Cuentos para Navidad
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Estamos en unas fechas en las que nos prodigamos en buenos deseos y destilamos buena voluntad. Son fiestas especialmente sentimentales y enmarcadas en un aura mágica. Veremos películas y leeremos los tradicionales cuentos que celebran pequeños milagros navideños, con una moraleja: está en manos de todos y cada uno de nosotros hacer del mundo un lugar mejor.

FIFA.com quiere compartir ese espíritu y esa convicción de que los pequeños gestos cuentan. Así que hemos hecho una pequeña investigación para traerte algunos ejemplos de cómo el fútbol puede ser una herramienta, o el protagonista, de una historia con final feliz.

La tregua de Navidad
La I Guerra Mundial fue una lucha de trincheras. La dureza de un conflicto bélico y el frío del invierno se hacen especialmente intensos lejos de la familia en la Nochebuena. En aquella noche de 1914, en el bando alemán de Ypres (Bélgica) se vislumbraron algunas luces. El ejército británico contuvo el aliento temiendo un ataque inminente pero, en lugar de sonido de balas, se oyeron las conocidas melodías de los villancicos. Con cautela, los soldados de ambos sectores salieron de los refugios y fueron acercándose.

El territorio entre trincheras, la conocida como tierra de nadie, se llenó de ‘enemigos’ que compartieron lo poco que tenían allí, y lo mucho que traían sus memorias de casa. Para culminar la confraternización decidieron disputar un partido de fútbol. Dicen que ganaron los alemanes por 2-1. Quizá quien de verdad ganó aquella noche fue la grandeza del corazón humano. Lamentablemente, tras el último ‘Feliz Navidad’, aunque pocos se sintiesen felices, se retomaron las hostilidades que durarían otros tres años.

Años más tarde, a miles de kilómetros de distancia, otra vez guerra y fútbol se mezclaron. Bolivia y Paraguay se disputaban en 1934 un trozo del Chaco. Mientras se libraba el conflicto bélico, la Cruz Roja paraguaya decidió iniciar una recolecta de fondos para atender a los heridos de ambos bandos. ¿Cómo hacerlo? Tratándose de Sudamérica, pocas acciones tienen más arraigo popular que el fútbol. Así que la organización formó un equipo que hizo gira en varias localidades argentinas y uruguayas, y sacó dinero para auxiliar en el campo de batalla. Por cierto, ¿saben quién formó parte de ese equipo benéfico? Un jovencísimo Arsenio Erico, un paraguayo que llamó la atención en seguida de los grandes clubes argentinos. Sí, el mismo que aún hoy permanece como el máximo goleador histórico del fútbol albiceleste con 295 tantos...

Un cambio de vida
Pero para demostrar la grandeza del fútbol, no es necesario irnos tan lejos. Este deporte nos puede cambiar la vida a cualquiera. O puede dar esperanza a quien la vida le haya cambiado drásticamente. Fue el caso de Rüdiger Böhm. Este instructor de esquí alemán sufrió un grave accidente de tráfico en 1997, como resultado del cual, perdió la dos piernas. Böhm tomó nota de las palabras de un buen amigo: “Esos fueron tus primeros 27 años de vida. Ahora haz punto y a parte y empieza algo nuevo”. Así que después de re-aprender a andar, Böhm se sacó la licencia de entrenador. En las clases conoció a Marco Pezzaiuoli, coordinador de la sección juvenil del Karlsruher SC, quien quedó impresionado por su deseo de superarse y le fichó para el club. Desde 2010, Böhm es entrenador del equipo sub-21 del FC Thun, con el que este año compitió en el Campeonato Juvenil FIFA/Blue Stars.

Pura solidaridad

El año 2011 ha visto sucesos dramáticos como el terremoto y posterior tsunami que asoló Japón. La reacción social no se hizo esperar y vimos innumerables muestras de solidaridad en las que el mundo del fútbol participó activamente. Lamentablemente estos casos dramáticos nos golpean periódicamente y sustituyen rápidamente a otros sucesos anteriores en la primera plana de los medios de comunicación. Así, la desgracia japonesa desplazó a un segundo plano el drama de Haití, por ejemplo.

Pero siempre hay quien recuerda y sigue apoyando, como Bryane Heaberlin. La joven portera estadounidense conoció la tragedia haitiana a través de la experiencia de una rival: la portera de Haití en el Campeonato Femenino Sub-17 de la CONCACAF de 2010 que había perdido a sus padres en el desastre. Al volver a casa, se puso manos a la obra y creó su propia fundación para recaudar fondos para ayudar a esas chicas. Logró apoyo suficiente para organizar un campamento en los EEUU con la selección sub-20 caribeña. Y sigue preocupándose por su misión “Muchos corazones, un objetivo” que recibe el apoyo de grandes figuras del fútbol femenino. Es un ejemplo más de la capacidad del fútbol para tender puentes y crear sinergias de cooperación.

Estos son solo unos pocos ejemplos de la grandeza del fútbol. ¿Conoces tú más casos? Compártelos con nosotros. ¡Que se oiga tu voz!