que vistió los colores del combinado francés durante 12 años, hasta 2004. “Quien ya lo tiene todo al final no lucha tanto. Los bajitos, cuando nos proponemos algo, damos el 120%. El aspecto mental le hace a uno crecer”.

En un momento en el que, teóricamente, el porte físico más debería tender a marcar diferencias, las señales son claras: el Barcelona de Messi, Xavi e Iniesta —además de David Villa (1,75 m), Pedro (1,69 m) o Bojan Krkic (1,71 m)— encandila al planeta, el sorprendente Udinese dispone de uno de los mejores ataques del Calcio con el tándem formado por Antonio Di Natale (1,70 m) y Alexis Sánchez (1,72 m), y la subcampeona del mundo, Holanda, cuenta con un cerebro como Wesley Sneijder (1,70 m). No hacen falta más pruebas: si existe un sitio en el que el tamaño no es determinante, ese es el fútbol.

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Obviamente, hay innumerables ejemplos de jugadores pequeños que han hecho historia con el balón en los pies. ¿Recuerdas algún otro? ¿Conoces alguna historia interesante? ¿Quieres hablar de tu bajito preferido? ¡Haz clic en “Añade tu comentario” y comparte con nosotros tu opinión!