Reza un refrán popular: “La historia jamás recuerda a los que quedan en segundo lugar”. Pues bien, en el mundo del fútbol estas palabras están lejos de ser siempre válidas. A lo largo de los años, el planeta ha aprendido a idolatrar a equipos y jugadores que, a pesar de no haber sido capaces de conseguir sus objetivos, han dado un lustre imborrable al deporte más hermoso del mundo.

Desde la Hungría del 54 a la “Naranja Mecánica”, pasando por Alfredo Di Stéfano y George Weah, varios de los momentos más valiosos en los libros de historia han sido escritos en letras doradas no por aquellos que terminaron la jornada con una sonrisa, sino por los que, con su esfuerzo y dedicación, se volvieron en referencias obligadas para la afición.

Equipos inigualables
En Alemania, se conoce a la final de la Copa Mundial de la FIFA Suiza 1954 como “El Milagro de Berna”, y se la considera un momento fundacional en la historia del país. Sin embargo, el mundo recuerda con la misma calidez al equipo que esa tarde salió con la cabeza gacha del Wankdorf Stadion.

La selección de Hungría llegaba a ese partido con un invicto de cuatro años. Los “Mágicos Magyares” habían humillado a la mítica Inglaterra en Londres y Budapest, y avanzaron a la final en Suiza marcando 25 goles. Su derrota en aquel encuentro ante la República Federal Alemana fue una de las grandes sorpresas del futbol mundial y, a pesar de ella, aún se recuerda la magia de los Ferenc Puskas, Zoltan Czibor y Nandor Hidegkuti.

Veinte años antes, Italia 1934 había visto la caída de otro equipo de ensueño, el “Wunder Team” austríaco de Matthias Sindelar, y dos décadas más tarde, otra escuadra inolvidable fallaría en su intento de llegar a la gloria. Holanda maravilló a los aficionados con su futbol en Alemania 1974. Su derrota en la final ante los locales ha sido objeto de innumerables análisis, pero y quién mejor que su estrella, Johan Cruyff, para resumir sus recuerdos: “Jugábamos el mejor fútbol del mundo. Perdimos la final pero dejamos mejor recuerdo que el campeón”.

Diversos analistas se han referido al Brasil de España 1982 como “la mejor selección que nunca fue campeona del mundo”, y a nivel de clubes existen también algunos ejemplos. Nadie olvidará nunca en Francia las epopeyas del Bastia y Saint Etienne en Copas Europeas. En Italia, aún queda fresca la de memoria aquel Torino inolvidable, cuya brillante generación nunca logró llegar a su máximo esplendor por un terrible accidente de avión.

México aún lamenta la derrota en penales de Cruz Azul en la Copa Libertadores de 2001, y los aficionados del Atlético de Madrid hubieran querido que su final de Copa de Europa en 1974 hubiera terminado en el minuto 119, antes de que el Bayern Munich empatara con un disparo lejano de Georg Schwarzenbeck, que el arquero Miguel Reina no pudo contener.

A las puertas del Olimpo
Cuando los aficionados más veteranos hablan del mejor jugador de la historia, no se refieren a Pelé o Diego Maradona, sino a Alfredo Di Stéfano. “La Saeta Rubia” marcó historia en River Plate y Real Madrid, con los que ganó innumerables títulos.

Si hasta el mismo Maradona, al presentarlo en un programa de televisión que tenía en Nápoles en 1988, se emocionó hasta las lágrimas. “Estaba realmente conmovido de tenerlo ahí”, explica el astro argentino, quien confesó haber tenido un poster de él en su habitación de niño, en un fragmento del libro Yo soy el Diego. “Cuando llegué a España para jugar en el Barcelona entendí qué pedazo de embajador del fútbol argentino había sido. Para mí, lo firmo, fue el más grande de toda la historia”.

Sin embargo, pese a los elogios de su compatriota, Di Stéfano jamás pudo disputar una Copa Mundial de la FIFA por diversas circunstancias. Argentina decidió no acudir a Brasil 1950 y Suiza 1954. Ya naturalizado español, no logró clasificar a Suecia 1958. En Chile 1962, cuando se preparaba para romper el maleficio, fue la inesperada mala suerte la encargada de frustrar su sueño: sufrió una inoportuna lesión que lo dejó fuera de la justa. Pese a ello, nadie podría atreverse a insinuar que su trayectoria quedó empañada de algún modo.

“El fútbol me lo ha dado todo, salvo la oportunidad de jugar una Copa Mundial con mi país”. La frase, melancólica, pertenece a otro gigante que no pudo brillar en el máximo escenario como George Weah. El espectacular delantero corrió con la mala fortuna de no encontrar eco a su talento en la selección de Liberia, asolada por la guerra en sus años como futbolista. Y, sin embargo, pese de todas las circunstancias abiertas, el Jugador Mundial de la FIFA 1995 estuvo a punto de lograr su sueño, pero las Estrellas se quedaron a orillas de Corea/Japón 2002, cayendo en el partido definitivo ante Ghana.

¿Y cómo dejar de mencionar a los grandes jugadores que jamás pudieron levantar el trofeo más importante del fútbol? A los ya mencionados Cruyff y Puskas se suman otras leyendas como Michel Platini, Marco van Basten, los hermanos Brian y Michael Ladrup, Enzo Francescoli, Zico, Roberto Baggio, e incluso los dos jugadores que son considerados los mejores del mundo en la actualidad: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, quienes no han podido sostener en sus manos la ansiada copa. Por ahora, claro…

Pero, a pesar de ello, nadie se atrevería a discutir la calidad de estos héroes que, quizá no hayan conseguido la gloria, pero han escrito sus nombres con letras de oro en los libros del deporte más hermoso del mundo.