Un penal es fútbol en su estado más puro: una clarísima oportunidad de gol, que lleva intrínseca la posibilidad de cambiar el marcador o el resultado de un partido.

Como el punto penal se encuentra a sólo 11 metros de la meta, el lanzador disfruta de una importante ventaja sobre el portero en un tenso duelo singular. Sin embargo, hubo, hay y habrá arqueros que terminen siendo los grandes protagonistas, al punto que el límite entre la gloria y el drama deportivo quede en sus manos. Fue el caso de la brasileña Bárbara en los uartos de final del Torneo Olímpico de Fútbol Femenino Río 2016.

A sólo un penal convertido de la eliminación, nada menos después de que errara el suyo la gran símbolo del fútbol femenino brasileño, Marta, fue la chica de Recife quien voló arriba a su derecha para llevar la tanda al uno y uno y mantener con vida a las locales. Minutos después, con una gran mano abajo a su izquierda, hizo explotar el estadio de clasificación.

"Sabía que ese momento mi responsabilidad había crecido de golpe", dijo Bárbara después del partido. "Simente no podía dejar que [Marta] pasara por eso [el dolor de haber fallado un penal crucial]. Es una jugadora y una pesona extraordinaria. Le recé a Dios para que me bendijera todavía más y por suerte pude atajarlo"

Es fácil basar las opciones de los guardametas en la suerte, una combonación de talento y cómo cae la moneda, pero Paul Cooper es un caso claro para analizar cuánto influye la psicología. El uno del Ipswich Town, ganador de la Copa de la UEFA 1981, se lució con ocho soberbias paradas en un total de 10 lanzamientos durante la temporada 1979/80 de la máxima división de Inglaterra. ¿Cuál fue su secreto para mantener un registro de atajadas tan extraordinario?

"A decir verdad, una vez que entré en racha y paré unos cuantos penales, me forjé un reputación que los lanzadores tenían siempre en mente cuando se enfrentaban a mí. Eso me proporcionó una gran ventaja ante ellos", explicó Cooper a FIFA.com.

"Mi filosofía consistía en conseguir que el rival pusiera el balón por donde yo quería y en darle a entender que tenía mucha seguridad en mí mismo. Cuando entré en racha y atajé unos cuantos penales, los lanzadores empezaron a pensar: ‘este tipo los para todos’, y su confianza empezó a decrecer a la misma velocidad que crecía la mía".

"Eso me ayudó muchísimo. Puso la presión del lado de los rivales, porque pensaban que se enfrentaban a un portero que tenía fama de pararlo casi todo".

Psicología
Cooper habla de su récord con mucha modestia, pero al mismo tiempo su análisis redunda en la idea de que la psicología y los penales van de la mano. Los juegos mentales que entablan con los lanzadores pueden otorgar una gran ventaja psicológica a los guardametas. Dado que una tanda de penales suele marcar la diferencia entre la eliminación o el pase a la siguiente ronda en una competición, los porteros procuran hacer lo posible para que su equipo supere el trance.

Un ejemplo emblemático de esos porteros que aprovechan con gran efecto los juegos mentales se produjo durante los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2014™, cuando Tim Krul, arquero de los Países Bajos, saltó al terreno de juego desde el banquillo en la prórroga contra Costa Rica, y terminó adivinando la trayectoria del balón en los cinco penales subsiguientes, de los cuales paró dos.

No sólo la intuición ayudó al titular de la meta del Newcastle United a tirarse hacia el lado correcto en un partido de esa magnitud. El holandés reveló después que usó tácticas psicológicas para ganar la batalla mental a todos los lanzadores.

"Dije a los jugadores rivales que sabía por dónde iban a lanzar el balón un momento antes de que ejecutaran el tiro para ponerlos más nerviosos todavía", explicó Krul a FIFA.com en julio de 2014. "La última vez se lo hice a Frank Lampard. Le dije que sabía por dónde iba a tirar el penal y se lo paré. Estoy encantado de que hoy me haya vuelto a salir bien la estrategia".

Lógica
Posiblemente, una de las actuaciones más famosas de un portero en una tanda de penales fue la de Helmuth Duckadam, del Steaua de Bucarest. El rumano mantuvo la sangre fría para atajar cuatro penales consecutivos contra el Barcelona en la final de la Copa de Europa de la UEFA en 1986 y, con ello, ayudó a su equipo a conquistar su primer título europeo de la historia. Si bien muchos consideran que los penales son “una lotería”, Duckadam basó sus decisiones en la lógica, y no en el azar.

"Lo único que hice fue ponerme en las botas del lanzador", declaró Duckadam a UEFA.com. "Fue un juego de lógica. Después de parar el primer penal, el de Alexanko, me puse en el lugar del jugador rival y me imaginé que estaba pensando: 'El portero ha atajado un penal por la derecha, ¿por dónde debo tirar ahora?'.

"Normalmente, un portero se tiraría después a la izquierda, por eso opté por el lado derecho. Eso se puede ver mejor en el tercer penal, cuando estaba totalmente seguro de que Pichi Alonso pondría el balón también por la derecha, porque era lógico que, después de dos paradas por un lado, el portero se fuera hacia el otro. Por eso volví a tirarme hacia el mismo sitio".

Según, Brad Friedel, 82 veces internacional con Estados Unidos, los guardametas son capaces de actuar por instinto y leer las intenciones de sus rivales. Friedel, nombrado seleccionador del combinado sub-19 de Estados Unidos a principios de este año, seguía la técnica de estudiar la posición del pie de apoyo del lanzador para predecir por dónde iba a colocar la pelota.

"Hay detalles que puedes detectar. El mejor para mí fue siempre fijarme en dónde ponían el pie de apoyo", reveló Friedel a RTE. "Si esperas hasta el último segundo para moverte, tienes que ser muy rápido, muy potente y muy fuerte para que te salga bien".

"Por regla general, el balón seguirá la dirección hacia la que apunta el pie de apoyo. No es completamente seguro, no es una verdad científica, es instinto. Pero hay cosas que puedes detectar. La longitud y el ángulo de la carrerilla, la importancia de la ocasión, etc".

"Mi instinto me decía que, cuando un partido tenía mucha importancia, si el jugador era diestro y le veía miedo en los ojos, tenía que tirarme hacia la izquierda, porque al lanzador le resultaba más fácil meter el balón por ese lado".