Calentar banquillo debe de ser una situación muy extraña para un futbolista profesional. Algunos de sus ocupantes están recuperándose de una lesión, otros son jóvenes o jugadores marginados que ansían una oportunidad. Todos ellos observan a la espera de que se produzca la ocasión propicia, ya sea por fatiga, lesión de un compañero o por un cambio de circunstancias sobre el terreno de juego.

Sin embargo, en la mayoría de los banquillos de suplentes se sienta una figura infinitamente más compleja: el portero reserva. Sólo un minúsculo porcentaje de ellos se levantará de su asiento durante un partido si el titular se lesiona o ve una tarjeta roja, pero la gran mayoría sabe que están destinados a no moverse del asiento durante casi toda la campaña. ¿Qué siente realmente un arquero suplente?

“La gente creía que me contentaba con mi situación y no era así”, explica Steve Harper en una entrevista en exclusiva con FIFA.com. El exportero del Newcastle United pasó varios años a la sombra del incombustible Shay Given. A pesar de haber formado parte intermitentemente del primer equipo tras su llegada al club en 1993, Harper se sentó con los suplentes durante cinco años seguidos desde 2001.

“En mi opinión se trataba de decidir entre jugar 199 partidos con el Newcastle ante 52.000 espectadores, o el doble con un club menor en una división inferior”, comenta Harper. “A mí no me cabe duda: me quedo con lo que tenía en el Newcastle”.

Héroes de culto
En ocasiones, los arqueros suplentes se convierten en miembros sempiternos de la plantilla, respetados y apreciados por la afición. La dedicación de Harper se asemeja a la de los muchos porteros del mundo que han cumplido con la necesaria y bastante ingrata labor de ser secundarios.

Remy Vercoutre, actualmente titular del Caen en la Ligue 1, se convirtió en uno de esos “héroes de culto” en el Lyon, en su anterior empleo. Estuvo más de una década en Les Gones, durante el periodo más exitoso de la historia del club y conquistó cinco títulos de liga. Sin embargo, Vercoutre pasó la mayor parte de ese tiempo viendo desde la barrera el trasiego de llegadas y partidas de toda una ristra de porteros titulares. Disfrutó de alguna que otra oportunidad de reclamar el puesto para sí, pero lució el dorsal número 1 sólo en una de sus 12 temporadas en el Stade de Gerland.

“Ha sido una elección automática”, explicaba Vercoutre a La Voix du Nord en 2010 sobre su “decisión” de ser suplente. “No tenía demasiadas oportunidades interesantes [de fichar por otro equipo]. No quería correr el riesgo de enterrarme en otro club. Creo que en la entidad y en la ciudad me aprecian. He asumido plenamente dicha elección. Es cierto que juego menos partidos, pero al menos son grandes partidos disputados en estadios completamente llenos”.

Al puesto de sustituto también se llega porque la presencia de una gran estrella te aleja automáticamente del once inicial. Fue el caso de Stefan Wessels en el Bayern de Múnich entre 1999 y 2003, justo cuando el legendario Oliver Kahn se hallaba en pleno esplendor.

“Pese a que fui el segundo portero durante buena parte de mi carrera, me sentí siempre un miembro importante del equipo”, explicó Wessels a 11Freunde Magazin. “Ni qué decir tiene, Kahn hizo mucho más por el título de la Liga de Campeones [2001] que yo, pero de todas formas ese trofeo también es mío. Creo que el 99% de los profesionales envidian mi carrera”.

Raimond van der Gouw escogió conscientemente fichar por el Manchester United a sus 32 años de edad, sabedor de que la imponente presencia de Peter Schmeichel se interponía en su camino. El holandés, a pesar de que ya tenía una edad, quería aprender del danés.

“Fue magnífico conocer su preparación, su concentración, todas esas cosas que tienes que saber cuando juegas en un club grande”, declaró Van Der Gouw a StrettyNewsTV. “Al recordar aquellos años, pienso que ojalá hubiera disfrutado de más minutos, pero la verdad es que he tenido mucha suerte. Formé parte del equipo y siempre me sentí parte del equipo”.

Épocas negras, mentes fuertes
Aunque desempeñan un papel importantísimo y muy necesario para el éxito de sus clubes, esos hombres que ocupan la demarcación más solitaria del juego atraviesan momentos en los que les asaltan las dudas sobre la propia valía, momentos increíblemente difíciles.

“Pasé épocas muy negras, muy complicadas”, revela Harper sobre aquellos cinco años en los que sólo disputó dos partidos en la Premier League inglesa. “No obstante, conté con la ayuda de mi familia y de algunos buenos profesionales del club para superar esos baches y seguir adelante”.

Stuart Taylor, un portero que empezó a lo grande en el Arsenal antes de convertirse en suplente en varios clubes ingleses de primera categoría, se hace eco de las palabras de Harper.

“Claro que te sientes un marginado”, manifestó Taylor al Daily Star. “A menos que la gente te vea jugar, te sientes olvidado. Supongo que la gente piensa 'portero suplente' cuando oye mi nombre. Me duele, porque creo que tengo capacidad para hacer el trabajo a la perfección. No me metí en el fútbol para ganarme la vida entrenándome cada día. Todo portero necesita un suplente. Alguien tiene que hacerlo, pero resulta muy difícil y muy duro mentalmente”.

Conforme los porteros progresan en sus carreras, tienden a convertirse en los integrantes más veteranos del vestuario, pues muchos de ellos siguen jugando cumplidos los 40. Harper considera que la experiencia y la orientación que los guardametas pueden ofrecer a los demás miembros de la plantilla suponen una gran ventaja, y a él mismo le sirvieron para convertirse en el jugador más antiguo del Newcastle.

“Muy probablemente ayudé mucho a los porteros más jóvenes y a otros guardametas en detrimento propio”, admite Harper. “Pero todo eso forma parte de mi personalidad, de mi carácter. Puede que por eso esté destinado a seguir la carrera de entrenador y a seguir ayudando a la gente. ¿Me arrepiento de haber ayudado a los demás? No. Duermo tranquilo sabiendo que, gracias a mí, otros han empezado una carrera en el fútbol”.

La última palabra sobre la mentalidad de los porteros suplentes corresponde a José Manuel Pinto, sustituto de Víctor Valdés en el Barcelona durante el final de una trayectoria profesional cuajada de trofeos. Solían preguntarle si le importaba que otros pensaran que se conformaba con un puesto de reserva en el Barça, en vez de tratar de hacerse con la titularidad en cualquier otro club.

“No echo cuentas de lo que piensen los demás”, respondió Pinto a ESPN. “Nadie sabe mejor que uno mismo si podía haber hecho más o menos. Al final, lo de las opiniones es como lo de los culos, cada persona tiene uno, ¿no?”.