El momento de la entrega de trofeos y medallas ya ha llegado a muchas partes del globo. Las competiciones de clubes están terminando y nos encontramos a las puertas de los torneos de selecciones, de modo que los vencedores son recompensados con un preciado objeto que pueden lucir orgullosos. Pero de vez en cuando estos premios toman rumbos inesperados, que suponen tanto breves rodeos como largas ausencias, o incluso acaban en manos de un asombrado espectador.

Al imponerse anoche en la final de la Liga de Campeones de la UEFA, las estrellas del Real Madrid obtuvieron una merecida recompensa a su triunfo continental, y acompañarán a Auckland City y Club América en la Copa Mundial de Clubes de la FIFA, aunque harían bien en no perder de vista sus medallas de oro. Hace cuatro años, la suerte fue lo único que impidió que dos figuras del Bayern de Múnich tuviesen que despedirse de su premio en un tiempo récord.

Unas increíbles imágenes captadas por televisión muestran el instante en que, mientras se alzaba el trofeo, la medalla de Mario Mandzukic se suelta de la cinta que la sostenía alrededor del cuello del jugador, aunque los rapidísimos reflejos de Franck Ribéry evitaron que desapareciese entre el público que se encontraba debajo. Jérôme Boateng, situado a unos metros, tuvo menos suerte, al menos en un principio.

“Todos [los compañeros] se rieron en el vestuario cuando conté que había perdido la medalla, cuando vi que tenía la cinta, pero no la medalla”, explicó Boateng. “Porque estaba gritando: ‘¿Dónde está mi medalla? ¿Quién se la ha llevado?’. Todos me miraron. Vieron la cinta sin ella. Se rieron y dijeron: ‘Pues a buscarla, hombre”.

Ya había perdido las esperanzas, al asumir que le había pasado lo mismo que a Mandzukic, aunque sin los reflejos de un francés para salvarlo. En parte se equivocaba: unas horas más tarde el periodista de Sports Illustrated Nick Zaccardi —que estaba buscando recuerdos— se la encontró en la zona cubierta de confeti donde el internacional alemán había sostenido el trofeo un poco antes. Tras unas indagaciones, el futbolista y su medalla volvieron a reunirse. Y, por sorprendente que parezca, Boateng ya había vivido una situación idéntica, en el Hertha de Berlín, aunque entonces no fue tan afortunado.

Jesper Blomqvist, del Manchester United, también tuvo que interrumpir su celebración de la Liga de Campeones en 1999 para buscar una medalla perdida entre el público. “Me asusté, pero al final apareció”, confesó. En Escocia, Kenny Dalglish necesitó a las fuerzas del orden para recuperar la suya, que al final estaba dentro de un paraguas. “Perdí la medalla de campeón [de la Copa de Escocia de 1977] en medio de las celebraciones, cuando se me cayó de la caja”, cuenta. “Menos mal que un policía la encontró y me la devolvió”.

Medalla por canilleras
Al otro lado del Atlántico, en Sudamérica, el genial uruguayo Enzo Francescoli llegó a ver cómo se le esfumaba su propio pedazo de historia. En 1986 no pudo conquistar la gloria con el River Plate en la Copa Libertadores, pero se desquitaría un decenio más tarde. No obstante, la noche del legendario futbolista del club argentino tuvo una mácula, ya que mientras alzaba el trofeo un hincha le quitó la medalla del cuello. ¡Delante de las cámaras!

Por suerte, la pérdida solamente fue momentánea. “En esa locura de felicidad, mientras todos lloraban y deliraban, yo estaba preocupado buscando mi medalla”, contó el dos veces mejor futbolista sudamericano del año. “Se ve que corrió el rumor, porque cuando me había metido en el túnel un muchacho me gritó desde la entrada: ‘Tengo tu medalla, pero quiero algo a cambio’. No lo podía creer. Al final le di mis canilleras, era lo único que me quedaba”.

Otra leyenda de Argentina, Carlos Bilardo, optó, increíblemente, por no aceptar su medalla de la Copa Mundial de la FIFA 1986™, debido al enfado que tenía tras recibir dos goles en saques de esquina en la final. “Tengo la medalla de subcampeón, pero no la de ganador”, dijo a FIFA.com. “Porque la regalé a alguien que trabajaba en la selección en 1986. Me arrepiento mucho”.

Treinta años más tarde, Daniele De Rossi, campeón de Alemania 2006, también dio su medalla a un compañero, aunque su caso fue especialmente emotivo. Una década después de hacerse con el trofeo, durante el funeral de Pietro Lombardi, utillero de la selección italiana, conocido como Spazzolino (“cepillo de dientes”) y fallecido a los 92 años, el centrocampista del Roma puso el preciado recuerdo conseguido en Berlín en el féretro, sin decir ni una palabra al respecto.

Todos los jugadores que van al Mundial reciben una medalla de participación. El delantero brasileño Leônidas no ganó la edición de Francia 1938, pero sí brilló con luz propia en aquel torneo, al erigirse en máximo anotador, con siete goles. El día en que hubiese cumplido los 100 años, su viuda quiso honrar dignamente su memoria. “Había pensado en poner un espacio conmemorativo aquí, en el apartamento”, contó a un periódico de São Paulo. “Una especie de ‘casa de Leônidas’. Pero no encontraba a nadie que lo financiase”. Cuando no sabía qué hacer, el Museo de la FIFA acudió al rescate. Con la ayuda de una antigua guía telefónica, y tras un viaje para visitarla, su medalla luce ahora felizmente entre los objetos más preciados de la gran cita mundialista.

Pero hay medallas que, por el contrario, han terminado en poder de desconocidos en el acaloramiento del momento. Un ejemplo muy ilustrativo fue el de José Mourinho, que lanzó la que había recibido por ganar la Premier League inglesa de 2005/06 al público del Chelsea durante los festejos. Y fue todavía más allá al hacerse con otra y mandársela también a los aficionados. “La medalla era para todos, aunque quien la atrapase tuvo suerte”, señaló. “Fuese quien fuese, tiene un recuerdo fantástico. A menos que la ponga en eBay y gane una fortuna”. No terminaron en eBay, pero sí han sido subastadas por una cifra conjunta de 38.400 libras (56.000 dólares estadounidenses).