Se trata de una rivalidad que nació incluso antes de la fundación de los dos clubes. Así se puede contar la historia de Flamengo y Botafogo, dos instituciones creadas en barrios vecinos de Río de Janeiro, que empezaron sus actividades en la disciplina del remo y acabaron trasladando su pugna a los campos de fútbol de la Ciudad Maravillosa. Un derbi que, en el decenio de 1960, fue bautizado así, con solera: el Clássico da Rivalidade (“clásico de la rivalidad”).

Los 101 años de historia de duelos entre Botafogo y Flamengo están marcados por goleadas y estrellas, muchas estrellas. Desde el dominio albinegro de los años 1960, cuando defendieron su camiseta jugadores como Garrincha, Jairzinho, Nilton Santos, Didi, Quarentinha, Amarildo y Zagallo, hasta el periodo más victorioso del Flamengo, que tuvo a Zico, Junior, Nunes, Andrade, Adílio, Renato Gaúcho y Bebeto. Hasta hoy, aunque las principales figuras del fútbol mundial compitan en Europa, ambos consiguen incorporar a nombres de peso. En los últimos años, el Fla trajo a Ronaldinho Gaúcho; el Bota, a su vez, vio al neerlandés Clarence Seedorf alzar un trofeo vistiendo sus colores.

Los orígenes
El antiguo Club de Regatas Botafogo y el Clube de Regatas do Flamengo ya eran adversarios en el remo desde el siglo XIX, y el 13 de mayo de 1913 se midieron en el fútbol por primera vez. El conjunto albinegro venció el partido, que supuso asimismo la inauguración del campo de la calle General Severiano, sede del actual Botafogo de Futebol e Regatas, resultado de la unión de aquel Club de Regatas con el Botafogo Football Club. 

Algunas cifras
Botafogo y Flamengo se han enfrentado cinco veces en la final del Campeonato Carioca (1962, 1989, 2007, 2008 y 2009), y tan solo una en la de la liga brasileña (1992). 

El máximo realizador del Clássico da Rivalidade es el imparable Heleno de Freitas, que militó en el Botafogo desde 1940 hasta 1948 y marcó 22 goles contra el Flamengo. En la formación rojinegra, el mejor registro corresponde a Zico, autor de 20 dianas.

Desde 1913 hasta 2014, Flamengo y Botafogo se han visto las caras 303 veces, con un balance de 110 victorias rojinegras y 93 albinegras. El Fla acumula 472 tantos, por 426 de su oponente. La mayor goleada del Flamengo se produjo en 1926: 8-1. El Botafogo se desquitaría al año siguiente: 9-2.

Leyendas, anécdotas y frases del pasado
Uno de los partidos más notables de este clásico fue el contundente 6-0 logrado por el Botafogo el 15 de noviembre de 1972, con dos tantos de Fischer, uno de Ferreti y tres de Jairzinho, quien firmó uno de rabona. El encuentro, que coincidió con el aniversario del Flamengo, marcó hasta tal punto la historia de los dos clubes que durante años la afición albinegra llevó al Maracaná una pancarta con la frase Mengo, nós gostamos de vo6 (“Flamengo, nos gustan/nos gusta el 6”), un juego de palabras en portugués con el número seis, para que su rival no olvidase lo sucedido en 1972. Y el Flamengo no dejó de intentarlo, hasta que consiguió devolver ese tanteo a su oponente casi nueve años después, el 8 de noviembre de 1981. Aquel día, Nunes, Lico, Adílio y Zico, por dos veces, situaron a los suyos con un 5-0 a favor a la media hora del segundo tiempo. Pero la exaltada afición rojinegra pedía más: solo saldría satisfecha del Maracaná con otro gol. Y fue obra de Andrade, curiosamente el dorsal número 6 del Fla. Desde aquel día, la pancarta del Botafogo que aludía a la goleada de 1972 no ha vuelto a verse en el estadio.

Otro choque que hizo historia fue el jugado en 1989. Garrincha, el eterno número 7, ya pertenecía al pasado, y el Botafogo llevaba 21 años sin ganar títulos. En cada clásico en el Maracaná, ya fuese contra Flamengo, Fluminense o Vasco da Gama, las aficiones contrarias cantaban los números de uno en uno hasta el 21 y terminaban con un “felicidades”, burlándose de la sequía de trofeos. Aquella final del Campeonato Carioca era una ocasión de oro de poner fin a esas provocaciones. Y ese 21 de junio, Maurício —también un número 7— enganchó al primer toque un centro desde la izquierda y empujó el balón con el pie derecho al fondo de las mallas, acabando así con la travesía por el desierto. 

El mayor éxito del Flamengo ante su rival llegó en el Campeonato Brasileiro de 1992. Aquel año, el Bota acudía a la final como favorito, mientras que el club de la Gávea tenía un plantel repleto de jóvenes, comandados por el experimentado Junior, ya con 38 años. La final se jugaba en dos partidos, ambos en el Maracaná, pero el Fla prácticamente se aseguró el título en el primero, más concretamente en los 45 minutos iniciales. Junior abrió el marcador al cuarto de hora, y Nélio y Gaúcho añadieron otros dos goles en el 34 y el 38, respectivamente. Los rojinegros se impusieron por 3-0, dotándose así de un importante colchón de cara al segundo encuentro. El 19 de julio, el Fla empezó ganando 2-0, y el Maracaná, abarrotado por una única afición, ya lo celebraba. El Botafogo empataría en los últimos diez minutos, aunque de nada sirvió. La fiesta del título, que había empezado en el primer tiempo, se prolongaría hasta la madrugada carioca.

Actualmente
La expresión Clássico da Rivalidade ha caído en desuso, pero la rivalidad entre Botafogo y Flamengo no ha disminuido ni un ápice. Y cobró todavía más fuerza de 2007 a 2010. El Flamengo ganó tres finales seguidas de la liga estatal (de 2007 a 2009), mientras que el Botafogo se adjudicó el título carioca de 2010 al derrotar a su adversario en un emocionante partido en el que Loco Abreu transformó un penal a lo Panenka, en un preludio de lo que ocurriría en la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010™, cuando el delantero clasificó a la selección uruguaya para semifinales anotando de la misma forma ante Ghana.