El fútbol está lleno de jugadores extraordinariamente dotados que, por un motivo u otro, nunca alcanzan un estrellato tan duradero como correspondería a su talento. El australiano Reg Date es uno de esos jugadores.

Date fue un personaje carismático y pintoresco fuera del campo, cuyos registros de anotación resultan bastante asombrosos. Desde sus comienzos cuando era adolescente en 1937 hasta su último partido en 1954, el delantero sumó la friolera de 664 goles en el fútbol de clubes y representando a su país.

"El mejor futbolista australiano con o contra el que jugué", ha dicho de él Joe Marston, pionero del fútbol australiano de la época, quien gozó de una prominente carrera en Inglaterra décadas antes de que algunos de sus compatriotas le imitaran.

Sin embargo, a Date, nacido en Newcastle (Nueva Gales del Sur) y fallecido hace exactamente 20 años (a los 74 de edad), ni siquiera le conocen apenas en la comunidad futbolística australiana, y mucho menos en otras latitudes.

En parte, se trata de una consecuencia de la época en la que jugaba, cuya cobertura mediática, a diferencia de hoy, era mínima. Durante ese periodo, la atención deportiva en Australia rara vez se enfocaba hacia el fútbol; una situación que persistió en gran medida hasta hace una década.

Futbolista, minero, boxeador y propietario de un bar
También en parte, es un reflejo de la personalidad de un hombre que evitaba el protagonismo, pero que también iba a su aire. Date trabajaba en una mina de carbón durante la semana y, aparentemente, era feliz jugando los fines de semana con el equipo local. Nunca se caracterizó por seguir la trayectoria más prudente y, además de ser dueño de un bar en un barrio peligroso de su Newcastle natal, cerca del puerto, tenía fama de disfrutar practicando boxeo, incluso a una edad muy madura.  

"Era un gran jugador y un gran tipo, pero vaya, podía darle por beber", explica Marston. "A los seleccionadores nunca les gustó Reggie. Era demasiado anárquico y poco convencional. No podían controlarlo".

El fútbol en aquella época podía ser tremendamente físico, y fue en ese ambiente donde prosperó el fornido Date. Pero pese a su carácter díscolo y su físico imponente, Date era famoso no sólo por su técnica y su delicadeza, sino también por ser un hombre que jugaba en equipo y con valores deportivos de toda la vida. "Nunca vi un futbolista que jugase más limpio”, señalaba Jack Mathews, redactor deportivo del Newcastle Morning Herald and Miners’ Advocate, tras la retirada de Date. “Nunca vi a ninguno más brillante, más espectacular ni más peligroso para sus rivales que Date. Date era todas esas cosas, pero siempre fue un hombre de equipo que rehuía cualquier ocasión para brillar en el plano individual".

Según algunas informaciones, Date rechazó ofertas para jugar en el Cardiff City y en el Glasgow Rangers, con lo que habría precedido en varios años a la innovadora marcha de Marston al fútbol británico. Reg Flewin, capitán de un combinado de Inglaterra que estuvo de gira por Australia en 1951, afirmó sobre Date: "Sería una estrella en cualquier equipo inglés".

Date, quien se crió en los barrios de la periferia de Newcastle, no tuvo nunca quien le entrenase cuando era un joven jugador. Su formación tuvo como telón de fondo una ciudad de clase obrera, donde las industrias locales del carbón y el acero eran las que daban más trabajo. Eso propició en parte que, en las décadas de 1930 y 1940, Newcastle fuese para muchos la cuna del fútbol australiano. El equipo local de Date, el Wallsend, era el epicentro futbolístico de Newcastle, y su campo, Crystal Palace, albergaba partidos internacionales en aquel periodo.

Date metió cientos de goles en categorías menores y, al parecer, hubo una temporada que marcó siete o más tantos cada vez que saltó al campo. El Wallsend pronto llamó a su puerta y, con apenas 16 años, Date se integró sin problemas en las vicisitudes del fútbol sénior de la obrera Newcastle.

Su inusual talento en el campo y su carácter fuera del campo enseguida lo convirtieron en un ídolo local. En ese entorno familiar prosperó y, exceptuando tres prolíficas campañas en el Canterbury (un equipo puntero de Sydney), Date pasó toda su carrera en el club de su ciudad. Durante una de sus temporadas en el Canterbury acumuló 73 goles; un récord que, seguramente, nunca será batido.

Efímera gloria internacional
Pero por desgracia, su carrera internacional fue muy breve. Aunque abarcó seis años, Date solamente jugó 5 encuentros con la selección absoluta, todos ellos durante un solo mes, en 1947. El ariete, eso sí, desplegó su excepcional talento al máximo, marcando a los 4 minutos de su debut contra Sudáfrica, hasta totalizar 8 dianas en sus 5 internacionalidades.

La II Guerra Mundial y los escasos partidos internacionales jugados por Australia fueron factores que contribuyeron a las limitadas apariciones de Date con los colores nacionales. Pero según sus contemporáneos, también lo fueron sus roces con los que mandaban…

"Era el jugador más sobresaliente de aquellos años, de eso no hay duda", comenta su paisano Frank Parsons, delantero de Australia en aquella época. “Reg no tenía pelos en la lengua. Reg no fue a ninguna de esas giras a Nueva Zelanda [1948] o Sudáfrica [1950], y debería haber ido a ambas. Debería haber sido el primer seleccionado para viajar a Nueva Zelanda.

"Pasamos juntos unas cuantas noches en Newcastle, y los dos disfrutábamos de la compañía del otro. A él le encantaba hablar de fútbol. Reg era un personaje, y ese bar suyo… Era un tipo duro Reg, la persona idónea para regentar un local", añade.

Australia ha producido numerosos jugadores destacados en los últimos años, pero los orígenes de los Socceroos se remontan al que, probablemente, fuese el más grande de todos: un minero del carbón díscolo y poco interesado en la fama, que simplemente practicaba el deporte que amaba.