El fútbol playa suele estar considerado una versión desenfadada y despreocupada del deporte rey, una idea a la que contribuyen decisivamente sus animadoras, sus impactantes acrobacias y los festines de goles que hacen las delicias del público.

Sin embargo, como muestra esta foto, en esta modalidad del fútbol no todo son sonrisas y chilenas. Para los jugadores, la Copa Mundial de Beach Soccer de la FIFA representa la cúspide de sus carreras deportivas y, por consiguiente, la competición es un asunto realmente serio.

Como se puede apreciar, no hay rastro de desenfado ni despreocupación en la cara del italiano Dario Ramacciotti mientras arenga a sus compañeros en un corrillo con el equipo antes de su partido de grupos contra Suiza.

El bramido de Ramacciotti surtió el efecto deseado contra los suizos y al final Italia llegó hasta las semifinales, pero la anfitriona, Portugal, tuvo razones para gritar más fuerte y más alto que nadie.

No en vano, los portugueses se colgaron el oro por primera vez en su historia en la final del domingo, un triunfo que coronó un torneo intenso y entretenido a partes iguales.