Mientras muchas instituciones van escribiendo su historia a partir de títulos y éxitos altisonantes, otras más humildes forjan la suya en base a logros menos tangibles, pero desde un sentido de pertenencia superior a cualquier trofeo digno de exhibición…

He ahí porqué el fútbol hace posible que un humilde equipo de barrio, como el Club Atlético Huracán, se haya ganado un lugar indiscutido entre los grandes de Argentina a fuerza de popularidad y de una manera de sentir el juego, incluso por encima de otros con un palmarés más rutilante.

A continuación, FIFA.com repasa la rica historia de un club que, para César Luis Menotti, salvó al fútbol argentino…

Nacimiento del club
Al igual que la ciudad de Buenos Aires que lo vio nacer, el club tuvo dos fundaciones. La primera se remonta al 25 de mayo de 1903, cuando un grupo de jóvenes de Nueva Pompeya decidieron crear un club de fútbol llamado “Verde esperanza y no pierde”. Los encargados de confeccionar el sello necesario para sus actividades administrativas, no obstante, les recomendaron acortar el nombre. Entonces, inspirados en un almanaque de la librería a la que habían concurrido, lo cambiaron por el de Club Atlético Huracán.

La fundación oficial se produjo recién el 1 de noviembre de 1908, impulsada además por varios estudiantes de un colegio del colindante barrio de Parque Patricios. En 1909 se agrega a la original camiseta blanca el logo, un globo aerostático que, también llamado “El Huracán”, había volado ese año un excéntrico porteño llamado Jorge Newbery desde Buenos Aires hasta Brasil.

Así, en las vísperas de la segunda década del Siglo XX, ya estaban dadas las condiciones para que surgiera la leyenda del Globo de Parque Patricios

Mitos y realidades de una pasión
Luego de tres ascensos consecutivos, Huracán alcanzó la Primera División en 1914. Fue en ese entonces, durante el apogeo de la era amateur, que este humilde club se ganó su lugar entre los seis grandes del fútbol argentino, al obtener cuatro títulos en ocho años. A esta altura, el Quemero ya tenía como clásico rival a San Lorenzo, por una cuestión barrial, y había forjado su rivalidad con Boca Juniors, con quien peleaba año a año por el título.

Dos de los máximos ídolos de aquella época fueron los delanteros Cesáreo Onzari, luego mundialmente conocido como el autor del primer gol olímpico en 1924 (Ver Historia y arte del ‘gol olímpico’), y Guillermo Stábile, quien jugaba en el Globo cuando, con la selección argentina, ganó la Bota de Oro adidas como máximo artillero de Uruguay 1930, la primera Copa Mundial de la FIFA de la historia.

Stábile comenzó así una suerte de tradición para los jugadores de Huracán, el club argentino que más goles le ha aportado a la albiceleste en Mundiales: 14. A los ochos de Stábile hay que sumar los cuatro de René Houseman (tres en Alemania 1974 y uno en Argentina 1978) y los dos de Carlos Babington y Miguel Brindisi (uno cada uno en 1974). Al Globo le siguen en ese honor dos equipos extranjeros, la Fiorentina (por los 11 tantos de Gabriel Batistuta) y el Valencia (por los 6 de Mario Kempes).

Pero Houseman, Babington y Brindisi fueron, sobre todo, tres pilares del conjunto que marcó la era dorada del Globo en el profesionalismo. Todo comenzó a gestarse en 1971 con la contratación del entrenador César Luis Menotti. De su mano, Huracán fue tercero en 1972, siendo el único en vencer al campeón San Lorenzo en la segunda rueda, y por goleada (3-0).

El tan ansiado título llegó un año después, cuando obtuvo brillantemente el Torneo Metropolitano de 1973 con una ventaja de cuatro sobre Boca y seis sobre San Lorenzo. En aquel conjunto, todavía recordado por los amantes del fútbol estéticamente bien jugado, también sobresalieron jugadores de la talla de Alfio Basile, Roque Avallay y Omar Larrosa.

Con la misma base, Huracán fue semifinalista de la Copa Libertadores 1974 y subcampeón de los Metropolitanos 1975 y 1976. Este último año ya militaban en el Globo el arquero Héctor Baley y el mediocampista Osvaldo Ardiles, más tarde convocados junto a Larrosa y Houseman por Menotti a la selección que sería campeona del mundo en Argentina 1978.

La década siguiente marcó el inicio de etapas inestables. Huracán descendió por primera vez en 1986 y tardó cuatro años en retornar, pero no fue hasta 1994 que volvió a pelear un campeonato. Con Héctor Cúper en el banquillo, el Globo llegó a la última fecha del Clausura con un punto de ventaja sobre Independiente, ante quien debía cerrar el certamen: como visitante, perdió 4-0 y terminó segundo.

El Globo vivió una frustración semejante 15 años después. Atrás habían quedado los descensos de 1999 y 2003 cuando Ángel Cappa, un menottista confeso, puso el equipo a tiro del título en el Clausura 2009 gracias a un juego excelso. Con un plantel donde brillaban los exquisitos Javier Pastore y Mario Bolatti, Huracán llegó otra vez a la jornada final un punto arriba de su rival de turno, en esta oportunidad Vélez Sarsfield, que lo venció por 1-0.

La derrota no tapó el nivel de juego que exhibió Huracán, y Babington, presidente en ese momento, supo expresarlo. “El equipo de 1973 era más contundente, desde ya, pero yo le dije a mi hijo, que no nos vio jugar, que la idea del de dirigió Cappa era exactamente la misma. Por eso nos emocionó tanto el equipo de 2009, porque nos permitió revivir nuestro modo de jugar 30 años después…”.

En el presente
El desmembramiento de ese plantel provocó un espiral descendente, que culminó con la cuarta pérdida de la categoría a mediados de 2011 tras un desempate con Gimnasia y Esgrima La Plata. En la temporada 2011/12 merodeó peligrosamente con un nuevo descenso, pero supo cambiar el rumbo a tiempo y mantuvo su lugar en la B Nacional. Luego de tres años en la segunda categoría, y de la mano de un hijo dilecto de la institución, el entrenador Néstor Apuzzo, Huracán logró el ascenso tras seis victorias en los últimos siete partidos, conquistó la Copa Argentina, su primer título luego de 41 años y clasificó a la Copa Libertadores por segunda vez en su historia.

El estadio
La piedra fundacional del Estadio Tomás Adolfo Ducó, llamado así por quien fue el impulsor de la obra pero también conocido como El Palacio, fue colocada en Parque Patricios el 26 de octubre de 1941, aunque sus tribunas recién comenzaron a construirse en agosto de 1943. Inaugurado en septiembre de 1947, el recinto tiene hoy una capacidad de 48.000 espectadores. En 2007 fue declarado Patrimonio Histórico y de Defensa Estructural de la Ciudad de Buenos Aires.