Hombres de palabra: Scolari
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En todos los trabajos de Luiz Felipe Scolari ocurre lo mismo: la cantidad de gente que comenta sus famosas y atrevidas frases es siempre directamente proporcional al éxito de los equipos que dirige.
 
Resulta difícil decir si se trata de una estrategia para desviar el centro de atención de sus jugadores o solo una muestra de su fuerte personalidad, pero lo cierto es que, a lo largo de casi 30 años de carrera, el técnico que se proclamó campeón de la Copa Mundial de la FIFA 2002 con Brasil destaca tanto por sus resultados como por sus palabras incisivas, que no dejan títere con cabeza.
 
En su habitual serie de antología de frases de grandes personajes del fútbol, FIFA.com reúne algunas de las perlas de Felipão:

“Doy un dulce al que consiga meter el balón en la portería”, tras su primer (y no muy satisfactorio) entrenamiento con la Seleção, en 2001.

“También espero enseñar a los centrales a jugar como centrales”, avalado por su condición de antiguo central, de técnica discutible pero que jugaba, eso sí, como central.
 
“El apodo ‘Felipão’ surgió por la posición en la que jugaba. Pegaba un poquito. Era... viril”, confirmando que era un central puro.
 
“Aunque falle diez veces, lo convocaré diez veces”, refiriéndose a Rivaldo, para llenar de confianza al hombre que sería fundamental en la conquista de la Copa Mundial de la FIFA 2002.
 
“Pero eso era en la época en que se ataba a los perros con longanizas”, en 2001, ante las quejas por el juego de su Seleção, menos brillante que equipos como los de 1958 y 1962.
 
“Fue un elogio para los exjugadores, no han entendido nada. Paciencia. Es una expresión de las zonas rurales de Rio Grande do Sul. Significa que el perro está tan saciado que no se preocupa por comer las longanizas que tiene en el pescuezo”, explicando, en una entrevista de 2010, la polémica frase que se convirtió en símbolo de su supuesto pragmatismo.

“Ronaldinho es el mejor del mundo, pero no es nada sobrenatural”, en 1997, acerca de Ronaldo, que por aquel entonces aún no tenía el extraordinario apodo de Fenómeno.
 
“Ya basta de jugadores-mandioca, que se quedan plantados en el medio del campo”, en 1999, insatisfecho con algunos de sus pupilos en el Palmeiras.
 
“En una competición como el Mundial, muchas veces lo que más necesitamos es un grupo, y no una sola estrella. ¿Sirve apostar únicamente por una estrella?”, en marzo de 2002, respondiendo a Romario, quien luchaba por un puesto (que no obtuvo) en el plantel que viajaría a Corea y Japón.

“Me gusta que los jugadores sepan y sientan que voy a defenderlos como un padre. Pero por otro lado, aunque ya llevo 30 años de carrera, también salto al campo como si todavía fuese un técnico de juveniles, con la misma motivación. De lo contrario, pienso que no complemento ese mensaje de protección que procuro transmitir”, en una entrevista con FIFA.com en 2010, explicando su reputación de saber relacionarse con sus futbolistas.
 
“No agredí a nadie. Tan solo defendí a mis jugadores”, después de un encontronazo con Ivica Dragutinovic en el partido entre Portugal y Serbia de la fase previa de la Eurocopa 2008.
 
“Me equivoqué. Tuve una actitud intempestiva, aunque estaba protegiendo a mi jugador, ¡como buen italiano! Me arrepentí hasta cierto punto”, en una entrevista del año 2010, rectificando su opinión sobre lo ocurrido con Dragutinovic.
 
“¿Portugal consigue la clasificación y el burro soy yo? ¿El malo soy yo?”, ante el aluvión de críticas recibidas, en la rueda de prensa inmediatamente posterior a la clasificación de Portugal para la Eurocopa 2008.
 
“Por ejemplo, Anelka, que ni siquiera estaba siendo utilizado, no se convirtió de un día para otro en el goleador del Chelsea. Ashley Cole no usaba el pie derecho, y después incluso marcó con él. Kalou, que era un jugador solo de velocidad y tenía dificultades para el regate, aprendió a regatear con una estaca. ¿La estaca estaba hincada en el suelo? Vale, pero sirvió para que después empezase a regatear a los adversarios, cosa que hoy hace. El propio Drogba, que tenía una lesión grave en la rodilla, hoy está curado gracias a mi trabajo. No solo el del departamento médico, sino también el mío, porque no acepté que jugase con molestias, y eso incluso me supuso fricciones. Pero, dentro de 20 o 30 años, cuando dos o tres estén caminando sin problemas, se acordarán de mí”, explicando, en una entrevista con FIFA.com, la situación que existía en el Chelsea antes de su destitución.
 
“Ha sido uno de los peores días de mi vida como entrenador”, tras la eliminación del Palmeiras frente a un Goiás ya descendido a la segunda división del campeonato brasileño, en las semifinales de la Copa Sudamericana de 2010, en el Pacaembu.