“Yo no quería ser arquero”, confiesa el argentino Daniel Carnevali, portero titular de la Albiceleste en la Copa Mundial de la FIFA 1974. “Lo fui por obligación, porque era un punta como Cristiano Ronaldo: no le daba el balón a nadie. Y los compañeros de mi primer equipo, el argentino Morning Star, me dijeron: ‘¡Daniel, tú a la portería!’ Me sacaron del campo porque era individualista”.

No es un caso único. Son muchos los profesionales del arco que terminaron ahí por azar o accidente, pero no por pura vocación… al menos de primeras. A fin de cuentas, de niño ¿quién quiere ser portero?

"Cada portero tiene en su interior el futbolista que no hemos podido ser”. Adrián San Miguel, arquero español del West Ham, sabe bien lo que dice. A fin de cuentas, lo suyo hasta los 9 años fue marcar goles, como el penal que anotó hace poco para clasificar a su equipo a la siguiente ronda de la FA Cup inglesa. “Si me dejan tirar alguno más no me importaría”, dice a FIFA.com entre risas.

Todos quieren ser pichichis. David de Gea, goleador de su equipo del colegio hasta los 12 años, comenzó a enfundarse los guantes para evitar discusiones cuando jugaba con sus amigos del barrio. “Nadie se quería poner en la portería, y yo les paraba y decía que me ponía yo. Se me daba bien, me gustaba y algún problema que otro sí he solucionado gracias a eso”. Para el arquero del Manchester United, el cambio no fue traumático. Pero no siempre es así.

“¡Aún hoy me sigo preguntando a mí misma por qué soy portera!”, bromea Hope Solo. “Era muy buena jugadora de campo. Siempre era la goleadora, así que el cambio fue muy difícil, pero una vez tomé la decisión, era a todo o nada. Sé que puedo jugar a muy alto nivel como jugadora de campo, incluso hoy, con algo de entrenamiento. Pero tomé una decisión y no hay vuelta atrás”, asegura la guardameta de la selección femenina de Estados Unidos.

Tampoco fue una decisión fácil para la alemana Nadine Angerer. La Jugadora Mundial de la FIFA en 2013 se puso por primera vez los guantes a los 15 años porque no tenían portero para jugar un partido. “La gente que me vio me animó a que le diera una oportunidad a lo de ser arquera, y aunque seguía queriendo ser delantera, al final les hice caso a regañadientes”. Dos años después debutaba como titular en la selección absoluta. Y fue campeona mundial en 2007 sin encajar ni un solo gol.

Aguantar la presión que supone encajarlos y ser considerado el culpable no es fácil. “Jugar de portero cada fin de semana ha sido un sufrimiento especial y constante para mí”, reconocía por sorpresa Víctor Valdés meses antes de proclamarse campeón mundial en Sudáfrica con España. “El sufrimiento que sentía era tal que a veces me imaginaba otro tipo de vida. Mi sueño era ser jugador”. De hecho, Valdés llegó a plantearse su retirada a los 18 años, pero la ayuda de un terapeuta le permitió superar el “pánico a fallar”.

Sin renunciar a nada
Quedarse bajo palos puede suponer renunciar a los sueños de infancia, aunque Jorge Campos se resistió y logró el más difícil todavía. Punta habilidoso en sus inicios, el mexicano anotó 14 goles en su primera temporada, antes de ponerse los guantes. No obstante, el titular en la portería del Tri en los Mundiales de 1994 y 1998 nunca dejó de lado sus instintos goleadores, y no era extraño verle abandonar por sorpresa el arco para incorporarse al ataque, o cambiar su posición en mitad de un encuentro. Ante el Atlante llegó a darse el gusto de anotar de chilena.

Campos fue un revolucionario, como el italiano Attilio Trere unas décadas antes. Este joven centrocampista demostró sus dotes de portero cuando el técnico le castigó poniéndole en el arco tras llegar tarde al entrenamiento. Con él bajo palos, el AC Milan conquistó en 1906 su segundo Scudetto. Pero Trere aprovechó el cambio de entrenador para volver a su añorado medio campo.

“De pequeño nadie quiere ser arquero en Sudamérica… Siempre mandan al malo, al gordito o al dueño de la pelota”. No fue el caso del autor de estas palabras, el paraguayo José Luis Chilavert, portero con alma de delantero famoso por su golpeo a pelota parada; pero sí el del portero titular de Portugal en Brasil 2014: “Cuando era pequeño estaba gordito”, dice Beto, sin complejos, para explicar cómo inició su carrera bajo palos.

Para el alemán Marc-Andre Ter Stegen, no fue cuestión de peso sino de estilo... “La única razón por la que terminé siendo portero es porque mi estilo de andar era bastante raro”, confiesa el arquero del Barcelona, cuya habilidad con los pies ha sorprendido al mismísimo Leo Messi.

Pocos niños sueñan con ser porteros, pero el universo tiene modos particulares de despertar vocaciones. Que le pregunten a Thibaut Courtois, destinado a seguir la tradición familiar del voleibol… hasta que se dio cuenta de lo que verdaderamente quería. “En el jardín de casa teníamos un campo de vóley-playa y me encantaba tirarme a por los balones. También cuando jugaba al fútbol. Así que cuando me dieron la opción de ser defensa o portero, me decidí por la portería… y me ha salido bien (risas)”.