Egipto no tiene ningún motivo para avergonzarse en absoluto de su actuación en la Copa Africana de Naciones Gabón 2017. Alcanzar la final del gran torneo de la CAF, después de siete años complicados, era algo que a buen seguro superaba todas sus expectativas. Sin embargo, la derrota sufrida ante Camerún en el partido por el título (2-1) habrá dejado un mal sabor de boca entre sus seguidores. Después de dominar durante mucho tiempo en el marcador gracias a un gol de Mohamed el Nenny en el minuto 22, los Faraones llegaron a acariciar un octavo trofeo por el que pocos hubieran apostado en la más prestigiosa competición del continente, 60 años después del primero de su historia —y de la historia a secas— en la CAN.

Fue precisamente un 16 de febrero de 1957, fecha en la que se ciñeron los laureles por primera vez, cuando los Faraones empezaron a escribir su leyenda, con la que dominan ampliamente el palmarés del continente. Ese día también nació un mito: el de Mohamed Diab al Attar, más conocido como Ad-Diba. Es, por derecho propio, uno de los grandes de la historia del fútbol africano tras anotar cinco goles en aquella cita continental, cuatro de ellos en la final contra Etiopía (4-0); y se labró igualmente un nombre como árbitro, puesto que dirigiría la final de la CAN que Ghana perdió ante la RD del Congo en 1968.

Ad-Diba nació en Alejandría en 1927 y aprendió en la escuela a jugar al fútbol, una disciplina que enseñaban dos hermanos, Sayed y Mahmoud Houda, exentrenadores del Al Ittihad. Ad-Diba ficharía también por ese club a principios de los años 40. Como delantero centro del equipo, tuvo un papel importante en el triunfo del club en la Copa de Egipto de 1948, junto a Kamal Sabbagh y Mohamed Shata, y se incorporó a la selección ese mismo año. Sería internacional durante un decenio, conduciendo a sus compatriotas a la cima de África en 1957, un año antes de colgar las botas.

El adiós a Ad-Diba
“Los partidos de la Copa Africana de Naciones 1957 son inolvidables”, confesaría él mismo casi medio siglo más tarde, refiriéndose a una CAN que por aquel entonces disputaban apenas cuatro conjuntos: Sudán, Etiopía, Sudáfrica y Egipto. “Sin ningún género de dudas, fueron el éxito de aquella competición y el entusiasmo que suscitó en Sudán, país anfitrión, lo que animó a la Confederación Africana a organizar el torneo cada dos años, y en distintos países”.

Desde entonces se han disputado treinta ediciones del certamen. El combinado egipcio se ha adjudicado siete de ellas, y ningún jugador ha mejorado su registro de cuatro tantos en la final. Y menos aún se ha reconvertido luego en un árbitro de primer nivel. “El capitán Ad-Diba no necesita más reconocimientos. Es un pionero y una leyenda en la historia del fútbol. También tuvo una carrera larga y maravillosa. Hizo cosas sin precedentes”, resumió hace poco Mahmoud Mashaly, Presidente del Al Ittihad, club al que Ad-Diba se mantuvo fiel durante toda su etapa de futbolista.

El eterno Faraón recibió este homenaje tras su fallecimiento el 30 de diciembre de 2016, pocas semanas antes de una derrota amarga de Egipto y también del aniversario de una victoria histórica para el país.